Opinión

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Súperdomingo electoral, en junio, o en 2027

Publicado: 08/03/2026 ·06:00
Actualizado: 08/03/2026 · 06:00
  • (I-D) El secretario general del PSOE y presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, junto al candidato del PSOE a la Presidencia de la Junta, Carlos Martínez, y la ministra de Igualdad, Ana Redondo, durante un acto público en el Palacio de la Audiencia
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Lo que parece claro es que la guerra contra Irán le ha dado una baza al PSOE y, especialmente, a su secretario general, Pedro Sánchez. Y de ahí que la idea de un súperdomingo electoral en junio, coincidiendo con las elecciones andaluzas y con un adelanto catalán, sea una idea que pueda tomar forma. Es verdad que, para que ello se produzca, se deben dar varias circunstancias, que pueden darse; pero sobre todo que la estructura binaria sobre la que se asienta esa posibilidad gane fuerza en la opción que beneficia, claro está, a Sánchez. En julio de 2023, el dilema fue ultraderecha sí o no en el Gobierno, y salió (por escasa diferencia) lo que perseguía el presidente del Gobierno; ahora podríamos estar en un escenario parecido, aunque, al no haber una acción‑reacción como sucediera hace tres años, deben coincidir otras circunstancias.

Más allá de las citas electorales fijadas y las que pudieran venir, a mi juicio deben darse otros inputs: el primero, un buen resultado del PSOE en Castilla y León, que mejore resultados y lo acerque a la primera posición; segundo, un desenlace en Extremadura, bien con la reelección de María Guardiola con unas condiciones leoninas impuestas por Vox, bien con una repetición electoral; y tercero, y no menos importante, una escisión en Vox que dé lugar a una tercera opción en la extrema derecha. No es factible a día de hoy, pero visto lo de Antelo y Ortega Smith de esta semana, podría darse, al menos con el tiempo.

Todas estas claves deben traducirse en las encuestas, con un hilo conductor que es el que busca Sánchez: que el grito de “No a la guerra” movilice al PSOE, pero sobre todo a su izquierda, y que acelere la candidatura sustitutoria de Sumar (con o sin Galapagar SL). Que ese proyecto se consolide, con Rufián o no, es clave en las circunscripciones que eligen cinco o menos diputados. No preocupa ni en Valencia ni en Zaragoza: en el PSOE ya detectan que la izquierda no soberanista (caso de Compromís o Chunta) empieza a dar síntomas de cierta recuperación. El gran dilema es cómo encajar al resto de la izquierda en esas candidaturas.

Si el pulso del No a la guerra se mantiene o va a más, y la estructura a la izquierda del PSOE se consolida con nuevos perfiles, Sánchez se lo pensará, pero siempre bajo un prisma: irá al todo o nada. No le queda otra tampoco. Todo lo que sea ceder un gris es una derrota; un adiós y un congreso extraordinario del PSOE.

Las claves de Andalucía y Cataluña (reparten 110 escaños en el Congreso) están claras: el PSOE moviliza más en generales en esas autonomías y, por tanto, hacer coincidir la cita electoral nacional con la autonómica les reporta ciertas garantías. Puede difuminar una derrota andaluza con un buen resultado y puede dar más margen en Cataluña en un escenario con debate nacional, donde Aliança Catalana podría quedar difuminada (todo lo contrario si la consulta electoral es estrictamente catalana).

Ese dibujo está sobre la mesa, por mucho que la Moncloa lo niegue. Pero ya se sabe que lo que ronda por la cabeza de Sánchez es impredecible. Solo se lo planteará si la disyuntiva es blanco o negro, y si puede aspirar a cierta ventaja, claro está.

La política son oportunidades. A veces salen bien, a veces mal. Pero lo que parece claro es que a Sánchez se le plantea ahora una, Trump mediante. Si no lo aprovecha ahora, la otra opción puede ser otra vez mayo de 2027, coincidiendo con las autonómicas o locales, pero debe haber una oportunidad evidente. Además del escenario internacional, igual de cambiante que el nacional, las relaciones PP‑Vox serán otro indicador. Feijóo y Abascal están condenados a entenderse; la cuestión es saber el precio que está dispuesto a asumir el PP. Lo que parece claro es que el modelo Juanfran Pérez Llorca (que valió para la Comunitat Valenciana) ya no sirve; Vox es más exigente porque la ultraderecha quiere una enmienda a la totalidad al sistema autonómico, al pacto verde europeo, a la política migratoria y al nuevo orden internacional.

Y si no hay ventana de oportunidad ahora en junio, por las razones que fuere (la guerra se desvanece y no moviliza; la izquierda de la izquierda no fructifica; hay pacto en Cataluña, etc.), la próxima será la de mayo de 2027, tras un año de silencio sepulcral. Podría darse otro súperdomingo electoral si hay argumentos para ello. Y no le vendría mal del todo al PSOE, sobre todo en aquellas autonomías donde no acaba de despegar (véase la propia Comunitat Valenciana). Pero sería una opción casi a la desesperada. Y si no, ya iremos al escenario que viene contando Iván Redondo todos los lunes en La Vanguardia: septiembre de 2027, que es donde llega el límite legal para celebrar las generales de este mandato. Ahora bien, no hay que descartar la coincidencia de mayo de ese mismo año, pero para ello Sánchez necesita que Vox esté por encima del 20% (con 77 escaños, dice Redondo) y sea una amenaza real para el PP, y que la Y griega (Cataluña, Euskadi, Sevilla y Valencia) dé muestras de fortaleza. De lo contrario, la oportunidad se esfumará. Y el resto, como se está viendo con las elecciones de Aragón y Extremadura, son habas contadas. Como dice Guillermo López, la jugada política es clarísima y plenamente lógica. Y añado, las elecciones autonómicas no tienen nada que ver con las locales/autonómicas. En 2016, Rajoy ganó dos veces después que en 2015 el tsunamí de Podemos le arrebató muchos gobiernos autonómicos al PP.

  • Manuel Pineda. Foto: AP 

P. D. El Gobierno ha decidido esta semana designar a Manuel Pineda Cuenca como nuevo subdelegado del Gobierno en la provincia de Alicante. El Gobierno —en este caso Pilar Bernabé desde la Delegación y Rubén Alfaro desde la dirección política— ha optado por un subdelegado canchero, en términos futbolísticos argentinos. Es decir, un subdelegado que defienda la acción del Gobierno y que rebata al PP, sobre todo en la comarca de la Vega Baja. No lo tiene fácil Pineda, aunque plantará batalla (tampoco la Generalitat Valenciana se está luciendo en la Vega baja). No lo tiene fácil porque el Gobierno no tiene presupuestos y es difícil vender inversiones más allá de lo que está en marcha o de lo que el departamento de Óscar Puente o Sara Aagesen puedan impulsar y sea tangible. Pero si no quiere perder el tiempo en la cuestión hídrica (el famoso Tajo‑Segura), le recomiendo que no discuta: que ponga pantallas LED en las plazas de los pueblos con las cantidades de agua trasvasada cada trimestre. Se ahorrará muchos sofocos y podrá dedicar esfuerzos a otras cosas.

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