Opinión

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El Líbano paga los platos rotos de la guerra

Publicado: 08/03/2026 ·06:00
Actualizado: 08/03/2026 · 06:00
  • Beirut, capital de Líbano.
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La acción de guerra contra Irán emprendida por Donald Trump en fiel alianza o simbiosis con Benjamin Netanyahu deja muchos daños colaterales, el primero de ellos la convulsión global en El Líbano bajo el pretexto de combatir las milicias de Hezbolá, financiadas por Irán, y que operan como un Estado dentro del Estado libanés que a todos los efectos es un Estado fallido. Me da mucho coraje que Israel esté llevando a cabo matanzas indiscriminadas que llegan a todos los distritos de Beirut, incluidos los cristianos (maronitas, armenios...). Matar por matar. Una cosa es combatir a las guerrillas que operan en el la frontera con Israel, y otras cosa es entrar a saco en todo el territorio provocando más de 700.000 desplazados.

Netayanhu está muy crecido y prueba de ello es la reforma legislativa, que ha pasado casi desapercibida, para seguir ocupando en Cisjordiana las propiedades de los palestinos sin ninguna cortapisa legal (cosa que se viene haciendo de facto desde hace años). Lo grave de El Líbano es que existe un riego de una nueva guerra civil ante el caso omiso de Hezbolá a los reiterados llamamientos que viene haciendo el presidente del país, Joseph Aoun,  para que cesen sus actividades. El Líbano es uno de los países más castigados del mundo desde que en 1975 estallara la guerra civil que se prolongó hasta 1990 y que incluyó el genocidio en 1982 (así lo calificó la ONU) cometido en los barrios palestinos de Sabra y Shatila, Beirut oeste, bajo la tutela de Ariel Sharon que luego sería primer ministro en los primeros años 2.000. 

En El Líbano ya no queda casi nada: cinco millones de habitantes; el resto, 13 millones, forman parte de una gran diáspora similar en sus proporciones a la armenia. Huyeron a Brasil y otros países latinoamericanos, Estados Unidos, Australia...

  • Pedro Sánchez. -

Es obvio que Donal Trump no ha medido las consecuencias en su ataque Irán, sin respaldo del consejo de Seguridad de la ONU, sin el apoyo ni de la Cámara de Representantes ni del Senado. No es del todo consciente del terremoto que ha originado en Oriente Medio sin disponer siquiera de la certeza de que va a haber un cambio de régimen en la teocracia iraní, más proclive a frenar el enriquecimiento de uranio, una teocracia infumable y extemporánea en la que los derechos humanos valen menos que cero, las mujeres son perseguidas por la Policía de la Moral a nada que se descuiden con el velo, y, ojo, la corrupción que devora todo el país en aras a unas élites cleptómanas que han dejado las arcas del erario en mínimos: de ahí las últimas protestas masivas del pasado mes de febrero protagonizadas por los comerciantes y a las que se sumaron rápidamente las mujeres, el mundo universitario, trabajadores,  y lo que queda de las clases medias laicas. La respuesta del régimen fue igual de rápida: tirar a matar. Como en la masacre de la plaza de Tianamen en la China comunista de 1989.

El terremoto provocado  por Trump pasa también por alentar y rearmar a los kurdos de Irán (firmes opositores al régimen de los ayatolas)  frente a los intensos recelos de Turquía por la colaboración que pudieran prestar  “sus” kurdos. Un Kurdistán libre e independiente es para Erdogán, y sus antecesores, como mentar al Diablo. Lo mismo que reconocer el genocidio armenio en la Primera Guerra Mundial.

Pedro Sánchez ha hecho bien en desmarcarse del autócrata norteamericano y en haber conseguido un apoyo mayoritario de los grandes países europeos (Francia, Alemania, Reino Unido, Países Bajos...) ante las amenazas fanfarronas de Trump de romper cualquier tipo de relación comercial con España, como si fuéramos poco menos que un “Estado gamberro”. La populista Giorgia Meloni ha seguido  los mismos pasos que Sánchez y no se han escuchado los mismos aullidos por parte de Trump con quien comparte muchas afinidades políticas.

Es probable que el “No a la guerra” de Sánchez proporcione réditos electorales al PSOE  y resto de formaciones de izquierda en los comicios generales de 2027, más aún si Trump, e Israel, se aventuran a  una intervención terrestre a pesar de las nefastas reminiscencias de Irak y Afganistán. Un “No a la guerra” parcial puesto que el Gobierno ha enviado a Chipre su mejor fragata. Y me barrunto que el veto a que EEUU use las bases de Rota y Morón de la Frontera se quede en mera palabrería. De hecho no se les prohíbe volar hasta Alemania para luego desplazarse hasta las bases norteamericanas en  las teocracias de la Península Arábiga.

Todo es extremadamente complejo. Pero sin Trump y Netanyahu viviríamos en un mundo un poco mejor. Solo un poco.

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