Esta semana, la concejala de Fiestas de Alicante, Cristina Cutanda, ha anunciado una serie de medidas para enderezar los efectos que causaron el ocio nocturno en las pasadas fiestas de Fogueres. Supongo que lo saben: un racó por foguera, adiós a los racós-discoteca, zona de ocios específicas y que éstas contribuyan a la fiesta, y aumento del censo festero para atraer a más gente joven...Cuando menos, podemos decir que el equipo de gobierno de Alicante al menos ha sabido escuchar y tomar nota de las innumerables quejas del pasado junio. No solo ya vecinos, sino colectivos económicos empresariales, como hosteleros y hoteleros, que exhibieron su indefensión, la competencia desleal y el daño reputacional que sufrieron durante esos días.
Recuerdo que por esos días dos amigos, visitantes de las fiestas de Alicante, ya me trasladaron el asombro de la dimensión y el impacto del ocio nocturno en plena zona residencial. Uno quedó sorprendido de la transformación de la calle Pablo Iglesias, en una auténtica discoteca al aire libre, y otro por la imposibilidad de pisar la teselas de la Explanada al estar convertido en un gigante racó. Del primer caso, solo puedo decir que si Pablo Iglesias era una discoteca, le faltó ver la calle Bailén; y al otro le dije: "Ven otro día a Alicante". En 2025, les Fogueres fueron, además, un festival diurno.

- La concejala de Fiestas Cristina Cutanda.
Es posible que las quejas motiven ahora los cambios que con buena intención -y ganas de acuerdo- quiere implantar la edil Cutanda coincidiendo con el año del Centenario de les Fogueres. No hay que olvidar que en 2027 hay elecciones, y conviene llegar a la cita electoral con los menos conflictos posibles. Pero las quejas venían de lejos: es verdad que no rompen la esencia de la fiesta, pero generan agravios: la libertad discrecional a la hora de conceder la explotación de suelo público a terceros genera recelos entre comisiones, dependiendo del barrio en la que se encuentro, y desequilibrios. Además de ese libertad consentida -por parte de las autoridades- de hacer cada lo que le viene en gana aprovechando el contexto de las fiestas, sin importar (o saber) si eso redunda en la mejora y la convivencia de las propias celebraciones con su entorno. Lo detalló a la perfección Rafa Burgos en una columna de opinión, y después se recogió en otra sobre las asignaturas pendientes de les Fogueres, además de lo generado en otras latitudes digitales. Me quedo con que la concejala ha sabido leer y que hay propósito de enmienda. Al menos, no quedamos señalados aquellos que cuestionamos ciertos comportamientos incívicos, o mangas anchas en algunos estertores fiestas. Estoy seguro de que la mayoría cumplen con las normas, con la esencia de la fiesta, pero en todos los sectores siempre hay que gente que se aprovecha.
La fiesta -y esta fiesta vale para todas, Fallas, Elche, Moros y Cristianos- debe saber convivir con el entorno. Son tradiciones, se respetan y se fomentan, faltaría más, pero no deben perder el equilibrio con su entorno. Viven un debate parecido al turismo en las ciudades. Fiestas y turismo generan riqueza, pero cuando superan determinados umbrales, crean afectados. En el caso de Alicante, por ejemplo, como se ha denunciado, el exceso de uno lo pagan los hoteles, en reputación. Pero el debate viene a ser el mismo. Debe haber equilibrio, zonificación del ocio, como lo debería estar en los apartamentos turísticos, y respeto por la convivencia y por los sectores profesionales que cumplen. Así que desde que aquí solo podemos desear suerte a la edil Cutanda en su (buen) propósito de poner cordura en les Fogueres. Y si lo hace será porque algo no funcionaba del todo bien, no por los enemigos o críticos de la fiesta. Quién no le gusta, normalmente, no se queda. Y si se queda porque no tiene otro remedio, pues hay que respetarle, aunque sea un poco, con o sin centenario, con o sin elecciones. Suerte Cristina.