Opinión

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VALS PARA HORMIGAS

Hogueras sin conciencia social

Publicado: 24/06/2026 · 06:00
Actualizado: 24/06/2026 · 06:00
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Un amigo a quien no he pedido permiso para citar su nombre aquí dispara unas salvas de arcabuz junto a mi oído. “La gente de la fiesta”, me dice, en referencia, claro, a las Hogueras, “no suele participar mucho en las asociaciones de barrio”. El perdigonazo no es certero del todo, pero sí impacta en los círculos concéntricos más alejados de la diana. Conozco amantes de las fiestas sanjuaninas que sí son grandes activistas el resto del tiempo. Y al menos una comisión que no se centra todo el año en diseñar su hoguera, elegir el menú del día 24 o vender lotería entre todos aquellos que escapan si pueden de la escandalosa encerrona. Pero es cierto que la diminuta masa social -un 4% de la población, si nos ponemos tan generosos con las cifras grandilocuentes como el alcalde Barcala- que invade la ciudad durante más tiempo del que debe tendría que mostrar algo más de esa esencia tan vallecana de anteponer el bienestar de los vecinos al fanatismo.

Tienen poder para ello. Ese mismo amigo me demuestra con papeles que foguerers y barraquers disfrutan de impunidad por ley. Las celebraciones se rigen por normativas de excepción, como los golpes de Estado. Y la excusa es que se prima el supuesto interés general que suscitan unas fiestas que expulsan de la ciudad a buena parte de sus habitantes. Repaso el documento, municipal, sellado, timbrado y lo que haga falta, para constatar el dato y estallo por dentro como un masclet, a pesar de que cuando escribo esto, y hoy, cuando me leen, me encuentro a más de 50 kilómetros de la Plaza de los Luceros.

Un colectivo que ata de pies y manos a un Gobierno (que, en este caso, se deja atar de pies y manos con el mayor deleite) debería aprovechar la coyuntura para exigir más limpieza en su entorno, una mayor regulación de la vivienda para sus vecinos de siempre, más parques y jardines mucho más arbolados, mejores dotaciones sociales, sanitarias y escolares en sus barrios. Pero no. A ellos les basta con engordar sus subvenciones para levantar monumentos que se caen con un soplo de aire. Son como las fuentes urbanas: toda el agua que reciben la reciclan para volver a escupirla por los caños. Tampoco toleran la crítica y siguen empeñados en extenderse como una mancha de aceite por todo el plano de la ciudad. Esté como esté. Recién estrenada o en ruinas.

Hoy se extinguirán los terremotos de Luceros, arderán las hogueras, llorarán los festeros y mañana la ciudad se levantará silenciosa y sucia. Más de diez días después de los primeros cortes de calles, la muy intocable fiesta de Alicante no habrá dejado en la ciudad más huella que los incontables lamparones que tardarán semanas en desaparecer. Los espacios públicos volverán a sus legítimos propietarios, es decir, todos, en el mismo estado en que estaban, con sus carencias, con sus averías, con sus apaños de última hora, con su historia demolida, con su falta de ideas, con todo su género expuesto en un escaparate en espera del mejor postor. Si acaso, con alguna que otra cicatriz más. Y los organizadores de la fiesta no pensarán en otra cosa que no sean las Hogueras de 2027, con ese tumbao que tienen los guapos al caminar, como canta Rubén Blades. Seguiremos sin deberles nada. Seguirán demostrando que a ellos, la ciudad les da igual.

@Faroimpostor
 

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