Piedad y conmiseración para Jesús Owono

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El apunte
Publicado: 06/11/2026 · 06:00
Actualizado: 06/11/2026 · 06:00
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CASTELLÓ. Todavía con el corazón encogido por el trágico e inesperado fallecimiento hace tres días del jugador del Tenerife, Jesús de Miguel —que este 5 de noviembre recibió cristiana sepultura en Navahermosa—, con un reciente y recordado pasado albinegro, quiero compartir algunas reflexiones dirigidas, al ruido de las redes sociales.

No estamos acostumbrados, en absoluto, a que se nos vaya una vida tan joven, apenas 30 años, en la disputa de un balón. El fútbol no es un deporte de riesgo; es un deporte de contacto, de choque entre deportistas, pero no de riesgo. Nos apenan, pero quizás no nos impactan de la misma manera, las muertes de jóvenes en el automovilismo, el motociclismo, el ciclismo, el boxeo o el esquí, donde el peligro va implícito en la disciplina. En un campo de fútbol, la muerte es una intrusa que no se concibe.

Este caso, que ha desatado una inmensa y caliente indignación social, no es más que un desgraciado, lamentable e inesperado accidente que no te permite rebobinar para evitar lo inevitable. 

Por eso, desde el dolor más profundo por la pérdida de Jesús de Miguel, me atrevo a pedir piedad y misericordia para otro "muerto", en este caso en vida: el guardameta Jesús Owono.

A diario nos enteramos de cientos, de miles de muertes en el mundo por circunstancias absolutamente absurdas e involuntarias. El destino es a veces de una crueldad incomprensible. Se nos ha ido un futbolista muy querido, y ya no hay vuelta atrás. Pero nos queda el otro destino trágico: el que se ha cebado con quien cometió la falta, el portero Jesús Owono, en la que fue, para mayor desgracia y fatalidad, prácticamente la última jugada del partido. Un cúmulo de infortunios que agrava aún más la catástrofe.

Owono tendrá su castigo deportivo. No sé si se enfrentará al de la justicia ordinaria, ni tampoco al divino. Pero el castigo humano ya lo arrastra consigo. Por eso, pido que algunos dejen de criminalizarlo

Se podrá argumentar que la entrada fue desproporcionada, temeraria o terrorífica, pero nunca que buscara arrebatarle la vida a un compañero. Owono se extralimitó con su fuerza y su potencia; cometió el gravísimo error de no pensar en esas décimas de segundo, pero nunca pudo imaginar que su desgraciada acción provocaría tanto dolor a Jesús de Miguel y a sí mismo. El fallecimiento de Jesús —ambos con el mismo nombre en una extraña casualidad— es ya su peor  condena, la penitencia más amarga y larga que cargará sobre sus hombros para siempre. 

No hace falta ser practicante de ninguna religión, sea cual sea, para entender esto. Solo hace falta un mínimo de humanidad para tener piedad y conmiseración con Jesús Owono.

Carlos Laguna, periodista y activista social

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