Soy agnóstico. En estos días de Pascua de Resurrección, no creo en la de Mónica Oltra. Me sorprenden las plegarias hacia la lideresa de Compromís. Quizá sea un nihilista que no ha escuchado la buena nueva, pero no me termina de convencer ni la candidatura de Oltra a la alcaldía de Valencia ni la aureola que se le ha colocado. No es un mesías. Es curioso, porque incluso gente ilustrada augura una batalla titánica tras el golpe de efecto de la formación regionalista al presentar a la exvicepresidenta de la Generalitat. Son demasiado optimistas.
Optimismo que no tienen en Compromís, a juzgar por su apuesta a la desesperada por una persona que, a día de hoy, está imputada. Denota la falta de talento en las filas de la formación; de haber tenido otras opciones, estoy seguro de que no habrían optado por ella. Hasta en su camarilla creo que saben que es una baza arriesgada, que todo depende de la cara en la que caiga la moneda de la "pena de telediario". No estoy hablando de la justicia, sino del criterio del mega juzgado popular que es la opinión pública. Como los sofisticados abogados que estudian el terreno de los que tienen la última palabra en el estrado, están dispuestos a polarizar más aún el ecosistema para que su candidata salga victoriosa. Pase lo que pase con Mónica Oltra, el que va a perder es el poder judicial; sea absuelta o condenada, se acusará a los mecanismos judiciales de haber obrado con mala fe, sometiendo a su Juana de Arco valenciana a las martirizantes llamas del lawfare. Compromís pertenece a la corriente de formaciones políticas que tiene escaso respeto a las instituciones de nuestro país; la papeleta electoral de Oltra es un paquete bomba para minar la credibilidad del sistema, un caballo de Troya con el que no buscan asaltar las murallas del Reino de Valencia, sino echar a Jaume I y proclamar una República.
Mónica Oltra siempre me ha parecido un bluff, una Yolanda Díaz a la valenciana. Era mejor candidato Joan Baldoví en 2023 que cuando ella fue cabeza de cartel en los pasados comicios. Compromís no bajó en las elecciones anteriores y anestesió la libido de la izquierda produciendo un gatillazo, no porque tuviera un mal candidato; descendió en escaños por los pleitos judiciales de Oltra. Ahora la quieren restituir cuando es la gran culpable de que la izquierda no esté gobernando en la Comunitat Valenciana. Ya se caerán del guindo. Sobre todo, teniendo en cuenta la tendencia de la izquierda a la izquierda del PSOE, salvo honrosas excepciones como la de Aragón con Chunta Aragonesista y Jorge Pueyo. En Podemos van a terminar invitando a merendar a los asistentes a sus actos para que vengan a hacer bulto. En Compromís han puesto a Oltra porque no han encontrado a nadie mejor; el resto estaba de retirada en el camarote de los hermanos Marx que es la formación regionalista.
Puede que en otra época hubiese sido buena idea presentar como candidato a un perfil como Mónica Oltra, ahora ya no. Si el bipartidismo está experimentando un repunte es porque la ciudadanía está cansada de inestabilidad, de invocación de fantasmas; quieren unas instituciones sólidas, no casas encantadas en las que se escuchen cacofonías y los cimientos temblar. Por eso gobierna el PSC en Cataluña doblegando al nacionalismo y el PSOE está fagocitando a Sumar y a Podemos en otras comunidades.
Si me equivoco, tras su calvario, tendré que meter mis dedos en la señal de sus clavos.