El lunes se cumplirán 15 días de la huelga educativa en la Comunitat Valenciana. Y, pese a las tortuosas negociaciones, no hay acuerdo. Y tampoco se vislumbra que el martes quede resuelto el cisma y, por tanto, la vuelta a la normalidad. Durante estos 15 días, hemos asistido a intentos de negociación, algunos serios, otros no tanto, a provocaciones por parte del PPCV y a amagos de dimisión, incluso dimisiones de cargos directivos. En el fondo, mi impresión, como dije hace 15 días, es que las partes han estado más preocupadas por el relato que por el acuerdo. La Conselleria de Educación ha querido que la cuestión quede resuelta en la arista salarial y dejar las otras reivindicaciones en un segundo plano. Y la conclusión que saco de estas dos semanas es que los dirigentes del PPCV no acaban de entender que no solo va de sueldos; va de un servicio público, la educación, que no funciona bien y al que hay que buscarle una solución que incluya todas las mejoras posibles.
Conseguir un acuerdo que satisfaga al 100 % de las pretensiones va a ser muy difícil. Pero bien haría el PPCV en escuchar a los maestros y profesores de base y conocer el primer nivel de hartazgo que hay en determinadas cuestiones. Insisto: ratios altas (fruto de la nueva población instalada en la Comunitat Valenciana), bajas no cubiertas, hiperburocracia, instalaciones deficientes, adaptación climática de los centros... y sueldos. ¿Que los sueldos vienen de lejos? Sí. Pero no se puede estar mirando el retrovisor para no buscar soluciones. El problema ha explotado ahora, pero no es una casualidad: viene de lejos. En la Conselleria de Educación estaban advertidos: los docentes vienen convocando, con más o menos éxito, jornadas de huelga y protestas y, en muchos casos, con el respaldo de los padres.
La circunstancia que hace que esta huelga sea distinta es que los colegios e institutos están abiertos. El seguimiento de la huelga ha tenido altibajos, pero sí que ha conseguido un alto grado de movilización. De haber sido con los centros cerrados, les aseguro que la cuestión ya estaría resuelta. Pero mientras genera problemas leves —los padres tienen un sitio donde dejar a sus hijos— y el panorama político nacional tiene nuevos debates —solo faltaba la imputación de Zapatero y ven que el enemigo se desangra —, pues la pelota va y viene, y nadie busca soluciones.
Creo que en estos 15 días una cosa ha quedado clara: la excusa del salario ya no cala. Los profesores quieren el incremento salarial —que lleva 19 años congelado—, pero creo que necesitan las garantías de que las bajas se van a suplir con más celeridad; necesitan un horizonte claro sobre la bajada de las ratios; la simplificación, que parece que ha llegado a partes de la administración, pero no a Educación, y poder aplicar pedagógicamente aspectos con la que forjaron su formación, como el valenciano, que ha sido borrado de un plumazo sin saber las razones, como si de un tema tabú se tratara.
Entramos en la tercera semana de la huelga. Nadie entendería que no lo intentaran, y echando más horas, e intentando lograr avances en todas las cuestiones, no solo en la salarial. Pero, sobre todo, teniendo en cuenta que se trata de mejorar un servicio público, básico y universal —que se sufraga con los impuestos de todos— que, a tenor de las protestas, no funciona como debiera. O lo bien que debiera. Mientras no se enfoque así, seguirá el troleo, como estos 15 días. Lamentablemente.