Opinión

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El fracaso de las Comarcas Centrales

Publicado: 20/02/2026 ·06:00
Actualizado: 20/02/2026 · 06:00
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Sigilosamente, casi sin hacer ruido y con gesto de no haber roto jamás un plato, el alcalde de Alcoy, Antonio Francés, oposita seriamente a convertirse en el sucesor de Atila: la hierba no vuelve a crecer por donde él pasa. En su haber figura el dudoso mérito de gobernar una ciudad industrial que sufre una incesante pérdida de fábricas, un carril bici por el que apenas circulan bicicletas, un parque tecnológico urbano sin empresas o una calle inteligente que, por no tener, no dispone ni siquiera de un sistema básico de riego para los árboles. 

Un buen ejemplo de la inaudita capacidad de Francés para arrasar cuanto toca es el Consorcio de las Comarcas Centrales, órgano que presidió entre 2016 y 2020. La entidad arrastra desde hace años una prolongada irrelevancia que lastra seriamente las opciones de desarrollo de un territorio formado por ocho comarcas de Alicante y Valencia, con más de medio millón de habitantes. El potencial, solo con ver los grandes datos, es indudable. 

El consorcio nació a finales de los años noventa del pasado siglo con el objetivo de vertebrar el territorio y fomentar el desarrollo socioeconómico de un espacio que abarcaba desde las industriosas comarcas de La Vall d’Albaida, L’Alcoià o La Costera hasta las turísticas de La Safor y La Marina Alta. El reto pasaba por consolidar una potente área económica ante el riesgo de quedar a la deriva entre dos grandes polos urbanos: Valencia y Alicante-Elche. 

Sin embargo, el organismo pronto se reveló como un instrumento de simbólico contrapoder frente a la Generalitat presidida por el todopoderoso Eduardo Zaplana. Los municipios gobernados por el PSOE utilizaron el consorcio para desgastar al Consell del PP. Esta dinámica se mantuvo hasta que otro ilustre dirigente popular, Alfonso Rus, accedió a la presidencia y sumió a la entidad en una suerte de coma inducido. Desde el primer momento quedó claro que al PP nunca le interesó realmente el proyecto. 

Tras la defenestración de Rus, propiciada por su insólita afición a contar dinero en vergonzantes conversaciones telefónicas, el vacío de poder fue aprovechado por una nueva hornada de dirigentes socialistas que, en torno a 2010, aspiraban a recuperar históricos feudos del partido: Alcoy, Ontinyent, Xàtiva o Gandia. Por allí aparecían Francés, la hoy ministra Diana Morant, Roger Cerdà o Jorge Rodríguez. Articularon un frente común y, con el tren Alcoy-Xàtiva como punta de lanza, ejercieron de ariete contra una Generalitat decadente y erosionada por los casos de corrupción del PP. 

Aquellos jóvenes socialistas lograron, contra todo pronóstico, su objetivo y accedieron a las alcaldías en 2011. La supuesta reactivación del Consorcio de las Comarcas Centrales Valencianas tuvo que esperar, sin embargo, cinco años más, hasta 2016, cuando quedó en manos de Antonio Francés. Para entonces, Ximo Puig ya había alcanzado la Presidencia de la Generalitat. El consorcio, por tanto, perdía todo sentido como ariete político frente al Gobierno autonómico. Además, no era lo mismo reivindicar desde la oposición que ponerse seriamente a trabajar con la vara de mando debajo del brazo. 

Eliminado su uso partidista -pues los amigos ya ocupaban el poder y no era cuestión de incomodar al jefe-, ni Francés ni nadie se atrevió a articular un proyecto que situara en el centro al territorio, a sus habitantes y a sus necesidades. Renunciaron a que la entidad actuara como dinamizadora social y, al menos, como lobby capaz de hacer valer la fuerza de más de 500.000 personas para reclamar infraestructuras, inversiones y mejores servicios. Un instrumento, en definitiva, útil para reforzar la cohesión territorial y optimizar la redistribución de los recursos públicos más allá de las capitales. 

El fracaso fue de tal magnitud que las Comarcas Centrales carecen hoy de un plan estratégico, pese a que su elaboración se inició en 2019. En su página web, la última actualización data de 2018, todo un síntoma de dejadez y abandono. El actual presidente del consorcio, el alcalde de Gandia, José Manuel Prieto, afirmaba en su toma de posesión, ya en 2024, que el objetivo era reactivar el organismo. Una declaración que retrató con nitidez el legado de Francés, quien, pese a todo, no dudó en calificar su mandato como un éxito. 

El fiasco de las Comarcas Centrales Valencianas es la constatación de la falta de visión de una clase política incapaz de mirar más allá de ciclos electorales de cuatro años, además circunscritos al interés particular de cada reyezuelo local. Cada dirigente atiende exclusivamente a lo suyo, sin comprender la seria amenaza que acecha a un territorio que, de persistir en la descoordinación, sin orden ni concierto, corre el peligro de convertirse en un extenso y melancólico desierto. 

 

Juan Enrique Ruiz es periodista y profesor de Historia 

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