Opinión

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¿Caerá Feijóo por culpa de la Dana?

Publicado: 13/01/2026 ·06:00
Actualizado: 13/01/2026 · 06:00
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El PP es experto en hacer que lo que puede salir bien salga mal. Si hace un tiempo se decía que las elecciones no las ganaba la derecha, sino que las perdía la izquierda, hoy en día, con semejante cuadrilla de despistados, lo complicado va a ser averiguar qué partido de los que se presenta a las elecciones da menos vergüenza ajena. Se ponen en evidencia porque han perdido el norte de la moralidad. Disculpen si parezco un moralista empedernido, pero lo cierto es que, si los que gobiernan y los que aspiran a ello no terminan de convencer ni a unos ni a otros, es precisamente porque no hacen nada a derechas, o a izquierdas —no se me ofendan ustedes—. Cada semana asistimos a alguna metedura de pata de todos los personajes del realismo mágico que bien podrían protagonizar una novela de David Uclés.

​Resulta que ahora va Alberto Núñez Feijóo y se contradice en su versión ante la jueza de la Dana. El líder del PP tenía únicamente que decir la verdad, no sólo ante el tribunal —que sabe que de mentir estaría cometiendo delito de perjurio—, sino también ante los medios de comunicación. Dicen que de los gallegos no se sabe si suben o bajan; deben de ser gallegos todos nuestros políticos, porque no dicen la verdad ni al médico. Lo más grave es que están diciendo falsedades hasta esos que parecían buenos cuando los compramos. No sé si se acordarán de cuando veíamos a Feijóo desde su Galicia natal y Finisterre era el fin del mundo porque no se le escapaba nada al entonces presidente gallego. Lleva ya unos años en Madrid y el agua del Canal de Isabel II le ha debido de embotar la cabeza. No creo que sea lo que bebe, es todo culpa de las gafas. Desde que se las ha quitado es otro: nos han secuestrado a nuestro Alberto, ese de las mayorías absolutas.

 

​Resultan curiosos, por cierto, los cambios de look de los dirigentes del PP. Primero fue Pablo Casado cumpliendo la mayoría de edad política dejándose esa barba y dejando atrás sus barbilampiñas y erráticas estrategias para llegar a la Moncloa. Ahora tenemos a su sucesor sin las lentes progresivas puestas; lo bueno es que le puede decir a la jueza de Catarroja que lo que dijo antes sobre las informaciones de Mazón lo había confesado cuando tenía sus antiguas gafas, que ahora es una persona completamente distinta. Sería algo así como cuando la exvicepresidenta Carmen Calvo distinguió a Pedro Sánchez de las navidades pasadas a las presentes, en las que ya era presidente.

 

​Desde el PSOE piden la dimisión de Feijóo por haberse contradicho en sus declaraciones sobre la comunicación con Mazón el día de la Dana; si cada vez que un ministro de Pedro Sánchez o el propio presidente del Gobierno tuviera que dimitir cuando dice una mentira, no quedarían ni sillones en la sala del Consejo de Ministros. Nos mienten los del PSOE y nos mienten todos. Además, es que lo hacen de forma patológica, compulsivamente. Lo gracioso es que no piden ni disculpas por sus propias contradicciones. Si en otros países se ha llegado a dimitir por meros errores administrativos, aquí en España tenemos unos dirigentes que mienten todas las semanas y siguen en su puesto. No transmiten confianza. Sinceramente, que Feijóo diga una cosa y la contraria sobre su conversación epistolar con Mazón no me deja tranquilo, pero es que los renuncios constantes en los que se pilla a otros miembros de diferentes siglas tampoco me quitan la preocupación.

 

​El nivel de nuestra clase política se percibe en el uso que hacen de las nuevas tecnologías. Puedo entender que a veces lo más cómodo es mandar un WhatsApp, que a todos nos da cierta pereza coger el teléfono y marcar un número. Sin embargo, no me deja de sorprender que Pedro Sánchez tuviera conversaciones delicadas con sus ministros vía WhatsApp o que Feijóo y Mazón no fueran capaces de coger el teléfono para llamarse en un momento tan delicado como en el que estaban muriendo cientos de personas. Lo que mató de esa charla millennial fue el uso del apelativo "presi" por parte del expresident de la Generalitat a su jefe orgánico. Mejor no hablamos de los insultos bíblicos que les dedicaban Ábalos y Sánchez a sus compañeros de filas.

 

​Llámenme anticuado, pero no veo normal que dirigentes políticos a los que se les atesora cierta calidad intelectual y moral se pongan a hablar de lo divino y de lo humano a través de WhatsApp. El comité de expertos del Covid-19 era un grupo de WhatsApp, ¿qué se apuestan?

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