Opinión

Opinión

Ábalos: comilona de 332 euros con ostras y centollos

Publicado: 04/01/2026 ·06:00
Actualizado: 04/01/2026 · 18:50
  • Archivo - El exministro de Transportes José Luis Ábalos
Suscríbe al canal de whatsapp

Suscríbete al canal de Whatsapp

Siempre al día de las últimas noticias

Suscríbe nuestro newsletter

Suscríbete nuestro newsletter

Siempre al día de las últimas noticias

En su etapa de secretario general del PSOE, de junio de 2017 a junio de 2021, José Luis Ábalos, también ministro de Fomento, se infló a comilonas solo o en compañía con cargo al partido, entre Madrid y València. Es decir con dinero parcialmente público ya que los partidos se financian con aportaciones del Estado, en función de sus resultados electorales, además de las cuotas que aportan cargos públicos y militantes, y las donaciones de empresas (un tema opaco donde los haya). Tal vez no se infló del todo si acudió a restaurantes de la llamada “nouvelle cuisine”, término ya en desususo, donde uno puede salir con ganas de zamparse dos huevos fritos con chorizo.

 

La factura 'top' fue de 332 euros en un menú que incluía ostras y centollos, según una auditoría interna que está llevando a cabo el propio PSOE con inspectores amigos y en el contexto de intentar demostrar que no ha habido financiación ilegal. No me ha quedado claro si había más comensales en el festín. Con este tipo de hazañas, Ábalos, 66 años, ha venido a corroborar su mentalidad de nuevo rico. Nuestro protagonista es diplomado de Magisterio aunque solo ejerció como tal por un periodo de tres meses en un colegio de Cuart de Poblet. Dudo que un profesor de primaria se pueda permitir el capricho de semejante comilona, salvo, pongamos por caso, un 25 aniversario de boda. 25 o 50. Es evidente que nuestro protagonista ha vivido toda su vida de la política. Y como él, tropocientos mil 'ábalos' repartidos por toda la geografía nacional, PSOE y PP mayormente.

 

El ex ministro de Fomento, ahora en prisión, ha entendido la política como una forma de “ser y estar”: confortablemente y sin ningún tipo de penurias, incluso pagando con dinero espurio, muy espurio, a algunas de sus novias: 2.700 euros de alquiler mensual para Jésica Rodríguez en pleno centro de Madrid gestionados por  Víctor de Aldama y Koldo; y cobrando, Jésica, 44.000 euros durante dos años por trabajar en dos empresas públicas dependientes de Fomento, aunque nadie la vio en su puesto; es decir sin pegar palo al agua. Qué morro: el de Ábalos. He dicho dinero espurio pero no: dinero proveniente de la trama de corrupción que urdió el ex ministro en compañía de los citados y de Santos Cerdán. Este último y Koldo ensombrecen la proyección política de Navarra, y de su presidenta María Chivite que lleva meses en modo “yo no sabía nada” aunque hace un mes cesó al director general de Obras Públicas por el asunto de los túneles de Velate, adjudicados a una empresa en la que participaba Santos Cerdán, ahora en libertad vigilada.

 

Aún con todo, lo de los 332 me parece obsceno: una metáfora perfecta de politicastros que no tienen ni un ápice de ética ni de estética. Una especie de golferío, muy extendido, que corrobora la máxima de que muchos están en política para forrarse y vivir a cuerpo de rey. Los partidos políticos tienen la absoluta obligación de poner coto a determinados desmanes que no hacen más que denotar en muchas ocasiones lo que viene parejo: la corrupción. Y luego nos quejamos del ascenso de los ultras.

 

Ni aunque me tocara la bono-loto me gastaría yo semejante pastizal en un lunch de tal cuantía. Bien es cierto que no soy un gastrónomo exquisito. Me apaño con una ensalada creativa y un arroz con verduras, o de conejo. O un bote de alubias. Y si estoy muy perro, una lata de sardinas y un caqui. Tan ricamente, y combatiendo contra el colesterol.

 

Y tampoco es cuestión de ponerse rácanos ni torquemadas: no es plan que el presidente del Gobierno o un ministro inviten a un mandatario internacional en el bar de la esquina, con el ruido de máquinas de juego, con olor a fritanga, y con un menú de 18 euros. No. No vivo en la inopia. Vivo, eso sí, contra la corrupción y contra la la extensa legión de aprovechados que pululan por la política con más cara que espalda.

 

Me viene al recuerdo el ex alcalde de Elche Diego Macià  y una comida con todo el grupo municipal del PSOE, años 90. Una edil se pidió champán del caro/caro y Macià ni corto ni perezoso le endosó la factura del cava a la concejala, ya fallecida, que se quedó con la cara a cuadros y rayas. Pues eso.

Recibe toda la actualidad
Alicante Plaza

Recibe toda la actualidad de Alicante Plaza en tu correo