Cuentan que el bambú japonés pasa siete años sin crecer ni un solo centímetro sobre la tierra. Durante ese tiempo, parece que no ocurre nada, a simple vista no se ve, pero bajo el suelo están naciendo raíces profundas, fuertes, preparadas para sostenerse cuando llegue el momento. Y cuando lo hace, cuando aparece en la superficie, alcanza los treinta metros en apenas seis semanas. Así es la constancia: silenciosa, invisible, pero imparable.
Y es que, en este mundo líquido queremos resultados inmediatos sin darnos cuenta de que constancia y rapidez no producen los mismos resultados ni sirven para alcanzar los mismos objetivos. En AEPA llevamos casi treinta años corriendo una carrera de fondo, mimando esas raíces, creando una red de mujeres empresarias, profesionales y directivas que demuestran que el mundo económico también tiene rostro femenino. Mujeres que no piden permiso, que confían en sí mismas y que siguen adelante, aunque el entorno sea incierto.
Vivimos en tiempos de vértigo, donde parece que solo vale lo inmediato, lo viral, lo cuantificable, lo bonito. Pero el verdadero liderazgo, ese que cambia las cosas, se gestiona a fuego lento. No despreciemos la capacidad de inspirar, de mejorar el entorno y de sostener a otros cuando todo tiembla. Siempre he creído que los pilares del liderazgo que necesitamos hoy son tres: constancia, confianza y bondad. Constancia para resistir cuando el resultado aún no se ve; confianza para recordarnos que creer en una misma no es arrogancia, sino determinación, bondad para devolver a los demás la esencia de lo que somos. En un entorno tan competitivo como el nuestro, ser buena persona es un acto revolucionario.
Hace un mes entregamos los PREMIOS AEPA a mujeres que son ejemplo de todo esto. Jóvenes que han logrado los mejores expedientes académicos con esfuerzo, empresarias que han creado empleo en sus territorios, profesionales que han exportado talento rompiendo estereotipos y líderes que han transformado sus sectores incorporando innovación, sostenibilidad e igualdad. Cada una con su historia, pero todas con algo en común: la firme decisión de no rendirse, de seguir adelante, siempre.
Y detrás de cada una de ellas hay horas arrancadas al sueño, decisiones difíciles, fracasos y dudas. Pero también una red que desde hace casi treinta años las acompaña: AEPA. Para eso nació: para apoyar, fortalecer y abrir puertas. Porque cuando una mujer avanza, también lo hace su entorno, su equipo, su ciudad. Y ese progreso se multiplica cuando lo hacemos juntas. No estamos solas. Somos más de 330 mujeres en AEPA con trayectorias variadas que creemos que se puede liderar desde la autenticidad, que podemos construir desde la cooperación y crecer desde la confianza. Somos mujeres que seguimos sembrando, aunque aún no se vean los brotes, porque sabemos que la constancia no es velocidad: es raíz, es resistencia y es visión. Y esa, precisamente, es la fuerza que sostiene a AEPA desde hace tres décadas: la de construir, juntas, una empresa con alma.