Las palabras colectivizadoras me suelen poner los pelos de punta por la sencilla razón de que totalizan la realidad social. Y reducen a las personas a mera masa anónima. No es plan ahora de reivindicar, cien veces más, la lectura de La sociedad abierta y sus enemigos, de Karl Poper, alertándonos contra el tribalismo colectivista, el mismo del que tuvo que salir por piernas por obra y gracia de la Alemania nazificada. Pues bien, allá que va la subdelegada del Gobierno en la Comunidad Valenciana, Gloria Calero, y suelta lo siguiente: "El movimiento feminista es muy reivindicativo"; a propósito del Día de la Mujer. Lo suelta ella y los sueltan muchas más. No y no. La diversidad del feminismo es infinita, tan infinita como las miles y cientos de miles de personas que nos consideramos feministas. Movimiento no, movimientos. Y en los movimientos, siempre las personas.
Todos, todas y todes podemos estar de acuerdo en la célebre máxima de Simone de Beauvoir "La mujer no nace, se hace", resumen de ese pedazo de compendio que es El Segundo Sexo (1949), base de todos los feminismos (plural) contemporáneos. Es lo que ha debido entender Julia Parra, vicepresidenta de la Diputación de Alicante y concejala de Igualdad en su pueblo, Sant Joan, al negarse a distribuir el cartel de Mónica Oltra, consellera de Igualdad, a propósito del Día de la Mujer, "Les Imprescindibles", con fotos de mujeres aguerridas, alguna con el puño en alto, alguna racializada; todas muy "empoderadas"... No voy a hacer semiótica visual del póster, que tampoco me parece tan mal, por cierto. Podía ser más plural: eso es lo que ha querido entender doña Parra, supongo, en un gesto que en el fondo tiene algo de reclamo certero: señoras feministas, también existimos las feministas corrientes y molientes. También existimos las feministas de centro-derecha y somos igual de víctimas que las demás de los efectos devastadores del hetero-patriarcado, del terrorismo machista, de la brecha salarial, del ninguneo, del "mari, deja que lo explique yo que de esto te faltan datos".
Me aburre bastante el oligopolio que han establecido los partidos de izquierda sobre el feminismo, los feminismos. Y me corta mucho escribir de ello porque tengo un buen ramillete de amigas, algún amigo también, que son femis/femis (detesto la expresión femi-nazi). Sofía, Lorena, Maribel, Puri, Modesta, no pongo apellidos por discreción...Bueno, cito a Sofía Rojo, que es muy de andar por casa y que es de las que más saben de Beauvoir, a la que introduce en sus clases de filosofía al mismo nivel, o más, que a Jean Paul Sartre, su tirano esposo (de Beauvoir). He debatido con alguna de ellas, cuando no nos oye nadie, sobre la necesidad de construir discursos más empáticos e inclusivos, menos elitistas y con menos histrionismos: y en el fondo estamos de acuerdo. Pero claro, luego leo a Irene Montero (a propósito de evitar concentraciones/manifestaciones) que "están criminalizando el feminismo" y se me vuelven a poner los pelos de punta, lo mismo que a ti, estimada Rosalía Mayor. Feminismo no, feminismos. Y encima el que "criminaliza" es el PSOE, que ha prohibido las manifestaciones en Madrid. Madre del Amor Hermoso. ¡Si de lo que estamos hablando es de evitar que se propague el virus!
No se me puede olvidar -y no se me olvida- otra perla (bienintencionada) del colectivismo, leída en El Español. El diputado socialista José Luis Soto pide en el Congreso respeto a las "personas LGTB" [sic] en el mundo del deporte e incide, especialmente, en el fútbol. Y que se paren los partidos cinco minutos cuando algunos energúmenos vomiten desde el graderío expresiones homófobas. Un aplauso para don Soto, quien ha hecho el cálculo de que hay 146 futbolistas "de este colectivo". ¡Ay¡ Colectivo no, colectivos; y por encima de los colectivos, las personas. Habrá 146 gays con 146 realidades, 146 singularidades, 146 maneras de entender la vida. A veces he llegado a escuchar expresiones como "el colectivo de mujeres". Las mujeres son una realidad demográfica, no una manada unidimensional.