XÀBIA.- Por sus salones pasó la flor y nata de la sociedad valenciana, madrileña, vasca y española. En sus muros resuenan aún conciertos de Julio Iglesias, Carlos Santana y Bertín Osborne. Sus dos señoriales salones, presidido uno de ellos por una enorme chimenea interior, que servía de barbacoa en invierno, acogieron numerosos eventos sociales y las bodas más selectas de la Marina Alta. En una de sus pistas de tenis, la número 2 (la central), aún se conserva la placa de tosca que se puso cuando la inauguró Manolo Santana, allá por 1970. Así era el Club Social La Guardia posteriormente reconvertido en Club Social el Tosalet de Xàbia.

- Piscina de la urbanización El Tosalet. Foto Gabriel Clauteaux
Nació como una extensión de la urbanización promovida a finales de los años 60 por doña Julia Jiménez-Muro Sáez a finales de los años 60. Un espacio creado, según destaca José Font en su investigación ‘Jávea en la época de Franco’ “como una extensión de los míticos locales de Madrid” y se convirtió en un “lugar idóneo para reencontrarse con familiares y amigos, entorno al juego, la música y los negocios, entre copa y copa, durante las noches de verano”.
Tan relevante fue su inauguración que contó con la presencia del entonces ministro Manuel Fraga Iribarne y el Noticiario Documental (NO-DO) dio buena fe de ello. Era el punto de encuentro de los casi 700 propietarios de viviendas durante los periodos vacacionales, contaba con una piscina olímpica, cuatro pistas de tenis, dos de paddle, una piscina climatizada, cuatro pistas de squash, zona de sauna y hasta una capilla, recuperada en sus últimos años de apertura.
El club cerró a finales de los 90, algo más aguantó el restaurante, pero ahora, el Club Social ‘El Tosalet’ resurge con un nuevo concepto de la mano de la prestigiosa interiorista Jessica Bataille y el despacho de arquitectura de Ignacio Carbonell -ganador del concurso del Espai Sanitari de Campanar (antigua Fe)-, será el “Tosalet Health and Sports Club”.
El Club Social ocupa un terreno de unos 32.000 metros cuadrados que según el Plan General de 1990 tienen una calificación de hostelero-deportivo y tras numerosos intentos -en vano- por parte de la anterior propiedad de promover una zona residencial o diversas propuestas relacionadas (hasta una decena todas rechazadas por los técnicos municipales), ha sido este 2026, cuando Bataille ha propuesto una actuación integral tras hacerse con la propiedad hace ahora un mes. Propone recuperar todos los espacios y edificar sobre 5.881 metros cuadrados.

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Equipado con 56 unidades hoteleras
En total proyecta 56 unidades hoteleras distribuidas a lo largo de toda la parcela que se encuentra en el centro de la urbanización y que pretende integrar algunos de los históricos espacios más relevantes, como es la piscina olímpica, la zona de la antigua sauna o la del restaurante y servicios propios de la extinta urbanización.
Bataille pretende convertir -de nuevo- este espacio, según recoge en la web que ha creado para su difusión, en “un punto de encuentro físico y emocional que activa la comunidad, genera concurrencia y da coherencia a todo el ecosistema” y añade “no es solo un espacio — es un hub para vivir, donde convergen residentes, inversores, clientes y talento creativo”.

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Para poner en marcha este nuevo club social, Bataille busca inversores que aporten un mínimo de 150.000 euros, y asegura “un retorno anual del 12%”. Estos inversores podrán disfrutar del espacio una vez abierto ya que recibirán una “membresía sin coste -la cuota de admisión de 25.000 euros queda exenta, con acceso completo”.
En ese espacio virtual la interiorista ofrece diferentes documentos para respaldar el proyecto, entre los que incluye bajo demanda, eso sí, el acceso a una Due Dilligence para conocer la letra pequeña del mismo. Pero indica que hay diferentes formas de sumarse al proyecto, aparte de convertirse en inversores, a través de membresías.