Eva Blasco y Nuria Lloret advierten de que "las empresas que no tengan IA perderán competitividad"

Foro Plaza

La nueva revolución tecnológica ha llegado cuando todavía multitud de compañías aún no han completado su proceso de transformación digital y sin una conciencia colectiva sobre la ciberseguridad: "Las pymes también estamos muy expuestas"

  • Entrevista a Eva Blasco y Nuria lloret.
Suscríbe al canal de whatsapp

Suscríbete al canal de Whatsapp

Siempre al día de las últimas noticias

Suscríbe nuestro newsletter

Suscríbete nuestro newsletter

Siempre al día de las últimas noticias

VALÈNCIA. La inteligencia artificial ha dejado de ser un debate sobre el futuro para convertirse en una cuestión de competitividad empresarial. Sin embargo, buena parte del tejido productivo español (compuesto mayoritariamente por pymes y micropymes) todavía no ha completado siquiera la transformación digital sobre la que debería construir esa nueva etapa. Falta cultura del dato, conciencia sobre la ciberseguridad y formación para aprovechar unas herramientas que hace tiempo dejaron de ser patrimonio exclusivo de las grandes compañías.

Ese es el diagnóstico que comparten Eva Blasco, presidenta de CEV Valencia, y Nuria Lloret, especialista en inteligencia artificial, análisis de datos, realidad virtual y aumentada, metaverso y sistemas de colaboración digital. Ambas conversan con ValenciaPlaza sobre los retos que afrontan las empresas valencianas (extrapolable al resto de autonomías) en un momento en el que, como resume Blasco, "quien no se incorpore perderá competitividad".

La primera fotografía que hacen ambas sobre el uso de la inteligencia artificial en las empresas valencianas está lejos del triunfalismo. "La implantación sigue siendo muy baja", afirma Blasco. No obstante, matiza que la Comunitat Valenciana no está peor situada que el resto de España. "No creo que estemos en peores condiciones que otros territorios. El problema es general. La pyme española y europea necesita pisar el acelerador porque la inteligencia artificial ya no es una cuestión de futuro", indica.

  • Entrevista a Eva Blasco y Nuria lloret. -

Lloret coincide plenamente. En realidad, explica, la IA ha llegado cuando muchas empresas todavía no habían culminado su transformación digital. "Ha venido este tsunami y lo que ha hecho es aumentar la brecha de la digitalización y de la seguridad", afirma. Ese es, para ella, el verdadero punto de partida. Antes de hablar de inteligencia artificial hay que hablar de datos. "La base fundamental son los datos; después tenemos la capa de la seguridad y luego la capa de la inteligencia artificial", agrega.

Sin una información organizada, integrada y de calidad, sostiene, resulta imposible construir proyectos sólidos de IA. El problema es que muchas compañías ni siquiera conocen realmente qué datos poseen o cómo están organizados.

Empresas llenas de datos... pero mal gestionados

En ese punto, ambas se detienen en una imagen que resume bien la situación de muchas organizaciones: los "mares de Excel", una expresión utilizada por Lloret para describir la acumulación de hojas de cálculo que terminan sustituyendo a una verdadera estrategia de gestión de la información. "Estamos todos tan orgullosos de la cantidad de bases de datos que tenemos hechas en Excel...", indica Lloret. Pero esa aparente digitalización, tal y como sostiene la experta, es engañosa. En realidad, explica, existen multitud de archivos dispersos, elaborados por distintos departamentos, sin actualizar y sin conexión entre ellos. Lloret insiste en que ese modelo impide aprovechar el potencial de la inteligencia artificial. "Si los datos no son de calidad, es muy difícil establecer una política de uso y después implantar inteligencia artificial", puntualiza.

El verdadero problema no es el dinero

La conversación deriva casi de forma natural hacia la ciberseguridad. ¿El principal obstáculo para proteger mejor a las empresas? Ninguna de las dos cree que sea una cuestión económica. "Lo fundamental en estos momentos es una falta de conciencia", responde Blasco. A su juicio, empresas y ciudadanos siguen sin ser plenamente conscientes del valor de los datos que generan y comparten cada día. "Estamos regalando nuestros datos y poniendo en peligro a nosotros mismos y a nuestras empresas", apunta.

  • Eva Blasco. -

Lloret amplía esa reflexión. "Todo el mundo piensa en grandes multinacionales cuando habla de ciberseguridad, pero estamos todos superexpuestos", agrega. De hecho, recuerda que muchas brechas de seguridad no empiezan por un sofisticado ataque informático, sino por el comportamiento cotidiano de un trabajador. "Los problemas de ciberseguridad entran por personas", puntualiza.

Un móvil personal conectado a la red corporativa, una contraseña poco segura o el uso de herramientas no autorizadas pueden abrir la puerta a incidentes que terminan afectando a toda la organización. Blasco lo ilustra con un ejemplo de su propio sector y señala la paradoja de que cuanto mayor es la seguridad, más se complica el desarrollo de la actividad. O al menos así sucede en las agencias de viajes donde, explica, muchas reservas se realizan a través de plataformas externas. Cuanto mayores son las medidas de protección, más dificultades encuentran a veces los trabajadores para desarrollar su actividad diaria. "Necesitamos expertos que establezcan entornos seguros, pero también operativos", afirma.

"Esto no va a ir a menos"

Los datos internacionales tampoco invitan al optimismo. Lloret recuerda que los ataques mediante 'malware' han aumentado de forma muy significativa durante los últimos años y no cree que la tendencia vaya a cambiar. "Esto no va a ir a menos; va a ir a más", apunta. Las organizaciones criminales han encontrado en el entorno digital una vía mucho más rentable y difícil de perseguir. "La geopolítica y la globalización del delito hacen que esto sea todavía más incontrolable", señala.

  • Nuria Lloret. -

Ante ese escenario, ambas vuelven una y otra vez a la misma idea: la tecnología no basta. "La base es la formación y la sensibilización de toda la población", reiteran. Lloret pone como ejemplo Finlandia, donde existen programas gratuitos de formación en inteligencia artificial y ciberseguridad abiertos a cualquier ciudadano. Blasco coincide plenamente: "Las empresas están integradas por personas. Puedes establecer todos los controles posibles, pero si quien trabaja en la empresa no tiene esa conciencia, la brecha termina abriéndose igual".

Formar antes que improvisar

Si hay una idea que se repite a lo largo de toda la conversación es que la inteligencia artificial no puede implantarse a golpe de intuición. Ni las empresas pueden confiar en que sus trabajadores aprendan solos ni basta con incorporar una nueva herramienta tecnológica para dar el salto. "Parece que todo es muy sencillo porque todo es web, pero utilizarlo bien no es tan sencillo", resume Lloret. La especialista cree que muchas organizaciones están trasladando la responsabilidad de aprender a sus propios empleados. "Estamos derivando al trabajador a que se autoforme, y eso no puede ser", señala.

En su opinión, las empresas deben establecer protocolos claros sobre el uso de los datos y de las herramientas de inteligencia artificial, tanto por motivos de eficiencia como de responsabilidad jurídica. "Cada vez más aparece la responsabilidad por la fuga de datos. Si el trabajador no sabe qué herramientas puede utilizar o a qué información puede acceder porque la empresa nunca lo ha definido, difícilmente podrá exigírsele después esa responsabilidad", añade.

Lloret distingue además entre dos conceptos que, a su juicio, suelen confundirse. "Una cosa es difundir y otra formar", asegura. Las administraciones, las asociaciones empresariales y las organizaciones sectoriales deben divulgar las oportunidades y los riesgos de esta tecnología, sostiene. Pero la formación exige un compromiso mucho más profundo por parte de las empresas y de los propios profesionales. También rechaza uno de los lugares comunes que más se repiten cuando se habla de digitalización. "Esto no tiene nada que ver con la edad. Conozco gente mayor que no tiene ningún problema con la tecnología y gente joven que tiene muchísimos", puntualiza.

  • Entrevista a Eva Blasco y Nuria lloret. -

Blasco comparte esa visión. Considera que organizaciones como CEV Valencia deben acompañar a las empresas con acciones de sensibilización y formación básica, pero insiste en que el verdadero cambio tiene que producirse dentro de cada organización. "La inteligencia artificial es una oportunidad", insiste la representante empresarial, que indica que no sólo es así porque permita ganar eficiencia. "Aquellas empresas que no se incorporen van a perder competitividad y podrían llegar a desaparecer", sentencia.

Eso sí, rechaza frontalmente la idea de que la IA vaya a sustituir a las personas. "No va a ser la eliminación de los puestos de trabajo; se reformularán", asegura. Para la presidenta de CEV Valencia, el error sería repetir lo ocurrido durante años con otras herramientas digitales. "No podemos seguir siendo autodidactas para todo", afirma, muy en consonancia con lo expresado por Lloret antes. Recuerda que muchas empresas aprendieron a utilizar programas como Excel de manera improvisada y terminaron convirtiendo una hoja de cálculo en una base de datos. "Ahora no podemos hacer lo mismo con la inteligencia artificial. Incluso para utilizarla hay que aprender a hacer las preguntas correctas", apunta.

La escuela también llega tarde

Cuando la conversación se traslada al sistema educativo, Lloret vuelve a insistir en que el problema no consiste únicamente en introducir nuevas asignaturas. La velocidad con la que evoluciona la inteligencia artificial hace inviable enseñar herramientas concretas. "No puedes formar en herramientas; tienes que formar en conceptos", señala. Las aplicaciones cambian continuamente y las que hoy dominan el mercado pueden quedar desplazadas en cuestión de meses. Lo importante, sostiene, es que los futuros profesionales comprendan cómo incorporar la inteligencia artificial a su trabajo, independientemente de cuál sea la plataforma que utilicen.

Además, advierte de que Europa todavía no ha visto todo lo que está por llegar. "Todavía no ha entrado el tsunami de las herramientas de IA chinas", indica. En su opinión, la llegada masiva de aplicaciones desarrolladas en Asia obligará a las empresas a seleccionar mucho mejor qué soluciones utilizan. "No puedes tener veinticinco suscripciones para un solo puesto de trabajo", reflexiona.

Pero la cuestión no es solo económica. También es geopolítica. Lloret recuerda que los modelos chinos han sido entrenados con datos, valores y una cultura digital muy distinta de la europea. "Ellos trabajan con sus datos y con su entorno", sostiene. Y eso obligará a adaptar esas herramientas a una normativa mucho más garantista en materia de protección de datos. Blasco coincide en la necesidad de regular la inteligencia artificial, aunque introduce un matiz: "Europa tiende a la hiperregulación". A su juicio, proteger los derechos de ciudadanos y empresas es imprescindible, pero advierte de que un exceso de normas puede acabar penalizando la competitividad de las compañías europeas frente a otros mercados. Aun así, ninguna de las dos cuestiona el proyecto europeo. "La Unión Europea es la única vía para que Europa siga siendo un actor relevante", sostiene Blasco, mientras Lloret recuerda que España carece del tamaño suficiente para afrontar en solitario los grandes retos tecnológicos.

Convencer a una ferretería

La conversación aterriza entonces en el día a día de las pequeñas empresas. ¿Cómo convencer a una ferretería, una panadería o un comercio familiar de que la inteligencia artificial también va con ellos? Lloret no duda. "Esto no es una opción; es una necesidad", indica. En su opinión, muchas empresas siguen organizándose con una lógica propia del siglo pasado: "Hay que pasar del modelo de empresa del siglo XX al del siglo XXI". No hacerlo, advierte, supondrá perder competitividad e incluso dificultará la gestión cotidiana del propio negocio. "Cuanto antes te subas al carro, antes entenderás cómo funciona", explica.

  • -

Blasco explica que precisamente con ese objetivo CEV Valencia impulsó un estudio para conocer el grado de implantación de la inteligencia artificial en las empresas del área metropolitana. A partir de ese diagnóstico, la organización quiere desarrollar talleres breves y acciones muy prácticas dirigidas a pymes y autónomos. "Lo primero es que pierdan el miedo", señala. No se trata de hablar de algoritmos complejos, sino de mostrar cómo una panadería, un bar o una ferretería pueden utilizar herramientas sencillas para analizar ventas, automatizar tareas o ganar tiempo. Lloret añade otro argumento que considera fundamental: "El precio ya no es la barrera; la barrera es el conocimiento". La mayoría de soluciones funcionan mediante suscripción y resultan perfectamente asumibles para una pequeña empresa. Blasco asiente. "Lo importante es que visualicen qué les puede aportar", agrega.

"Las empresas son personas"

La recta final de la conversación gira alrededor del gran temor que acompaña a la inteligencia artificial: el empleo. Para Blasco, el debate suele plantearse de forma equivocada. "Las empresas son personas", afirma. Reconoce que algunos puestos evolucionarán y que determinadas tareas rutinarias desaparecerán, pero rechaza el discurso que anuncia un mercado laboral sin trabajadores. "No pensemos que van a desaparecer todas las profesiones", puntualiza.

Lloret comparte esa visión. A su juicio, el verdadero cambio consiste en desplazar el valor del trabajo desde la ejecución mecánica hacia la capacidad de análisis, creatividad y toma de decisiones. "Ahí es donde tenemos el espacio", afirma. Y entonces llega una de las frases que mejor resume toda la entrevista: "El miedo es la mejor herramienta de control". Lloret cree que buena parte de la resistencia social a la inteligencia artificial nace precisamente del desconocimiento. "Si generas miedo, la gente se queda parada", insiste. Por eso invita a mirar atrás: "En todas las revoluciones industriales se dijo que iba a desaparecer el trabajo"

Sin embargo, recuerda, la historia demuestra que la tecnología ha terminado creando nuevas profesiones y mejorando las condiciones laborales. "Cuanto más desconocimiento hay de una cosa, más posibilidades hay de utilizarla mal", asegura.

Blasco encuentra el mejor ejemplo en el sector que conoce desde hace décadas. Cuando internet comenzó a transformar la industria turística, se anunció el final de las agencias de viajes. "Se decía que iban a desaparecer todas", recuerda. Treinta años después, no solo siguen existiendo, sino que internet se ha convertido en una herramienta imprescindible para trabajar. "Sin internet hoy sería impensable gestionar una agencia de viajes", sostiene. Por eso cree que la inteligencia artificial debe interpretarse con la misma perspectiva histórica.

Recibe toda la actualidad
Alicante Plaza

Recibe toda la actualidad de Alicante Plaza en tu correo