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Del impacto de la IA a la adaptación al mercado laboral: el sistema educativo, ante los nuevos desafíos

Desayuno "Educación del futuro: personas 'más humanas' que las máquinas"

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VALÈNCIA. El desarrollo de la tecnología y la rápida evolución del mercado laboral sitúan la educación como uno de los campos con mayores retos por delante en el horizonte 2040. Los institutos, escuelas y universidades preparan a las futuras generaciones en un contexto marcado por la aparición constante de nuevos perfiles profesionales, cada vez más técnicos. Mientras tanto, las etapas más elementales debaten en torno a si las pantallas y la incorporación de herramientas de Inteligencia Artificial pueden ser aliados en el proceso de aprendizaje. Todo ello se abordó en el desayuno "Educación del futuro: personas 'más humanas' que las máquinas" que contó con la presencia de ocho expertos vinculados al ámbito educativo y tecnológico.

En el desayuno, organizado por 'Foro Plaza' en el hotel SH Valencia Palace, participaron José María Peiró, catedrático de Psicología Social de la UV e investigador; Ernesto Buñuel, fundador de Zynergic; Adolfo Plasencia, escritor, profesor y periodista de Ciencia y Tecnología; Jorge Coll, fundador de ESBS/ESAT; Daniel Alexander, director pedagógico de Secundaria de Imagine Montessori School; José Ramos, catedrático de Psicología del Trabajo y las Organizaciones (UV); Miguel Juan, presidente de Mensa; y Silvia Pérez, jefa de Personas, Cultura y Organización de EDEM.

Un mercado laboral global y en constante evolución

Coll ofreció una perspectiva global, ya que su grupo educativo tiene sede en París y decenas de campus en Europa. En esta línea, abogó por la importancia de que el alumnado sea formado con habilidades, pues en un gran número de ocasiones se están preparando "para empleos que todavía no existen". Además, señaló la importancia de ofrecer al alumnado "herramientas" para ampliar y poner en práctica las bases que les ofrece el sistema universitario.

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"Les explicamos cuáles son las palancas de cada industria y las habilidades necesarias para progresar en las mismas", señaló Coll, que recordó que los profesionales actuales "compiten en un mercado global" en el que es imprescindible conocer idiomas: "Todos nuestros alumnos, por lo menos, hablan castellano, inglés y francés".

 

Por su parte, Alexander destacó que la sociedad actual está experimentando un "cambio muy rápido", de la misma manera que la educación, especialmente a nivel escolar. Por ello, abogó por un modelo más humano que facilite la interacción entre los jóvenes, especialmente en persona, sin intermediación de la tecnología. "Los jóvenes deben poder dialogar entre ellos", añadió.

 

"En los últimos 20 años, la educación privada ha definido el privilegio en torno a la capacidad de uso de la tecnología. Creo que en los próximos 20 años, la definición se basará en cuánto puede trabajar la gente joven sin tecnología y cuánto pueden aprender las habilidades tradicionales", añadió este experto.

Adaptación a las demandas laborales

Más allá del debate tecnológico, uno de los principales caballos de batalla del sector educativo es su adaptación al mercado laboral. Ramos recordó que cada vez se demanda una adaptación más rápida a los profesionales: "Hace 30 años, las empresas tenían un periodo de socialización más o menos largo que permitía una adaptación al puesto. Hoy en día, las necesidades son mucho más urgentes y las empresas necesitan integrar a los trabajadores mucho más rápidamente", señaló.

 

Siguiendo en esta materia, Pérez aseguró que Edem se basa en estar muy cerca de la empresa, de manera que la escuela conoce qué puede aportar al alumnado según las necesidades que puedan tener las compañías del sector. "Más que un alumno que sepa utilizar todas las herramientas que existen, nos piden que tenga capacidad crítica para saber cómo usarlas y poder adaptarse lo más rápido posible a los cambios", señaló.

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Para poder cumplir con esta premisa, Edem incorpora en las aulas a la empresa con la idea de hacer "el máximo match posible entre lo que reclaman las empresas y el alumnado". Una forma de operar que beneficia a ambas partes, pues el alumnado puede estar cerca de las empresas que posteriormente puede que les contraten. De esta manera, la intención de este centro es lograr un equilibrio entre los conocimientos básicos y determinadas competencias que demandan las empresas como son la gestión del equipo, el liderazgo o la adaptación a los cambios.

El papel de la tecnología, clave en la transformación educativa

Más allá de las demandas del mercado, la tecnología juega un papel determinante en el proceso educativo. La introducción de dispositivos electrónicos y el uso de la Inteligencia Artificial en las aulas parece la lógica a seguir en los próximos años, aunque el gran debate se sitúa en torno a cómo utilizar estas herramientas en el día a día de los centros.

 

Buñuel consideró que la integración de las tecnologías en las aulas se venía haciendo "de una forma rápida e inadecuada", lo que generó "cierto rechazo". Por ello, abogó por el uso activo de las tecnologías: "Todos los alumnos saben usar TikTok, pero no las herramientas tecnológicas del aula".

 

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El fundador de Zynergic explicó que la compañía ha creado un videojuego que permite repasar los contenidos abordados en el aula, lo que consideró como una "oportunidad brutal" para trabajar competencias - como la emprendedora - que son más difíciles de abordar mediante técnicas tradicionales. Con ello, sintetizó: "La tecnología tiene que tener un espacio en el aula, pero tenemos que usarla bien para que el espacio que tiene sea realmente valioso".

La necesaria adaptación a las características del alumnado

Más allá del impacto tecnológico, lo cierto es que el campo educativo también está transitando hacia una adaptación según las características de cada estudiante concreto, algo que Juan puso de relieve durante su intervención. El presidente de Mensa no solo se refirió a una adaptación ante las dificultades de aprendizaje, sino también frente a los estudiantes con altas capacidades: "La adaptación del sistema educativo debería hacerse para todos. Al final, ningún alumno está en el centro de la campana de Gauss, por lo que el sistema educativo debe adaptarse a la realidad de cada uno de ellos". Juan contrapuso el sistema actual, que viene de la revolución industrial, con la necesidad de un nuevo marco que forme personas capaces de "entender entornos muy distintos y cambiantes".

 

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De hecho, puso el caso concreto de su compañía, donde los profesionales se enmarcan en un entorno ingenieril donde existe una escasa oferta de talento. "Damos por hecho que las personas - que contratan - tienen una formación para poder hacer ese trabajo, pero también necesitamos cuestiones que no están en los currículums, como es la capacidad de adaptación a los cambios", remarcó. A modo de síntesis, expuso: "Estos perfiles no solo deben saber utilizar la tecnología actual, sino adaptarse a la que está por venir".

La IA, un gran reto a asumir en las aulas

La rápida adaptación a los cambios también será una derivada del crecimiento de las herramientas basadas en Inteligencia Artificial, una idea que Juan deslizó durante su intervención y de la que Peiró recogió el guante para apuntar la necesidad de "un cambio de paradigma" tanto entre los profesores como en las familias. La IA y las nuevas formas de educación, según Peiró, implican un cambio de rol de los docentes. En este sentido, las nuevas fórmulas educativas dejan atrás la verticalidad del rol profesor - alumno para fomentar un mayor diálogo entre ambas figuras que fomente el aprendizaje.

 

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"Si un profesor arranca de que en su aula solo él tiene recursos valiosos ya la hemos liado. En las aulas hay mucha gente que tiene recursos valiosos y los profesores tienen que hacerla aflorar. Eso se llama cocreación y es lo que hay que desarrollar", apuntó el catedrático. Juan fue más allá de la relación entre el docente y sus estudiantes y consideró que este cambio de paradigma también debe realizarse en el seno de las propias instituciones, especialmente en las universidades: "Deben darse cuenta de que ya no son las únicas depositarias de conocimiento. Hay muchas otras fuentes de conocimiento y las universidades deben cambiar su función y pensar que son un agente más".

 

En torno a ese cambio de paradigma y la inclusión de la IA en el aprendizaje, Plasencia repasó diferentes proyectos que se están llevando a nivel mundial y remarcó que lo que más enseña al alumnado es "aprender mientras hace". En este sentido, apuntó que una parte "de la prisa y de la velocidad" en la enseñanza del alumnado responde a un interés del mercado laboral y no tanto de los estudiantes y sus familias.

 

En materia de Inteligencia Artificial, recordó que el contenido que ofrecen se basa "en probabilidad y no en certezas". Además, respecto a los chatbots, consideró que la tecnología puede ser utilizada de manera correcta o incorrecta, por lo que puede llegar a generar problemas de aprendizaje y mermar la capacidad de decisión de las personas.

 

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Juan, por su parte, consideró que la Inteligencia Artificial es una tecnología "muy disruptiva", pero, a su juicio, puede ser "una gran ayuda" si se actualiza adecuadamente y debe integrarse tanto en las aulas como en el proceso cognitivo de las personas. En todo caso, abogó por cambiar el modo en el que normalmente se está utilizando la tecnología actualmente en el aula.

 

Por su parte, Alexander consideró la IA como una herramienta "importante y poderosa" para el profesorado, aunque apuntó que la mayoría de los docentes carecen de las habilidades para enseñar a usar correctamente la IA. "Es difícil poder sacarle el máximo potencial porque los profesores no saben cómo usarla. Incluso aquellos que están tratando de enseñar a los maestros en cómo usarla no entienden cómo puede beneficiar a jóvenes y estudiantes", valoró.

 

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En cualquier caso, Buñuel consideró "cuestión de tiempo" que los profesores aprendan a utilizar la Inteligencia Artificial. “No podemos taparnos los ojos, el cambio de paradigma ha ocurrido”, señaló. Para Buñuel, la IA es una "herramienta brutal para dar respuesta a la diversidad", aunque matizó que el trabajo del docente como acompañante del alumnado debe estar en el centro de la cuestión y que la enseñanza no puede depender únicamente de la tecnología.

 

Juan explicó que uno de los grandes problemas en el uso de la IA es utilizarla "como una especie de oráculo", sin tener en cuenta que lo que ofrece son probabilidades y no certezas. "Sin embargo, utilizada de manera adecuada, puede ser una herramienta fabulosa, incluso en el desarrollo educativo", expuso.

 

Tras ello, llegó un cruce de puntos de vista entre Plasencia y Juan, pues, a juicio del primero, la IA no acelera el descubrimiento, pues, para redactar un prompt debes saber que algo existe. No obstante, Juan matizó que la IA sí puede servir para la aceleración del descubrimiento, pero no para hacer ese descubrimiento. "No va a hacer un descubrimiento original, pero puede acelerar los plazos para que podamos generar un descubrimiento", señaló.

 

Virando el foco hacia otras derivadas de la IA, Ramos explicó que el hecho de que la IA esté resolviendo ciertas tareas "aburridas" o "repetitivas" en las empresas está generando una escasez de profesionales junior con experiencia en la interpretación de datos y la resolución de estas tareas, que sirven de base para ascender profesionalmente. "Los que son junior ahora están aplicando algoritmos y nos vamos a encontrar en el futuro con una falta de seniors", apuntó.

 

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Juan, en esta línea, explicó que la necesidad de perfiles junior es cada vez más baja en su campo y consideró una buena técnica los programas de aceleración que permiten convertir en poco tiempo a estos profesionales en seniors para poder realizar tareas más complejas.

Por su parte, Pérez explicó que Edem está formando a sus profesores con especialistas para que sepan usar la IA aplicada a la enseñanza, tanto dentro como fuera de las aulas. Esta profesional abogó por que la IA se encuentre dentro de las aulas, pero sin reemplazar al docente. De hecho, consideró que estas herramientas tecnológicas pueden servir de “base” para llegar a la información, pero todo ello debe “entenderse, contrastarse y valorarse” con diferentes fuentes y un razonamiento crítico.

Ruptura del contrato social con el alumnado

Llegados a este punto del debate, Alexander planteó la idea de cómo la transformación tecnológica y de las demandas laborales llevan a cierta ruptura del contrato social de las universidades con los alumnos. En esta línea, señaló que la economía ha llevado a una eficiencia, mientras la educación se queda con una promesa a los jóvenes que no sabe cómo se podrá cumplir: "Les prometimos que si van bien en la escuela y van a la universidad, tendrían un buen trabajo bien pagado". "Nuestros graduados se están encontrando con que eso no sucede", consideró.

Generar valor en las aulas

En todo caso, la mayoría de los presentes en este desayuno coincidieron en que ante un sistema cambiante y una educación con necesidad de evolución, la clave en las aulas está en generar valor por parte del profesorado. Frente a la abundante cantidad de información, Ramos señaló que la cuestión radica en "enseñar a las personas cuál es la información importante para que sepa distinguir entre la información válida y no tan válida en cada momento".

 

"El reto más importante que tenemos ahora los educadores es cómo desarrollamos ciertas habilidades y cómo comprobamos que el alumnado sabe distinguir y aplicar correctamente la información", añadió. En este sentido, Juan puso el ejemplo de las clases magistrales, que actualmente pueden consultarse fácilmente a través de plataformas como Youtube, por lo que consideró que los centros educativos deben "asumir que esos recursos existen, incluso recomendarlos, y hacer otro tipo de trabajo en las aulas". Para Pérez, todo se resume en "generar valor dentro de las aulas" y que los estudiantes reconozcan que hay clases que "no se pueden perder" por la calidad de su contenido.

 

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Buñuel, por su parte, trasladó este concepto a las enseñanzas obligatorias y recordó que la actual ley educativa se basa principalmente en trabajar las competencias y que el alumnado adopte una posición más activa. "El problema es que la norma pide todo esto pero no da herramientas al profesorado", lamentó Buñuel, que puso de relieve que los efectos de ello pueden ser que aquellos con más recursos puedan ir cada vez mejor y el resto vayan empeorando.

 

Con todo ello, Coll destacó que el docente "tiene la obligación de ser el que conduce el vehículo, pero todos los que están en él pueden interactuar entre sí". "Cada vez hay que virar más a que sean los alumnos los que hagan solos cosas en el aula y lograr así que sea interesante ir a clase no solo por los docentes, sino por los compañeros", apostilló el fundador de ESBS/ESAT.

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