ELCHE. Mucho se ha hablado, escrito y seguido sobre el proyecto inmobiliario del sector E-16, del que se lleva hablando prácticamente 30 años, entre otras cuestiones, por la finca El Arsenal que está dentro del mismo, y que cuenta a su vez con un yacimiento arqueológico que estudios realizados en el pasado vinculan como el posible alfar de L'Alcúdia. Un sector que quedó paralizado por la Ley del Palmeral en la pasada legislatura, y que ahora se ha desbloqueado tras una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de 2023 dando la razón a los promotores, ya que en resumidas cuentas, la legislación de salvaguarda es posterior al proyecto constructivo. Ahora bien, más allá del laberinto administrativo, judicial y arqueológico, la finca tiene narra otra historia no tan conocida que está atravesada por el desarrollo del calzado en la ciudad. La finca refleja cómo una aristocracia agraria pasó a formar parte de la burguesía zapatera, personificada en un 'matriarcado industrial' que se materializó en la conocida fábrica 'Viuda de Macià'.
El relato, realizado por Alejandro Pérez-Ojeda Chuecos, tataranieto de Antonia Maciá Almela, denota que, casualidad o no, hubo, como él lo llama, "una sociedad matriarcal ilicitana en la sombra", ya que la propiedad de la finca fue durante la mayor parte del tiempo fue de mujeres. Desde que ella lo compra a descendientes de la familia Spuche Lacy, quienes entroncan con otra familia de senyors como los Roca de Togores (cuya casa nobiliaria en el casco urbano fue demolida), a través de un matrimonio, hasta sus hijas y nietas, todas fueron propietàries, que no propietaris. Así, Maciá Almela, a la postre, Viuda de Maciá (de José Maciá Mateu, el Sord), mostró por su carácter emprendedor cómo el desempeño industrial insaciable, también como fabricant, fue cosa de mujeres.
Un desarrollo ligado a varias mujeres
Así pues, y en una larga retrospectiva, a principios del siglo XX, el paisaje rural de Elche experimentó una profunda metamorfosis social y económica. Durante siglos, vastas extensiones de tierra habían permanecido concentradas en manos de aristocracia latifundista, como la familia Spuche Lacy o Roca de Togores, Marqueses de Asprillas. Sin embargo, el estallido de la industrialización alpargatera y las recurrentes sequías del campo propiciaron la fragmentación de estas propiedades y la irrupción de una nueva suerte de nueva capa social incipiente, a la que en el municipio llamaban els fabricants.

- Fábrica de la Viuda de Maciá - Cátedra Pere Ibarra
El 16 de abril de 1910, este cambio estructural quedó sellado en una escritura notarial, cuando Antonia Martínez Almela adquirió por 6.500 pesetas a los hermanos Spuche Lacy, herederos de la nobleza local, un terreno de más de 8 hectáreas en la partida de Alzabares Bajo. Fue ella a quien se atribuye el impulso real de la empresa de alpargatas fundada con su marido y que fueron mecanizando poco a poco desde su origen en la labor agraria. En aquel momento, la finca no poseía aún la casona señorial que la haría famosa, sino únicamente un modesto almacén rústico entre huertos de granados. La adquisición no respondía al deseo de explotación agrícola, sino a una nueva costumbre propia de la burguesía: erigir una segunda residencia a las afueras de la ciudad.
La transacción simbolizó la venta de las tierras de los antiguos señores aristócratas y marqueses a la emergente burguesía industrial de Elche, de la que muchos habían pasado de construir y almacenar alpargata en sus casas en el Raval a ir mudándose al centro de la ciudad o como en este caso, comprarse una segunda residencia a las afueras. Un desarrollo progresivo de la industria y económico para sus impulsores.
De la vivienda artesanal al liderazgo industrial
Paralelamente a la compra del campo, la viuda de Maciá lideró una transformación fabril relativamente sin precedentes, mostrando su empeño "insaciable", como lo denomina Alejandor por ese espíritu empresarial. La actividad familiar había comenzado de forma humilde en los almacenes domésticos del barrio del Raval de San Juan. A medida que aumentaba el volumen de negocio, la producción se trasladó a locales en la calle Filet de Fora (nº 21 y 23) y, finalmente, a una fábrica de nueva planta construida en el Hort de Candalix (hoy, el colegio). De hecho, su ubicación contigua a la estación de ferrocarril resultó estratégica para canalizar envíos masivos e impulsar el capital de exportación.

- Anuncio de la fábrica de trenzas e hilos de yute para alpagata Viuda de Maciá Sansano y Gonzálvez - Cátedra Pere Ibarra
Para no depender de proveedores externos y ascender en la cadena de valor textil, se asoció con otras viudas de industriales para fundar fábricas de hilados, tejidos y trenzados, por ejemplo Sansano y Gonzálvez. Los frutos de este modelo integrador se reflejaron en los datos de la patronal Centro Industria Alpargatera de 1913: mientras la mayoría de los talleres locales no alcanzaba los 60.000 pares anuales, la firma (Hijos de Viuda de Maciá y Compañía SL) de la viuda de Maciá se convirtió en la principal productora de Elche, con 480.000 pares de alpargatas al año en 1913, distanciándose holgadamente de sus competidores.
La edificación de la hacienda 'Antonia' y el legado matriarcal
Entre 1910 y su fallecimiento el 6 de enero de 1915, Doña Antonia mandó construir la emblemática casa rústica, rebautizando la finca rústica como 'hacienda Antonia', conocida popularmente en el ámbito local como El Arsenal, en alusión poética y coloquial al fruto de la granada que se encontraba en la finca. Al realizarse la partición de bienes en abril de 1915, la propiedad fue revalorizada en 13.555 pesetas por los terrenos y huertos de granadas y la construcción de la casa, legada en proindiviso a sus hijas ("le sobrevivieron", como menciona su tataranieto por la época, seis mujeres y cinco hijos).

- Casa señorial de la finca El Arsenal antes de su vandalización - Cátedra Pere Ibarra
A partir de ese momento, la finca mantuvo una marcada transmisión de propiedad en femenino, que es a lo que Pérez-Ojeda hace referencia con les propietàries. Su hija Asunción Maciá Martínez, la mama, fue comprando paulatinamente las partes a sus hermanos para unificar la herencia de la casa. Asunción Maciá estuvo casada con Diego Maciá Moxica, el Tá en la familia, y el ratolí fuera de casa. Empresario que participó de la corporación municipal en 1923-1926. Como relata Alejandro, quedó a partir del legado de ambos, la casa y la mayor proporción de la finca resultante de la segregación de la misma, igualmente en manos de ahora sus hijas.
Tras las escrituras de segregación de 1961 y los legados de 1980, la vivienda y las tierras colindantes de la viuda de Maciá, permanecieron predominantemente en manos de sus hijas, nietas y bisnietas.
Ya a principios de la década de 1980, la hacienda fue vendida a promotores urbanísticos, con un entorno que empezó a ser objeto de revisión de restos arqueológicos y una posterior protección por Ley del Palmeral de 2021 por tres huertos colindantes. La misma que sirvió la legislatura pasada para paralizar la construcción de 950 viviendas, y que el TSJ tumbó por ser una ley posterior a la iniciativa urbanística. La Conselleria de Cultura llegó a recurrir al Supremo, que desestimó el recurso.
Sobre la casa
Sobre la casa solariega, ya vandalizada y decadente, que llegó a estar ocupada, y que se prevé demoler, es una típica de la burguesía ilicitana, de pinturas ocres en varias partes, como se acostumbraba en el siglo XIX y hasta los años 50 del XX.Tiene la tipología edificatoria del Camp d'Elx de la mencionada época, de las que ya no quedan muchas. Asimismo, como repasaba en sus guías de arquitectura local el arquitecto Gaspar Jaén, tiene un valor extra por el vínculo con la etapa de expansión industrial de la ciudad.
Como avanzó este diario, el desarrollo inmobiliario implica la construcción de una réplica. El proyecto de urbanización que ha aprobado inicialmente el Ayuntamiento implica una réplica exacta de la misma. Como contó en su día este diario, no figura en el catálogo de protecciones, y su deterioro por el abandono ha ido a más, además de ser vandalizada y sufrir algún incendio. Se derribará para construir otra igual, lo mismo que se hizo con la casa de Las Palomas, en Elche Parque Empresarial, aquella sí protegida, aunque sin uso.
Una investigación familiar
En definitiva, aunque la casa no está protegida, representa una huella importante en la historia de la industria del calzado en la ciudad, con un valioso aspecto etnológico que ha estado trabajando Alejandro Pérez-Ojeda, tataranieto de la Viuda de Maciá, a partir de sus documentos familiares. Y que cristalizará en un artículo para La Rella, y en el que pide la protección del inmueble para su visita y contexto etnológico vinculado a la industria del calzado. Si bien es algo que caerá en saco roto por la sentencia y aprobación de la iniciativa urbanística. En cualquier caso, un importante trabajo de legado familiar e industrial que relata el papel determinante que jugaron es propietàries i els fabricants d'Elx en la modernización de la ciudad.
Sobre todo una saga de mujeres en un mundo de hombres, que desde la gestión de las grandes fábricas hasta la titularidad del suelo rural, ayudaron a articular en la sombra la transformación económica e identidad cultural del Elche del siglo XX. Y cómo a pesar de ello, no dejaron de ser conocidas como viudas de antes que por su nombre propio.