Música y ópera

CONVERSACIONES CULTURPLAZA

Stevie Jackson (Belle and Sebastian): "Éramos una banda punk aunque nuestra música fuera delicada"

Suscríbe al canal de whatsapp

Suscríbete al canal de Whatsapp

Siempre al día de las últimas noticias

Suscríbe nuestro newsletter

Suscríbete nuestro newsletter

Siempre al día de las últimas noticias

VALÈNCIA. Treinta años después de su publicación, If You're Feeling Sinister sigue ocupando un lugar singular en la historia del pop independiente. Belle and Sebastian lo interpretan ahora íntegramente en una gira que recala en València (dentro del ciclo FAR, que se celebra en Marina Norte, el 18 de julio) y que, más que un ejercicio de nostalgia, reivindica la vigencia de unas canciones que nunca han abandonado su repertorio.

Stevie Jackson, guitarrista y miembro fundador de la banda escocesa, recuerda aquellos años de entusiasmo y velocidad creativa y reivindica el espíritu irreverente con el que el grupo desafió a la industria musical británica: "Éramos punks: nadie podía decirnos lo que teníamos que hacer".

— En 1996, cuando surge el álbum de If You're Feeling Sinister, ¿cuál era vuestra mirada sobre el mundo en aquel momento? ¿Cuál era el estado de ánimo de la banda sobre el presente?
— Fue una época emocionante. Las cosas estaban ocurriendo muy deprisa. Nos reunimos para hacer Tigermilk, que en realidad era casi un proyecto puntual. Ni siquiera sentíamos que fuéramos una banda. Nos juntamos para ayudar a grabar un disco y, justo después, estábamos haciendo otro álbum casi de inmediato.

Eso era emocionante porque había una sensación de impulso, de que todo avanzaba muy rápido. Además, las canciones de If You're Feeling Sinister se escribieron en 1996 en un periodo muy corto de tiempo: si no recuerdo mal, se compusieron entre marzo y abril, se grabaron en junio, y el disco ya estaba publicado en octubre. Fue increíblemente rápido.

Mi recuerdo principal de aquella época es precisamente esa sensación de entusiasmo. Todo era nuevo, parecía que había una inercia positiva. Tigermilk había generado mucho interés y de repente era como: “Vaya, esto está pasando de verdad”. Fueron tiempos muy emocionantes.

— Siempre se ha dicho que el disco parece dirigirse especialmente a los outsiders, a quienes se sienten al margen. ¿Era una sensibilidad compartida por todos los miembros de la banda?
— No, no exactamente. Hay que entender que en aquel momento nosotros estábamos respaldando a Stuart Murdoch, que era quien escribía las canciones, y aquello respondía sobre todo a su visión. Nosotros reaccionábamos a lo que él iba creando.

Por supuesto, contribuíamos al proceso mediante los arreglos, las grabaciones y todo lo demás, pero yo también lo vivía como una especie de fan suyo. Había canciones a las que respondía emocionalmente, y todavía me ocurre (pienso, por ejemplo, en Fox in the Snow. La escuché por primera vez como una simple maqueta al piano y me impactó muchísimo. Sigue haciéndolo hoy. Es una canción muy emotiva).

Lo curioso es que cuando estás inmerso en algo, cuando formas parte de ello, no siempre tienes una visión clara de lo que está ocurriendo. Muchas cosas solo se entienden con perspectiva y mirando atrás.

Respecto a lo que comentas sobre los outsiders o sobre la empatía hacia quienes se sienten desplazados o excluidos, creo que gran parte de esa sensibilidad procedía de la situación personal de Stuart en aquel momento. Había estado enfermo durante años, padeciendo encefalomielitis miálgica, y eso le había privado de muchas cosas que la mayoría damos por sentadas: poder hacer planes, disfrutar de la vida cotidiana o simplemente tener libertad para vivir con normalidad.

Creo que muchas de aquellas canciones fueron una vía de escape para expresar todo eso; y la gente conectó precisamente con esos sentimientos y con la sinceridad de ese desahogo.

De todas formas, tampoco creo que nadie se considere realmente un insider. En el fondo, todo el mundo siente que es diferente de alguna manera. Creo que eso forma parte de la condición humana.

— Con el carácter aparentemente autobiográfico de muchas de estas canciones, ¿cómo os transformábais algo tan personal de Stuart Murdoch en una obra colectiva?
— No sé si estaría de acuerdo con definirlas como autobiográficas. Creo que son canciones construidas a partir de personajes, aunque reflejan situaciones de la vida cotidiana. Hay mucho de observación de lo cotidiano, sí, pero también mucha imaginación.

Tengo la sensación de que, especialmente en los dos primeros discos, Tigermilk y If You're Feeling Sinister, así como en los EPs de aquella época, Stuart estaba escribiendo desde distintos personajes. De alguna manera, esos personajes eran Belle y Sebastian, los protagonistas de muchas de aquellas canciones.

En cuanto a la banda, nuestra respuesta fue simplemente hacer música. Lo curioso es que no piensas demasiado en ello. Cuando trabajas en una canción, reaccionas en términos musicales: cómo arreglarla, qué puedes aportar, qué recursos tienes a tu disposición para hacer que funcione mejor.

Dicho así parece algo frío, pero no lo es. Cuando respondes musicalmente con empatía a una canción, también hay mucha emoción involucrada. Lo que ocurre es que no siempre eres consciente de ello mientras lo estás haciendo.

— No todas las bandas pueden presumir de interpretar un disco completo tres décadas después y comprobar que sigue funcionando tan bien. ¿Qué dice eso sobre el propio álbum?
— Creo que funciona muy bien como álbum. Conceptualmente es muy sólido y las canciones se encadenan de una forma muy natural. Hay un detalle bastante revelador: normalmente, cuando haces un disco, grabas un conjunto de canciones y después decides cuáles entran y en qué orden van a aparecer. Si todavía te interesa pensar en los álbumes como una obra completa —algo que en estos tiempos no siempre ocurre—, ese suele ser el proceso habitual. Nosotros siempre hemos seguido haciendo discos concebidos como álbumes, especialmente LPs, con dos caras de vinilo. Lo curioso de If You're Feeling Sinister es que el orden de las canciones estaba decidido antes incluso de entrar al estudio. Ya sabíamos cuáles iban a formar la cara A y la cara B.

Nunca he participado en un disco que estuviera tan planificado con tanta antelación. Eso demuestra que era una obra muy cohesionada y muy enfocada desde el principio. Además, la secuencia funciona realmente bien. No es un disco demasiado largo, son diez canciones. Como álbum, resulta muy satisfactorio de escuchar.

Lo he comprobado especialmente en esta gira. Desde febrero lo hemos estado tocando prácticamente cada dos noches y, al interpretarlo siempre en ese orden, uno se da cuenta de lo bien que funciona. 

— A lo largo de los años habéis regresado a este álbum en directo en distintas ocasiones: en 2005, 2016, 2019... ¿Cómo ha evolucionado esa experiencia de volver a él?
— Bueno, hay que entender que no es exactamente una vuelta al disco en el sentido estricto de la palabra. Desde 2001 hemos sido una banda que vive fundamentalmente de actuar en directo y muchas de estas canciones han formado parte habitual de nuestro repertorio durante todo este tiempo. Así que no siento realmente que las estemos redescubriendo cada vez que hacemos uno de estos aniversarios.

La mayoría de ellas llevan vivas para mí unos veinticinco años porque nunca hemos dejado de tocarlas. La diferencia ahora es que las interpretamos todas seguidas y en el orden original del álbum.

Eso es lo que me ha permitido apreciar todavía más lo bien construido que está el disco. Pero las canciones, individualmente, nunca han desaparecido de nuestra vida. Han estado presentes de manera constante durante todos estos años. Por eso no siento tanto que esté revisitando algo del pasado, sino más bien que sigo conviviendo con ello.

  • -

— A menudo has hablado de vuestra resistencia a la nostalgia. ¿Habéis conseguido también evitar que vuestro público caiga en ella?
— No puedo hablar por el público, cada persona lo vive a su manera. Pero sí creo que, para esta gira y para este año en concreto, hemos permitido que exista un cierto elemento de nostalgia. Aunque quizá la palabra adecuada sea “celebración”.

Es la primera gira que hacemos en toda nuestra carrera en la que no estamos presentando material nuevo. La primera vez. Así que la sensación es más bien: “Han pasado treinta años, vamos a salir a tocar este disco, vamos a disfrutarlo y la gente también lo disfrutará”. Quienes compran una entrada saben perfectamente lo que van a ver. Es algo muy celebratorio.

Además, nosotros seguimos tocando estas canciones habitualmente. La diferencia es que ahora las interpretamos en el orden original del álbum. Quizá el aspecto más nostálgico esté en la puesta en escena, en las proyecciones, los fondos y algunos de los materiales audiovisuales que acompañan el concierto.

No me molesta una cierta dosis de nostalgia. De hecho, curiosamente, creo que era más nostálgico cuando era joven que ahora. Cada vez me interesa más vivir en el presente. Pero tampoco puedes imponer esa visión al público. Sabíamos que esta gira iba a funcionar porque la gente tiene un cariño especial por aquellos primeros trabajos.

Dicho esto, también hemos visto a mucha gente joven en los conciertos. Quizá la banda sigue siendo descubierta por nuevas generaciones.

— A veces, cuando hablamos de nostalgia, se mezcla con la melancolía. Y no son exactamente lo mismo. En Belle and Sebastian la melancolía siempre ha estado muy presente, pero no creo que sea equivalente a la nostalgia.
— Sí, estoy de acuerdo. La nostalgia puede adoptar muchas formas distintas. A menudo tiene un componente melancólico porque remite a un tiempo que ya no existe y que nunca volverá.

Eso forma parte de la condición humana. Pero tampoco conviene quedarse atrapado demasiado tiempo en ese sentimiento. Es importante vivir en el presente, porque en realidad es lo único que tenemos. Es maravilloso estar vivo, participar en las cosas, implicarse. Por eso el presente es importante.

— Cuando el disco se publicó por primera vez apenas hicisteis promoción. ¿Cómo es estar hablando ahora del álbum cuando entonces prácticamente no lo hicisteis?
— Aquellos años fueron una locura. Una locura maravillosa, en realidad, porque estábamos recibiendo muchísima atención mediática y nos dedicábamos a resistirnos a todo eso. Nadie podía decirnos lo que teníamos que hacer. Recuerdo que un amigo nuestro, que además acabó trabajando con nosotros, nos decía algo muy divertido: aunque la música fuera suave o delicada, en realidad éramos completamente punk. Decía: “Os importa un carajo todo”.

Y tenía razón. Éramos muy irreverentes. Nos enfrentábamos a la industria, a las expectativas, a cualquier intento de encasillarnos. Éramos bastante difíciles y gran parte de aquello era realmente divertido.

En Reino Unido, por ejemplo, la prensa musical acabó muy irritada con nosotros. Y eso, en cierto modo, también era fantástico. Después ocurrían cosas absurdas, como ganar un premio Brit y provocar todo tipo de reacciones indignadas.

Fueron tiempos muy extraños. Buenos y malos a la vez. Pero había una sensación genuina de que el grupo era una extensión de la vida cotidiana. No éramos una banda que quisiera ponerse unas gafas de sol y convertirse en estrellas del rock.

Recuerdo que justo después de grabar If You're Feeling Sinister algunos miembros se fueron a buscar trabajo. Éramos así de contradictorios. Cuando lo pienso ahora me sigue pareciendo muy gracioso. Y supongo que eso sí es un poco de nostalgia por mi parte.

La verdad es que no creo que nos convirtiéramos en una banda propiamente dicha hasta alrededor de 2001. Para entonces ya habíamos publicado cuatro o cinco discos. Fue entonces cuando empezamos a actuar en directo de forma regular, grabar discos, hacer giras, conceder entrevistas, hacernos fotos promocionales y todas esas cosas. Aquello también tuvo su interés. Y ahora llevamos tanto tiempo haciendo esto que ni siquiera lo pienso demasiado. Simplemente estoy contento de seguir aquí.

  • -

— ¿Qué puede esperar el público de la segunda mitad del concierto, cuando el repertorio se abre al resto de vuestra discografía?
— Diría que, en general, esa segunda parte suele inclinarse un poco más hacia el material de los primeros años y de la etapa intermedia del grupo. No estamos tocando demasiadas canciones de nuestros dos últimos LPs, principalmente porque en la gira anterior ya interpretábamos muchas de ellas.

La estructura es sencilla: hacemos If You're Feeling Sinister, hay una pequeña pausa y luego volvemos al escenario para tocar una selección de canciones. Probablemente haya más temas antiguos que recientes, aunque no siempre es así. Depende de cada noche.

Es curioso que me preguntes qué puede esperar el público, porque la verdad es que yo tampoco lo sé. Stuart escribe el repertorio y normalmente envía un correo con la lista de canciones unas dos horas antes del concierto. Así que yo tampoco sé exactamente qué va a pasar.

La sensación general es que todo el mundo sabe que vamos a tocar If You're Feeling Sinister y que esa es la parte fija del espectáculo. Cuando termina, Stuart suele decir algo así como: “Bueno, ya hemos hecho eso; ahora podemos relajarnos”. A partir de ahí simplemente vemos cómo nos sentimos y tocamos lo que nos apetece.

La elección depende de muchos factores: de cómo se encuentre Stuart ese día, del día de la semana, de si el público está sentado o de pie... Son cosas en las que él piensa.

— Hoy en día muchas giras tienen repertorios prácticamente idénticos cada noche y el público consulta en internet qué canciones va a escuchar antes de ir al concierto. Con esta libertad vuestra, en cambio, la primera parte está definida, pero después podéis jugar con el ambiente y sorprender tanto al público como a vosotros mismos.
— Espero que sí. Si el público pudiera entrar en internet y ver exactamente el mismo repertorio de la segunda parte noche tras noche, quizá no sería tan emocionante.

Además, Stuart a veces cambia las cosas sobre la marcha. Puede modificar el repertorio en mitad del concierto. De repente decide: “Vamos a tocar esta otra”. Y la tocamos. O alguien del público pide una canción y pensamos: “Vale, hagámosla”. Aunque llevamos una producción visual bastante elaborada, con proyecciones y todo eso, seguimos siendo una banda adaptable.

Entiendo perfectamente lo que dices. Hay artistas mucho más grandes que nosotros que actúan en pabellones o estadios donde todo está completamente programado: la producción, las luces, los tiempos... Todo funciona como un mecanismo de relojería.

Creo que hoy el público espera mucho más que un simple concierto. Espera una producción completa, elementos visuales, una experiencia más amplia. Eso puede hacer que las cosas sean menos espontáneas. Pero me parece que nosotros hemos encontrado un buen equilibrio. Podemos ofrecer una producción cuidada y, al mismo tiempo, mantener espacio para improvisar, reaccionar a lo que está ocurriendo y vivir el momento.

Recibe toda la actualidad
Alicante Plaza

Recibe toda la actualidad de Alicante Plaza en tu correo

Un Murcia ya salvado busca que Pedro León se despida "con la mejor sensación"