Cultura

Soledad Sevilla cierra el círculo en el MACA con 'Esperando a Sempere'

La artista valenciana presenta en el Museo de Arte Contemporáneo de Alicante una exposición que enlaza sus primeras tramas geométricas de los años sesenta con las series más recientes

  • Soledad Sevilla
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ALICANTE. El Museo de Arte Contemporáneo de Alicante (MACA) se acerca por primera vez a la obra de Soledad Sevilla con la exposición Esperando a Sempere, una retrospectiva que podrá visitarse hasta el 17 de mayo y que traza un recorrido desde sus trabajos de finales de los años sesenta y setenta hasta las piezas más recientes, concluidas en 2025. Se trata de un proyecto especial que, en palabras de sus responsables, cierra un círculo vital y creativo y resulta especialmente significativo para un museo cuyos orígenes están íntimamente ligados a la figura de Eusebio Sempere.

Esperando a Sempere es la primera exposición individual de Soledad Sevilla en el museo alicantino. Y no es una retrospectiva al uso, aunque recorra más de cinco décadas de trabajo. Es, en palabras de su comisaria, Rosa Castells, “un proyecto que cierra un círculo vital y creativo” y que, al mismo tiempo, resulta imprescindible para una institución cuya historia está íntimamente ligada a la figura de Eusebio Sempere.

La serie que da título a la muestra nació en 2023, cuando Sevilla decidió dedicar un conjunto de obras al artista alicantino. “Allí mismo decidimos que esta exposición ocurriría en el MACA”, explicó Castells durante la presentación este viernes, 20 de febrero. Una conexión que no es solo conceptual. Y es que las piezas han llegado gracias a la generosidad de la propia artista y a la colaboración de instituciones como el Museo Reina Sofía y el IVAM, que han prestado obras clave para completar el relato.

  • Soledad Sevilla y Rosa Castells

Un diálogo que empezó en los años sesenta

Sevilla y Sempere se conocieron en la década de los sesenta, en torno a los proyectos de abstracción geométrica y al mítico Centro de Cálculo de la Universidad de Madrid. “Les une un interés común por la línea, una práctica rigurosa de la composición y una deriva hacia una geometría más blanda y emotiva”, recordó Castells. Una afinidad que atraviesa toda la trayectoria de Sevilla. Sin embargo, es en 2022 cuando cristaliza de forma explícita en homenaje. El detonante fue un pequeño gouache de Sempere que la artista había adquirido tiempo atrás. “No me separaba de él nunca”, confiesa la artista.

Aquel verano, en pleno traslado de su estudio de Madrid a Granada, trabajaba apenas con unos papeles y un lápiz. “Tenía unas borriquetas, una puerta que me hacía de mesa y el gouache de Sempere”, relata. Sobre folios recortados al formato exacto de esa obra empezó a dibujar. “Hice todos esos dibujos pequeños, con lápiz, porque no tenía nada más. Y cuando los terminé pensé: los tengo que hacer en los formatos que a mí me gustan”. De esos bocetos, seis de ellos donados al MACA tras recibir en 2024 el Premio Eusebio Sempere de la Creación y el Pensamiento Artístico, nacieron los grandes lienzos que ahora ocupan la sala.

El espectador, dentro de la pintura

Para la serie Esperando a Sempere, el museo ha diseñado un espacio específico. “Queríamos que la contemplación se convirtiera en una experiencia física, un estar rodeado, un meterse dentro de la pintura”, explicó Castells. La línea, tanto horizontal como vertical o diagonal, es la auténtica protagonista. Repetida hasta el límite, genera una vibración perceptible, “un temblor, un murmullo, una presencia”. Pero esa vibración no es mecánica ni fría. Sevilla reivindica el pulso de la mano, la mínima desviación, el error asumido.

“Debajo está siempre hecha la línea a lápiz y encima la resigo con rotulador”, detalla. Utiliza rotuladores Posca de pintura acrílica gris para mantener la sensación de grafito sin que el gran formato se emborrone. En algunos casos, trabaja incluso a mano alzada. “Ese temblor me gusta mucho. Es algo muy personal, muy de la mano, muy de la vitalidad”, describe la autora. Cada lienzo, algunos de hasta tres por cinco metros, puede requerir cerca de un mes de trabajo. Una dedicación que no responde a una obsesión formal, sino a una necesidad narrativa. “Las ideas se desarrollan por capítulos, porque no desarrollas algo con un solo cuadro; necesitas una progresión, como en una novela”, explica Sevilla.

  • Nayma Beldjilali, Soledad Sevilla y Rosa Castells

De las retículas transparentes al horizonte

La exposición arranca con las investigaciones de finales de los sesenta. Por primera vez se muestran quince acetatos con tramas repetidas sobre material transparente, cuya fragilidad y apariencia original se han respetado en el montaje. A ellos se suman piezas de finales de los setenta conservadas en la colección del museo, algunas expuestas en Alicante en 1979. “Establecemos un nexo entre las obras realizadas hace más de cincuenta años y las actuales”, señaló Castells. La preocupación por la geometría es constante. “Ningún día sin línea”, reza uno de sus títulos, convertido casi en lema vital.

Yo estoy desde siempre haciendo geometría”, sentencia la artista. Incluso cuando su obra se apartó temporalmente de la retícula, como en las series vegetales o en Insomnios, porque fue por razones físicas y no conceptuales. “Nunca me ha preocupado lo que pasa fuera del estudio, solo lo que pasa dentro”, destaca. Cuando los problemas de rodilla le impidieron ejecutar largas pinceladas apoyada en una regla, cambió el procedimiento. Cuando no podía moverse tras una operación, ideó composiciones en las que “se moviera el cuadro”. Superadas esas etapas, regresó a la línea y al horizonte.

La proporción justa

En la sala también se percibe la importancia del formato. Algunos grandes lienzos en color surgieron casi por accidente. “Encargué unas telas demasiado grandes, con un formato que no me gustaba”, explica. Aun así, las utilizó mientras esperaba los bastidores adecuados. De ahí el título inicial: “Los hacía esperando a Sempere; esperando a que llegaran los formatos correctos”, recuerda Sevilla, para quien la proporción no es un detalle menor. “Una proporción es buena o no lo es”, afirma. Cuando no encaja con su concepto, la superficie debe transformarse, dividirse, reorganizarse. Solo así la estructura responde a la idea.

  • Esperando a Sempere

Admiración sin nostalgia

En los últimos años, la artista ha participado en diversas exposiciones dedicadas a Sempere, pero, lejos de la nostalgia, reivindica la admiración activa. “Huyo de la nostalgia. Siempre es admiración”, sentencia. Pero el impulso de dedicarle una serie no responde a un cálculo racional. “Hay un momento en el que se pone en marcha algo que se  estaba incubando. “De repente dices: 'debo hacer eso'. Y ese 'eso' es hoy esta exposición”, describe. Una sala envolvente donde la geometría se vuelve inspiración y donde la repetición es una meditación. Casi como en una capilla donde el espectador no mira desde fuera, sino que comparte espacio con la pintura. “Estoy emocionada, encantada y agradecida”, confesó Sevilla. “Es como entrar en un recinto que te rodea y te acoge”, añadía.

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