Cultura

Recreando la andanza del 'Cid' y los Mann-Montiel en busca del rey galletero Fontaneda

  • Sara Montiel y James Dean dos días antes del accidente del actor
Suscríbe al canal de whatsapp

Suscríbete al canal de Whatsapp

Siempre al día de las últimas noticias

Suscríbe nuestro newsletter

Suscríbete nuestro newsletter

Siempre al día de las últimas noticias

ALICANTE. Hace poco, recorriendo con los míos las tierras palentinas, nos dirigimos a Ampudia, uno de sus pueblos más bonitos y cuyo castillo medieval está considerado como el mejor de la provincia. Visitamos el centro histórico y luego su imponente fortaleza medieval donde una guía nos contó su pasado, así como  un poco conocido episodio acontecido a mediados del siglo anterior que despertó mi curiosidad.

Unos días más tarde emprendí la tarea de documentarme sobre el mismo y, conforme profundizaba en el tema, me empezó a sobrevolar por la mente que disponía de un valioso material para mi próxima colaboración. Así que no tardé en decidirme, pero dado que hay numerosas lagunas en esta pequeña historia, el lector debe saber que el arriba firmante se ha visto en la necesidad de rellenar algunos huecos, aunque, eso sí, con fundamento.

  • Castillo de Ampudia -

Es posible que esta andanza, tal como reza el título, sucediera de la siguiente manera:

Alrededores del castillo de Ampudia. Una mañana del verano de 1960

Un Cadillac Eldorado descapotable se encuentra detenido enfrente de la fortaleza. Resulta dificil averiguar su color, tanto por su indefinible tono como porque el reflejo del sol impide distinguirlo bien, aunque probablemente sea el exótico “arena persa metalizado”tan apreciado por aquel entonces. Se trata de unos de los vehículos que suele alquilar la productora Samuel Bronston en sus rodajes por España para disfrute de sus cineastas y estrellas. Su chófer está ofreciendo un pitillo a su colega del coche que hay al lado: un Citroën Traction Avant de color negro. No es tan espectacular ni tiene la belleza del anterior, pero es robusto y con una suspensión que permite al equipo de producción transitar sin dificultad por caminos rurales en busca de localizaciones. Sus tres ocupantes están callados, parecen impacientes, da la impresión de que aguardan  a alguien que se está retrasando.

De pronto, suena una música, alguien ha decidido poner la radio para hacer más llevadera la espera.

Unos minutos después, se une al grupo el único ocupante del otro vehículo que viene de dar un paseo por las inmediaciones. Es un varón apuesto, de algo más de 1.90, que luce unas modernas gafas de sol estilo aviador de cristales azulados: es Charlton Heston (Chuck). Justo en ese momento pasan cerca del grupo dos lugareños, y uno al ver a este pone cara de sorpresa y exclama: «¡Mira, Moisés!». El otro lo mira también y en eso el protagonista de Los diez mandamientos, pero sin barba, los saluda con la mano acompañado de una sonrisa.  

—¡Por allá vienen! —anuncia Chuck con su voz de barítono.

Todos dirigen la vista hacia la carretera por donde se aproxima a una velocidad media un flamante Mercedes 190-SL descapotable blanco. Conduce  el director de cine Anthony Mann (Tony) que va acompañado por su esposa Sara Montiel (Antonia). Ella  lleva un vestido claro de lunares de cintura muy marcada, escote en V  y falda con vuelo, una gafas de sol ojo de gato y una pamela de ala ancha cubriendo un pañuelo anudado debajo de la barbilla… Una diva.

Mientras se aproximan, uno de los del Citröen dice:

—Desde el accidente de su amigo James Dean, Sara le tiene prohibido correr... La invita a dar un paseo con su Porsche y a última hora  no puede acompañarlo. Cada vez que lo pienso creo más en el destino.

En el coche, entretanto, dice Tony:

—Cariño, toda mi vida te estaré agradecido por darme la idea de rodar la historia de vuestro héroe nacional, pero lo que no sabía es que teníamos que recorrer miles de millas en busca de castillos.

—No te quejes, ya verás cómo haces la mejor película de tu carrera. Te envidiarán en Hollywood.

—Ya hemos llegado. Espera aquí, voy a hablar con los chicos a ver qué me dicen.

Al cuarto de hora, Tony y Chuck se acercan al deportivo.

—Antonia —dice Tony—, el castillo lo ha comprado un empresario porque quiere restaurarlo.

—¿Y qué hacemos entonces?

—Nos vamos los tres a verlo ahora... Chuck, conduce tú.

Okey.

—Yo voy detrás.

—Tony, ¿y qué hacen mientras los de producción?

—Les he dicho que hagan fotos y tomen notas, y que nos esperen en un mesón que hay en el centro del pueblo.

—¿Dónde vive ese hombre?

—Al norte de la provincia, en un pueblo de la Montaña Palentina con un nombre muy raro… —saca un papelito de su cartera y dice—: Aguilar de Campoo.

—¿Cómo se llama?

—Fontaneda.

“¡Anda, el de las galletas María!”, piensa Antonia.

—¡Adelante, Rodrigo Díaz de Vivar! —anima Tony al inesperado chófer.

Risas.

  • Charlton Heston, Félix Rodríguez de la Fuente y el historiador Menéndez Pidal -

Deportivo de la andanza

A mitad de camino.

—Antonia, a ver si con todo lo que estamos haciendo, a última hora tu amigo el del Pardo nos censura la película.

—Pues el tuyo de la Casa Blanca también es su amigo. ¡Menudo abrazo le dio el año pasado cuando vino a Madrid! Además, yo no soy su amiga, no me gustan las dictaduras.

—Pero si censurase algo, podrías ir a verlo. Eres su amor platónico.

—Qué gracioso eres… Vamos a ver: ¿cuántos besos hay en el guion?

—Dos, y ninguno es picante, son amorosos.

—Bien, por ahí no habrá problemas… Otra cosa. ¿Cuántas veces dicen “España”?

—Ninguna, entonces no existíais como nación. ¡Este de aquí adelante luchaba por Castilla!

Carcajada del aludido.

—Pues se tiene que nombrar preciso “España”, y si son varias veces mejor. ¡A ver cómo lo arreglas que tú eres el jefe!

—Hablaré con los guionistas.

—Tony —tercia el futuro Cid—. Yo no tengo ni idea de aves rapaces. ¿Hay alguien que me pueda enseñar?

—Tranquilo, Chuck, que todo está previsto. ¡Te adiestrará un dentista, je, je!   

—¿¡Qué!?

—Es también muy aficionado a la cetrería. Espera que ahora saco un papelito donde anoté su nombre… Es Félix Rodríguez de la Fuente.

—Pues de paso que me revise la boca.

Carcajada coral.

Una hora después, llegando a Aguilar de Campoo, pregunta Antonia: «¿No oleis a galleta?».

  • Cartel original de El Cid -

Despacho de Eugenio Fontaneda

—Señor Mann, en relación a su petición, cuente con ella. Puede disponer del castillo para todo lo que precise, pero desgraciadamente no podrán rodar en su interior porque lo están restaurando —dice Fontaneda.

—Ya lo vimos cuando llegamos esta mañana —explica el director en un aceptable español—, pero solo tengo intención de filmar en su exterior y por los alrededores.

El anfitrión asiente y añade:

—Quiero confesarles que me siento orgulloso de que recojan este episodio tan importante de nuestra historia, pues soy un gran apasionado de la arqueología y del arte español. De hecho, la rehabilitación no es solo para recuperar su estado anterior, sino para instalar también un pequeño museo con mi colección.

—Don Eugenio, cuando acaben las obras le prometemos que vendremos a visitarlo —tercia Sara Montiel.

—Estupendo, voy a resolver unos asuntos y en un rato los acompaño a Ampudia y les enseño el castillo.

Sala de espera del despacho

Mientras Chuck se encuentra al otro lado de la estancia firmando un autógrafo a una secretaria, Tony le dice sigilosamente a Antonia:

—¿Quieres hacer de doña Jimena? Hacéis los dos una muy buena pareja.

Antonia pone ojos de plato y acto seguido le responde con una dulce expresión:

—No sabes cómo te lo agradezco, amor; pero me es imposible, sabes que tengo  firmado un contrato

—Es cierto, no me acordaba…Con tanto jaleo.

—¿Y por qué no se lo ofreces a mi amiga Sofía Loren?

—¡Qué buena idea!

—En la agenda tengo su teléfono, si quieres cuando volvamos al hotel la llamamos.

—¡Genial!    

Recibe toda la actualidad
Alicante Plaza

Recibe toda la actualidad de Alicante Plaza en tu correo

La Biblioteca de Filosofía y Letras de la UA incorpora nuevas ediciones a su Fondo Teatral Valenciano
L’Elecció de la Bellesa del Foc, en directe per À Punt