VALÈNCIA. En 2022, la coreógrafa brasileña afincada en Madrid Poliana Lima estrenaba una obra en la que se planteaba una pregunta existencial sobre su identidad mestiza, Oro negro. Era un solo a dos cuerpos, donde realizaba un circuito de escena mientras un hombre de color bailaba simultáneamente a modo de contrapunto, de punto de fuga. Era su manera de perforarse y de sacar a la superficie una realidad enterrada por su familia, la de que uno de sus abuelos fuera negro.
“Fue como encontrar un tesoro oculto y poder llevar a mi cuerpo toda esta diversidad, convirtiéndolo en un punto de cruce de múltiples linajes, interferencias, que a veces se expresan con armonía, a veces con tensión”, explica la creadora.
Este próximo 12 de julio, el espacio L'Escorxador de Faura acogerá un espectáculo unipersonal con música en directo donde emplea los mismos materiales coreográficos de aquella propuesta, Extracción, pero donde las preguntas que se plantean ya no apuntan a las jerarquías raciales y culturales, sino al hecho de ser mujer.
- En contraste con Oro negro, en Extracción no hay un escenario elevado ni juego de luces ni un vestuario complejo. ¿Cómo dialoga tu cuerpo expuesto con la música en directo de Pablo Sánchez?
- Al cambiar el contexto: el hecho de que no me acompañe otro bailarín, de que no haya luces y el vestuario sea mucho más sencillo, hacen que Extracción tenga mucha fuerza, porque es una experiencia muy cruda respecto a lo coreográfico. El cambio más importante es que al no existir la mediación del teatro, Pablo Sánchez me ve mucho más. Pero creo que lo que más nos influye a los dos es mi relación con los espectadores y espectadoras: el público me ve y yo veo al público. Cuando bailas en un escenario, tú no ves nada de la audiencia, mientras que aquí habrá un punto confrontativo, ya que estoy relacionándome con la conciencia de la mirada del público todo el rato.
- La pieza ha sido programada en Habitar Mostra de Dansa. ¿Cómo se resignifican las preguntas de tu obra cuando abandonan la gran ciudad y se representan en el entorno rural?
- Muchas veces una se dice que sus preguntas son muy relevantes en cualquier contexto, pero todo responde a unas necesidades, a unos lugares, etcétera. Yo creo que mis preocupaciones de persona cosmopolita, que vive en una gran capital, se reflejan de manera diferente cuando estoy presente en sitios descentralizados. Normalmente me nace una inseguridad, porque me pregunto si mi propuesta tiene sentido fuera del contexto de una urbe.
En ese sentido, es una ventaja enorme trabajar con la danza, porque al ser un arte muy abstracto, provoca que mi perspectiva inicial sobre las grandes cuestiones de la pieza se convierta en otra cosa cuando voy a sitios más periféricos, ya que las personas ven otras cosas y abren otras cuestiones. Así que es muy lindo que tu cuerpo se pueda convertir en una interfaz bastante amplia para que la gente pueda proyectar sus repertorios culturales. A lo mejor, si tuviera significados infinitamente más cerrados, no tendría sentido. Con el humor es muy evidente: haces una broma muy contextualizada, con una referencia histórica o local, y vas a otro sitio y nadie la entiende. La danza es justo lo contrario de esto. Mi experiencia en los espacios que no son centrales es que, cuando tengo la oportunidad de conversar con el público, la gente lo abre desde otras maneras y amplían las preguntas iniciales que yo tenía respecto al trabajo, porque están relacionándose con un lenguaje muy abierto. Es muy bonito.

- Extracción/ talpico -
- ¿Cuántos cuerpos habitan dentro de ti en escena?
- Dios, no sé. Yo creo que por lo menos cuatro, porque normalmente yo compongo pensando en corporalidades diferentes. Literalmente, creo formas de moverme que intento que sean diferentes entre sí porque siento que vienen asociadas a estados perceptivos, a estados de ánimo diferentes. Esa sensación de tener una multiplicidad dentro ha estado muy presente en mí durante mucho tiempo. No solo para bien, sino también con la sensación de salud mental, por lo difícil que es concebirse como coral.
Yo creo que el cuerpo de todas las personas es múltiple, porque cambias a lo largo de la vida y además, en tus relaciones, la persona que eres con tus padres no es igual que la que eres con tu hermana, con tu novio, con tu suegro, con tu perro... En mi rol como profesora soy una; en mi rol como artista, otra; como administradora de mis cosas… Obviamente soy la misma, pero a la vez siempre hay algo diferente. Esa es un poco mi cuestión con la identidad, un aspecto con el que otras personas también se pueden ver reflejadas. A veces se vive con más goce; a veces, con más angustia. Puede ser extrapolable a otras personas.
- En este lapso de cuatro años desde el estreno de Oro negro, ¿has conseguido vislumbrar alguna respuesta a la pregunta que fue su punto de partida: "¿Quién soy?"?
- No di con una respuesta, pero estoy en paz con la pregunta. Y creo que eso es muy grande, un privilegio como artista, porque entendí que no se trata tanto de querer una respuesta final y definitiva, sino de estar sumida en ese movimiento.
- ¿Cómo valoras la actual reconstrucción de la memoria histórica y antirracista en Brasil?
- Creo que hay avances. Yo tengo plena conciencia de que soy una mujer blanca creadora en Brasil, y es bastante polémico que haya querido hurgar en las raíces que también son negras de mi familia. Y lo que siento es que, independientemente de toda la polémica que puedes ver alrededor, esto forma parte de un cuerpo colectivo, forma parte de una pregunta que empezó a nacer en Brasil hace por lo menos 20 años. Obviamente había un movimiento antirracista en Brasil desde hace muchísimo tiempo, pero desde las políticas culturales de cuotas ha habido mucha más lucha por la visibilización.
Porque, imagínate, Brasil es el país con la mayor diáspora africana fuera de África: más del 50 por ciento de la población es negra. Y sin embargo, no se cuenta que toda tu cultura está cruzada por herencias de culturas africanas. Tú comes algo y no sabes de dónde vino, tú bailas de una manera y no sabes por qué, no aprendes esa historia. En los últimos años, empezó a haber más movimiento después de las políticas de cuotas en la universidad, lo que ha supuesto una reconstrucción de la historia del país. Ahora está siendo abordado desde múltiples campos y creo que mi respuesta, aunque yo no estoy viviendo en Brasil, sino en España desde hace casi 20 años, también es una manera de sanar, una manera de volver, una manera de estar alineada con un cuerpo político.
Y en mí, también se da la doble cuestión de que mi cuerpo está forjado en una cultura que no tiene un solo hilaje cultural, y encima soy una persona migrada. Entonces, en mi cuerpo, ahora mismo, no late solo Brasil, también late España. Así que, sí, hubo muchos cambios; sí, siento que hay mejoras; y si elaboré la pregunta, es porque algo ya se estaba transformando y formo parte de un movimiento más grande. Y también creo que mi pregunta es relevante, no solamente para el territorio brasileño, sino también para pensarme como migrante y para pensar el territorio español como un lugar múltiple.

- Extracción/ talpico -
- Vivimos un momento cultural donde parece haber una búsqueda colectiva de refugio espiritual a través del arte, con obras como la última película ganadora del Goya a la mejor película, Los domingos (Alauda Ruiz de Azúa, 2025), el disco Lux de Rosalía; y Magnificat de María Moreno, inspirada en el episodio bíblico de la Visitación. ¿Qué tiene el movimiento físico que no tengan la palabra o la música para conectarnos con la trascendencia?
- Todas las culturas han bailado. La danza es muy completa y tiene muchos sentidos. Aporta una conexión comunitaria y da acceso a la sensación de una pertenencia a algo más grande que tú. A veces es muy eficiente en esto, porque bailas a un ritmo con la gente y se sincronizan las mentes, como así lo han demostrado investigaciones neurocientíficas. Los poderes de la danza se derivan de que es física, es social, hay música de por medio, tu cuerpo cambia de estado perceptivo de manera muy integral. De forma que yo encontré en la danza un lugar de refugio porque lo necesitaba con mucha fuerza. Pero seguro que un poeta te dirá que la poesía es esto, porque todas las artes pueden tener esta potencia. El arte puede ser un lugar de realización de lo humano en su mayor potencia. No en nuestras potencias y pasiones más bajas.
Es un acto donde lo espiritual está embebido en lo colectivo. Aunque estés bailando sola, hay algo en la danza que te expulsa fuera de ti, en el sentido de que te das cuenta de que formas parte de algo más. Es algo muchas veces innombrable, pero creo que esa es también una llave muy especial de la danza. Te das cuenta de que no te agotas en tu cuerpo, y que todo lo que no eres tú también está presente en ti. Y siento que la danza puede despertar fácilmente esta experiencia, porque vivirlo es muy diferente de leerlo o escucharlo. La danza se activa a través de la experiencia física.
- Como docente, ¿de qué maneras transmites esa sensación de la danza como refugio a tu alumnado?
- Cuando buscas a un profesor o a una profesora es porque te sientes identificado con la manera en que esa persona transmite. Los y las docentes de danza transmiten más que los pasos, transmiten una visión de lo que es la danza para ellos, una manera de compartir una sensibilidad respecto al mundo. Y lo que yo puedo aportar son las herramientas con las que he convertido la danza en este refugio para mí. Da igual si la persona solo viene a pasársela bien o porque es artista y quiere mejorar su técnica o buscar su voz o su expresividad. No importa el objetivo, el hecho es que con una manera muy específica y atenta, cultivando tu atención y un lugar relajado y amable con una misma, el movimiento te termina abrazando y mejoras en tu bienestar y en tu creatividad. Para mí, la danza no es simplemente unos pasos y moverse, sino una manera de estar en el mundo: es filosofía práctica.