‘Omnicidio’, episodios maníacos de Oriente Próximo

Libros y cómic

LA LIBRERÍA

Materia Oscura publica este extrañísimo artefacto poético obra de Jason Bahbak Mohaghegh que cataloga distintas formas de la disposición maníaca y otras ideas subterráneas

  • Detalle de demonios (divs) escondidos entre las rocas. Escena perteneciente a la miniatura El sexto paso de Rustam
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VALÈNCIA. La búsqueda de elementos para construir nuestra identidad –la que deseamos proyectar– nos lleva a todo tipo de apropiaciones, siendo unas de las más recientes aquellas relacionadas con la salud mental. En las redes sociales de las generaciones más jóvenes es muy común encontrar la evolución del término autista, empleado como un rasgo de la personalidad ligado a características sorprendentes o cómicas de una persona –a menudo aquel que lo emplea– a la que le obsesiona una estética, por ejemplo, y la performa en público sin preocuparse por la imagen que pueda ofrecer, lo cual, con tanta intención, no deja de ser una paradoja. Otro caso es el del pobre trastorno obsesivo-compulsivo, el cual desde hace ya más de una década ha sido degradado a la expresión “tener tocs”, en referencia a supersticiones, obsesiones, o simplemente costumbres. 

También se abusa a todas luces del TDAH, trastorno por déficit de atención e hiperactividad, el cual es ya omnipresente, y con él la medicación que puede conllevar, cuando en la mayoría de casos lo que hay detrás es ansiedad, una gran presión social o coyuntural, falta de sueño, o todo a la vez. El gran paraguas de la etiqueta neurodivergencia, a modo de hashtag, #neurodivergente, concentra millones y millones de publicaciones. Se ha convertido en una etiqueta identitaria que en muchos casos define a la persona como “diferente” (aunque la acumulación de diferentes haga menor la diferencia). Sin duda todas estas condiciones y todos estos trastornos existen, igual que la moda de vincularse a ellos. Este fenómeno, claro, ha existido siempre, aunque ahora el quebradero de cabeza para los especialistas es todavía mayor que el de los autodiagnósticos de antes vía internet. Ahora, la evidente máquina estructural que nos lleva al límite se esconde detrás de un disfraz que nos ha vendido y hemos comprado.

  • Omnicidio. Manía, fatalidad y el futuro en delirio -

Es interesante observar sin embargo cómo unos términos caen de la actualidad ante el ascenso de otros: hiperactividad ahora ha sido fagocitado por TDAH, lo fóbico ya parece estar un poco pasado, lo fílico traducido en neolengua vive sobre todo en conversaciones políticas en foros tipo X, y lo maníaco, con todo lo que puede dar de sí y lo que implica, parece enterrado o en cuarentena, quizás porque no es tan sencillo de traer a colación o por sus connotaciones criminales fruto de la sobreexposición a series, películas y true crimes. Por suerte desde el plano literario ha llegado a las librerías un extrañísimo catálogo fragmentario, literario, poético de manías: su título es Omnicidio. Manía, fatalidad y el futuro en delirio. Es obra de Jason Bahbak Mohaghegh con traducción de Abraham Cordero, y lo publica la siempre única en su especie Materia Oscura Editorial, quien nos ha regalado creaciones tan extraordinarias como Ciclonopedia, de Reza Negasterani

Pese a lo dicho, definir esta obra no es cosa sencilla. Omnicidio es un trabajo experimental de lectura y catalogación libre a través de diez voces de Oriente Próximo: Sadeq Hedayar (Irán), Réda Bensmaia (Argelia), Adonis (Siria), Joyce Mansour (Egipto), Forugh Farrokhzad (Irán), Ibrahim al-Koni (Libia), Ahmad Shamlu (Irán), Ghada Samman (Líbano), Mahmoud Darwish (Palestina) y Hassan Blasim (Irak). Un inventario en el que el antologador y comentador recoge pasajes de las obras de estas autoras y autores y los encuadra en categorías maníacas como augomanía, heliomanía, selenomanía, dromomanía, ecdemomanía, cartogramanía, cinetomanía, dinomanía, isolomanía o colosomanía. Se entenderá mejor con un ejemplo: AUGOMANÍA: Compare al hombre con un panel de instrumentos con mil bombiIlas; algunas se apagan antes de que otras se enciendan. Un cansancio extremo tras una larga agonía, pero una abundancia de luz, un miedo a las auroras boreales... Réda Bensmaia “La segunda línea retoma una postura augomaníaca, aunque esta vez frente al «cansancio extremo» y la «larga agonía» que preceden a un «miedo a las auroras boreales». En efecto, hay algo de terror en la zona auroral, que lleva el nombre de la diosa del amanecer: fuegos artificiales ópticos de una bóveda verde fluorescente; partículas cargadas de viento solar y plasma; danza acelerada de protones y electrones a lo largo de latitudes impensables.

Pero ¿por qué esta culminación en un pavor astral? Tal vez la respuesta resida en la referencia a su «abundancia», como si la conciencia sufriera por un derramamiento de claridad cosmológica (el pandemónium de ver demasiado bien), y el asombro mismo fuera simplemente el precio terrible de la visión sideral. Tal vez solo el augomaníaco pueda acceder a esta intuición: pues ¿no es el terror ante el universo lo mismo que el terror ante la máquina a gran escala?”. Se define la pulsión maníaca como un estado alterado del ánimo que constituye la fase opuesta a la depresión, característico del trastorno bipolar, y que se define esencialmente por una euforia desmedida, una irritabilidad intensa o una expansividad psicológica extrema. Tal cuadro clínico se manifiesta a través de una hiperactividad física y mental con un aumento masivo de la energía, lo que reduce drásticamente la necesidad de sueño sin que la persona sienta cansancio. 

Por otro lado el pensamiento se acelera provocando una constante fuga de ideas y un habla sumamente rápida, combinándose con una grave falta de juicio. Cuando pensamos en Oriente Próximo es fácil que nos venga a la mente la manía: la megalomanía y la crematomanía, concretamente. En diferentes gabinetes de aquellos que arrasan ciudades enteras y que sueñan con guerras totales cataclísmicas, los polemomaníacos, los maníacos de la aniquilación bélica, hacen fortuna. Hablamos de equipos enteros de seres humanos eufóricos por el poder, el dinero y la muerte ajena. Estos últimos son los peores: figuras muy visibles para quienes es más importante la destrucción del otro (que es todo el mundo salvo ellos) que el poder o el dinero, personajes que expresan a tumba abierta su culto a la muerte. Esto, por desgracia, sí se ha puesto de moda. 

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