CASTELLÓ. Iván Ferreiro llega este 1 de agosto al SOM Festival de Castelló con una gira que recorre 35 años de trayectoria musical, desde su etapa al frente de Los Piratas hasta su consolidada carrera en solitario. Podría parecer que el músico gallego viene listo para tocar la tecla de la nostalgia, pero como explica en esta conversación con Castellón Plaza, se resiste a mirar demasiado atrás. Su repertorio atraviesa distintas épocas, aunque dando protagonismo a las canciones que todavía siente como propias y en un escenario en el que hoy se encuentra “más sereno y sólido” que nunca.
-¿Qué queda de esos primeros años cuando subes hoy al escenario?
-Es complicado saberlo. Soy la misma persona, pero no tengo nada que ver con mi yo de esos primeros años en la música. En muchos aspectos, lo que soy ahora es el resultado de aquello. En cualquier caso, para hablar de lo que queda del Iván Ferreiro de hace 35 años habría que preguntar a los demás. Yo me siento muy cambiado. Me gustaría volver a tener el cuerpo y la energía que tenía entonces, pero sin perder la experiencia que tengo ahora, porque es lo que verdaderamente marca la diferencia con respecto a mis inicios. Sí es cierto que la ilusión la mantengo, solo que es una ilusión mutada, diferente. Por encima de todo está el aprendizaje de lo vivido. Aun así, me sigue gustando la música, cantar, tocar y estar con el público.
-¿Y qué es lo que ha cambiado en este tiempo?
-Quiero pensar que todo lo que hoy no es igual que hace 25 años ha sido para mejor. Me gustaría que los cambios que he experimentado hayan servido para mejorar.
-Desde fuera se percibe en ti una parte serena que en aquellos años más gamberros no se veía.
-Eso seguro. Me gusta eso que dices. Creo que la serenidad es algo en lo que hemos ido ganando todos a medida que ha pasado el tiempo. Cuando estoy sobre el escenario me noto mucho más sólido. Aunque, repito, me gusta lo de sereno; quizá esa sea la palabra. Sí, creo que sereno define muy bien el momento en el que estoy.
En el escenario no tengo ninguna gana de tratar de emular a la persona que era antes
-¿Vienes al SOM con la misma banda con la que estuviste en el castillo de Onda el año pasado?
-El año pasado en la batería no estaba Xavi Molero, que en ese momento se encontraba girando con Zahara. Somos la banda de siempre: Mole a la batería, Ricky Falkner al bajo, Emilio Sáiz en la guitarra, mi hermano Amaro también en la guitarra, Pablo Novoa en los teclados y Sergio Martínez Puga en los teclados y las acústicas. Somos la banda base de los últimos años.
-¿Es tu hermano la persona que hizo posible que transitaras de Los Piratas a trabajar en solitario?
-Definitivamente sí. Su presencia en mi vida es muy importante. Hemos estado haciendo música juntos, diseñando todo juntos y, bueno, es la otra parte más importante de mi proyecto. Digamos que yo firmo las cosas y en todo pone siempre mi nombre, pero Amaro sería el 50% de todo este trabajo.
-Entiendo que en esta gira de celebración de los 35 años vas a tocar lo mejor de tu repertorio. Pero, teniendo tanto material y una trayectoria tan amplia, ¿cómo decides qué se queda fuera?
-Para estos conciertos decidí que no tenía que ser una gira ni un repertorio nostálgico. Buscaba un repertorio que definiese lo que soy ahora y que hiciese un retrato de lo que soy y de cómo me siento en estos momentos. La selección que he preparado se ha gestado a partir de eso. Aunque hay canciones antiguas, siguen hablando de mí y sigo sintiéndome cómodo con ellas. Así es como he hecho la selección. Está claro que podría haber escogido un repertorio de otra manera, pero me parecía que esta era la forma de estar cómodo en el escenario. Yo necesito estar a gusto y creerme lo que hago. Por eso hay temas que he eliminado simplemente por la temática del texto o de la letra, y otros por la forma de las melodías o por la manera en que se cantan. Pretendo que el concierto me quede bien ahora. No tengo ninguna gana de tratar de emular a la persona que era antes.
En las giras siempre toco canciones que me tienen contento y con las que estoy bien
-Y eso que, en tu caso, caer en la nostalgia sería facilísimo...
-Sí, pero no es lo mío, la verdad. Yo siempre he mirado mucho hacia el futuro. Creo que en mi obra ha habido bastante melancolía, pero no creo que haya habido mucha nostalgia en mis canciones. Entonces tampoco quería añadir algo que no existe en mi vida. No soy una persona que mire mucho hacia atrás. No lo he sido nunca y no me da ninguna satisfacción. Quería ver quién soy ahora y que el repertorio escogido cuente quién soy.
-¿En algún momento has sentido cansancio al tocar esos temas que llamamos himnos generacionales?
-No, la verdad es que trato de escoger siempre temas que me hagan sentir a gusto en ese momento. Además, como tengo la suerte de tener un montón, he podido a lo largo de mi carrera quitarlos y volver a meterlos cuando me ha apetecido. Se me notaría muchísimo en el escenario si tocase algo con lo que no estoy cómodo. Soy mal actor y finjo muy mal. Siempre toco canciones que me tienen contento y con las que estoy bien. Como te digo, a mí la falsedad se me nota enseguida. Me lo notarías al momento.
-Pero no puedes dejar de tocar 'Años 80' o 'Turnedo'...
-'Años 80' la dejé de tocar hace muchos años. Durante un tiempo no la cantaba porque le tenía un poco de manía. A las canciones se les coge manía igual que a los jerséis. Pero cuando eso me sucede las sustituyo y toco otras. Sé que ese momento pasará y volveré a tener ganas de ellas. Además, tengo la suerte de que a algunas no les cojo manía nunca. Por ejemplo, 'Turnedo'. Cuando estás en la época de los ensayos, interpretar ese tema es aburridísimo. Pero en cuanto subes a un escenario, la tocas y el público empieza a cantarla, 'Turnedo' cobra esplendor. Muchas veces las canciones son del público, porque es la gente la que las hace grandes. Nosotros solo estamos ahí para representarlas o para hacer de intermediarios con quienes las escuchan. Pero es la gente la que hace grandes las canciones, y eso es lo mejor de este trabajo.
Tengo un trabajo muy bonito y que me gusta mucho; es vocacional y nunca te lo acabas
-¿Cómo se mantiene la ilusión tras tantos años componiendo, grabando y saliendo de gira?
-Tengo un trabajo muy bonito y que me gusta mucho. Es vocacional. Al igual que sucede en otros oficios, en la música, por mucho que aprendas, nunca te lo sabes todo; nunca te lo acabas. No te ves en ningún momento pensando que ya no queda ningún camino por recorrer.
-¿No tienes en ningún momento sensación de estar en un bucle?
-No. Este trabajo tiene varias partes. Por un lado está la composición, que es apasionante. A medida que vas escribiendo un tema te crees que sabes más y, de inmediato, te das cuenta de que sabes menos. Esa es una magia fantástica que tiene la música. Por otra parte está el momento de entrar en el estudio, que también es alucinante y que tampoco te lo acabas nunca. Más tarde llega la fase de hacer conciertos y, cuando te vas cansando de cada cosa, te toca la siguiente fase. Son tres ciclos muy divertidos que se complementan muy bien. Mientras compones estás totalmente centrado en escribir temas nuevos; mientras grabas estás llevando a cabo toda la teoría, y cuando tocas no tienes que hacer nada más que cantar canciones y disfrutar del público. Todo eso es lo que hace que tenga ilusión todo el rato. Es un oficio precioso.
-O sea, que eres feliz...
-Soy bastante feliz. Podría hacerme la víctima, pero sería injusto porque soy feliz.
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