ALICANTE. Dicen que hay lenguajes universales y pocos afinan tanto como la música. Alicante lo comprobará este fin de semana, cuando más de un centenar de voces procedentes de distintos puntos del país se den cita en el III Encuentro Coral de Antiguos Alumnos de Jesuitas, una iniciativa que vuelve a convertir la ciudad en punto de encuentro de cultura, fe y solidaridad.
El evento, bajo el lema “Unidos por la voz”, se articula en torno a dos citas principales: un concierto benéfico el sábado 25 de abril a las 19:30 horas en el Colegio Inmaculada Jesuitas y una misa de acción de gracias el domingo 26 a las 12:00 en la Concatedral de San Nicolás.
Porque aquí no solo se canta: también se suma. La entrada será libre, aunque con aportación voluntaria destinada a la obra social Nazaret, reforzando el carácter solidario de una cita que va más allá de lo musical.
Cuatro corales, un mismo latido
Alicante ejercerá de anfitriona con el Coro Inmaculada, que compartirá escenario con la Coral Sant Ignasi de Barcelona, el Coro Ars Viva de Bilbao y el Coro Nuestra Señora del Recuerdo de Madrid. Cuatro estilos, cuatro trayectorias y un mismo hilo conductor: la pasión por la música coral y su capacidad para unir.
El repertorio promete un viaje que va de lo sacro a lo popular, pasando por clásicos universales y guiños contemporáneos: desde Haendel, Bach o Vivaldi hasta arreglos de musicales como Los Miserables o Sonrisas y lágrimas. Una mezcla que busca emocionar tanto al oído experto como al espectador ocasional.
Mucho más que un concierto
El domingo, la música se trasladará a la Concatedral de San Nicolás en una misa de acción de gracias que reunirá a las corales participantes junto a otras voces invitadas, en un formato que combina liturgia y espectáculo coral.
Porque si algo define este encuentro es su capacidad para ir más allá del escenario: reforzar vínculos, recuperar recuerdos y demostrar que, cuando se canta al unísono, las diferencias desaparecen y solo queda lo importante.
Alicante, escenario y protagonista
La ciudad no solo acoge: también respira el evento. El skyline dibujado en el cartel, las sedes elegidas y el tejido colaborativo evidencian que Alicante vuelve a situarse como un enclave capaz de mezclar tradición, cultura y compromiso social.
Al final, como en el fútbol cuando el partido se decide en los últimos minutos, todo se reduce a una cuestión de fe… y de fe bien afinada. Porque este fin de semana, Alicante no solo escuchará música: la sentirá.