Comunitat Valenciana

Ábalos: 24 años de cárcel para un dirigente histórico del socialismo valenciano

  • Ábalos, en su comparecencia para abandonar el Grupo Socialista en 2024.
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VALÈNCIA. Día negro para el socialismo español y valenciano. El Tribunal Supremo sentenció este lunes a 24 años y tres de meses de prisión al exministro y ex secretario de Organización del PSOE, José Luis Ábalos (Torrent, 1959), por "graves" delitos de corrupción en el denominado 'caso de las mascarillas'.

Una conducta que el TS ha decidido condenar de una manera ejemplarizante advirtiendo del peligro que supone "el deterioro de la confianza ciudadana en el sistema político, al quebrar la expectativa de que el poder democrático se ejerce en beneficio del conjunto de la ciudadanía". "Una sociedad que percibe que quienes ocupan posiciones de poder actúan guiados por intereses privados, o ajenos al servicio público para obtener un beneficio, experimenta una pérdida de legitimidad institucional, que compromete la estabilidad del propio sistema", subrayan en la nota que resume la sentencia.

De esta manera, termina la historia política del otrora poderoso dirigente valenciano, que durante lustros sostuvo un respaldo en el Cap i Casal suficiente para formar parte de los equipos ganadores en procesos internos o de resistir si su apuesta era derrotada en los congresos.

 

 

Más allá de que, tras ser defenestrado por Pedro Sánchez en 2021, Ábalos había ido perdiendo de forma rápida y progresiva su capacidad de influencia, esta sentencia no deja de ser un golpe para el PSOE, pero también para los socialistas valencianos, debido al peso que durante décadas tuvo el dirigente en la estructura local y autonómica, aunque desde el estallido de su caso dirigentes como la propia líder del PSPV, Diana Morant, se hayan esforzado por apartar al exministro de las siglas.

València capital, su área de influencia histórica

Ábalos comenzó su andadura política con cargos institucionales de tercera fila en los años 80 como jefe de Gabinete de la Delegación del Gobierno y posteriormente en este mismo puesto en la Conselleria de Trabajo. Poco a poco, supo crecer y hacerse fuerte en la capital, donde llegó a tener el control de la mitad de distritos de la ciudad, empezando por el suyo, València Nord. 

Así pudo alcanzar la Secretaría General de la capital en el año 1995, lo que le sirvió para convertirse en concejal cuatro años después, como número dos en la candidatura que encabezó Ana Noguera. Unos comicios en los que arrasó Rita Barberá con 20 concejales y un 53% de los votos.

Asalto fallido al liderazgo del PSPV

El PSPV atravesaba un mal momento. Eduardo Zaplana se imponía también con mayoría absoluta en las elecciones autonómicas, en este caso al exministro Toni Asunción, que acabó como candidato tras el portazo del secretario general y aspirante a la Generalitat, Joan Romero, quien decidió abandonar tras verse desautorizado en la elaboración de las listas.

Tras un turbulento congreso extraordinario en 1999 en el Palacio de Congresos de Valencia, donde venció Ignasi Pla pero dimitió tres días después forzado por Ferraz ante la división existente, el PSPV-PSOE se enfrentó a un cónclave de infarto en el año 2000 que tuvo lugar en Alicante con la participación de varios candidatos: es aquí donde irrumpe Ábalos en el escenario autonómico, que contaba con el apoyo del entonces secretario de Organización del PSOE, Pepe Blanco.

Sin embargo, Pla volvió a resultar vencedor, en este caso por apenas una decena de votos. Un duro golpe para Ábalos, que nunca volvió a tener tan cerca la posibilidad de liderar el PSPV-PSOE, si bien la campaña y apoyos recogidos en este proceso le sirvieron para disponer de cierta influencia en comarcas al margen de la capital, donde seguía gozando de apoyos relevantes. Dejó entonces el liderazgo en la ciudad y se incorporó a la ejecutiva nacional como vicesecretario general.

En paralelo, en el ámbito institucional, permaneció como concejal hasta el año 2009, año en el que entró como diputado en las Cortes Generales como sustituto de Inmaculada Rodríguez-Piñero. Desde el punto de vista orgánico, primero amagó con volver a aspirar a la secretaría general del PSPV, para después, tras constatar sus dificultades para lograr los avales, cerrar una alianza con el alcalde de Alaquàs, Jorge Alarte, que alcanzó el liderazgo del PSPV en septiembre de 2008.

  • Ábalos, en un mitin durante su etapa como líder provincial del PSPV hace una década. Foto: EVA MÁÑEZ

Tras la derrota electoral de este último en 2011, los socialistas valencianos se encaminaron hacia otro proceso orgánico conflictivo. Ximo Puig, apoyado por el denominado 'lermismo' (el sector del expresidente Joan Lerma) y también del 'pajinismo' (Leire Pajín) de Alicante, partía como favorito en el congreso celebrado en abril de 2012 en Alicante. Ábalos mantuvo su respaldo hacia Alarte, que perdió con claridad el congreso por 61% a 34%, lo que daba paso a una nueva etapa en la formación socialista.

De nuevo el protagonista de esta historia supo maniobrar. Con el apoyo de buena parte del denominado 'ximismo', se alzó con el triunfo en el congreso provincial de Valencia celebrado en junio de aquel año frente al alcalde de Faura, Toni Gaspar, del sector 'alartista' y próximo a otros jóvenes alcaldes como Carlos Fernández Bielsa (Mislata). Un cargo orgánico que le permitió seguir repitiendo en puestos de salida en el Congreso de los Diputados.

Resurrección 'sanchista'

Así, el 'abalismo' resistía, pero comenzaba a sentir el peso del dominio del presidente de la Generalitat, Ximo Puig. Es a finales de 2016 cuando, tras la caída de Pedro Sánchez como líder del PSOE, el dirigente hoy condenado ve una oportunidad en apostar por la resurrección del secretario general dimitido. 

Esta es la decisión que cambia la historia de José Luis Ábalos para siempre. Buen estratega y con profunda experiencia en los procesos orgánicos del partido, se convierte en una de las personas del círculo de confianza de Sánchez, que finalmente vence en las primarias frente a la andaluza Susana Díaz, que contaba con el respaldo de buena parte del aparato y de los históricos del PSOE, y a Patxi López.

Ábalos pasa a serlo todo. Primero fugazmente portavoz en el Congreso; después secretario de Organización del PSOE y, finalmente, ministro de la siempre potente área de Fomento (posteriormente Transportes). 

Su designación como 'número dos' del partido reactiva a sus huestes en el territorio valenciano, que además empiezan a sumar aliados por parte de otras facciones socialistas que no se encontraban cómodas o no se sentían bien tratadas por parte del presidente de la Generalitat, Ximo Puig, o por su entorno.

  • Puig, Sánchez y Ábalos, en un mitin de 2017. Foto: EVA MÁÑEZ

De hecho, Pedro Sánchez no olvida que el líder del PSPV fue uno de los dirigentes que participó en su caída. Ya sea por su orden directa o por propia iniciativa de Ábalos, surge una alternativa a Puig para la Secretaría General de los socialistas valencianos encarnada en el alcalde de Burjassot, Rafa García. Un intento de forzar una bicefalia para quitarle el poder orgánico al presidente de la Generalitat, que gana el pulso pero sufre un 42% de contestación.

No importa. Ábalos está de dulce: una vez lanzado el desafío anterior, llega a un acuerdo con las tropas de Puig para que sea una de sus personas de máxima confianza, la diputada Mercedes Caballero, la que le sustituya al frente del PSPV provincial de Valencia. Este acuerdo no impide que, pocos meses después, sus afines en este caso con Maite Girau a la cabeza, traten de descabalgar -sin conseguirlo- a Sandra Gómez, afín a Puig, del liderazgo de la capital.  

En junio de 2018 llega su nombramiento como ministro de Fomento, lo que le confiere, junto a la Secretaría de Organización del PSOE que sigue manteniendo, un poder institucional y orgánico con muy pocos precedentes. Es el principio del fin para el dirigente valenciano; la etapa de donde provienen las actuaciones juzgadas.

Tres años después de su designación, Sánchez decide prescindir de Ábalos en el Gobierno de España y también en el partido de forma sorpresiva. Las verdaderas razones del presidente para esta ruptura nunca fueron desveladas, si bien siempre se ha especulado respecto a que algunas de las andanzas del ministro habrían llegado hasta la Moncloa. Sin embargo, Sánchez nombró como secretario de Organización del PSOE a Santos Cerdán, que sería detenido cuatro años después también por presunta corrupción y ahora a la espera de juicio.

Ahora, aunque ya nadie -o casi nadie- defiende a Ábalos en el PSPV y la gran mayoría de sus afines han buscado cobijo en otras 'familias' socialistas, llega una sentencia de la que la federación valenciana pretende desmarcarse por completo. Algo sólo al alcance de los que tienen poca memoria, dado que su trayectoria en el partido es relevante y conocida y porque no hace tanto una parte nada desdeñable de esta fuerza política en la Comunitat buscaba su favor y protección.

 

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