Manuel Pineda abre una nueva etapa política tras oficializar su dimisión como alcalde de Rafal y asumir la Subdelegación del Gobierno en Alicante. Con una trayectoria de más de tres lustros en la política municipal y autonómica, el dirigente socialista afronta el cargo con la intención de reforzar la presencia del Estado en el territorio y estrechar la relación con los ayuntamientos. En esta entrevista, repasa los motivos de su decisión, sus prioridades inmediatas y el balance de su gestión al frente del consistorio.
Tras oficializar su dimisión como alcalde, ¿cómo afronta este nuevo reto como subdelegado del Gobierno?
Con bastante ilusión y también con responsabilidad. Creo que estoy preparado porque no es un salto improvisado: son 15 años como alcalde, ocho años en Les Corts Valencianes y más de una década de trabajo orgánico en la Vega Baja. Todo ese recorrido me ha permitido conocer muy bien el territorio, sus necesidades y también cómo funcionan las administraciones. El cargo de subdelegado, muchas veces, parece algo lejano para la ciudadanía, y precisamente el reto es ese: hacer cercano lo que parece lejano, estar en contacto con los ayuntamientos y trasladar las políticas del Gobierno de España al día a día de los municipios.
¿Cómo se fraguó su nombramiento y qué le llevó a aceptar?
Fue un proceso que se inició hace tiempo. Me lo plantearon en un momento en el que yo tenía una situación personal complicada, que era conocida, y eso me hizo pensarlo mucho. No fue una decisión rápida. Lo hablé con mi familia, valoramos pros y contras y, finalmente, entendimos que era un buen momento. Llevaba casi 15 años en la alcaldía y quedaba algo más de un año para las elecciones, lo que permite que el equipo de gobierno pueda seguir su camino y demostrar su valía. Además, el reto era importante. Incluso tuve que ponerme al día sobre algunas funciones concretas del cargo, porque es una figura que muchas veces no se conoce bien.
Ese componente personal ha sido determinante. ¿Cómo reaccionó su entorno?
Al principio con dudas, lógicamente. Veníamos de meses complicados a nivel personal y la primera reacción fue preguntarme si realmente era el momento adecuado. Pero al final, la decisión se toma en casa. Mi mujer fue clave: si ella daba el visto bueno, para adelante. Sabíamos que implicaba cambios y cierta inestabilidad al principio, pero también que era una oportunidad importante. Ahora lo afrontamos con ilusión y con la idea de adaptarnos poco a poco a esta nueva etapa.
Deja la alcaldía y también su faceta como médico. ¿Cómo vive ese doble cambio?
Para mí la medicina siempre ha sido una vocación. Cuando me fui a Les Corts en 2015 lo hice con la idea de volver a mi consulta en algún momento. De hecho, desde 2023 he retomado parcialmente la actividad médica, porque necesitaba cerrar ese ciclo. Pero también soy consciente de que llega un momento en el que hay que dejar paso a las nuevas generaciones. Hoy me he despedido de mis compañeros y les he dicho que volveré, medio en broma, medio en serio. La política es cambiante y este cargo depende de lo que ocurra a nivel nacional, así que nunca se sabe.
Asume el cargo en un contexto político con elecciones en el horizonte. ¿Cómo analiza la situación?
Es un momento complejo, pero también interesante. Yo creo que Pedro Sánchez puede mantener o incluso mejorar sus resultados, porque la ciudadanía valora las políticas sociales que se han puesto en marcha. Lo que sí me preocupa es la fragmentación de la izquierda. Si ese espacio no se organiza bien, puede perder representación, y eso ya lo hemos visto en la Comunitat Valenciana. Al final, de lo que se trata es de consolidar una mayoría progresista que permita seguir avanzando.
Deja atrás 15 años como alcalde. ¿Cree que el proyecto en Rafal queda consolidado?
Sí, sin duda. Es verdad que en municipios pequeños la figura del alcalde tiene peso y arrastra votos, incluso de personas de otras ideologías, pero esto no es solo una cuestión personal. Hay un equipo detrás, desde el primero hasta el último de la lista, que trabaja y tiene su propia base de apoyo. Los proyectos que hemos desarrollado han sido colectivos y han funcionado, así que estoy convencido de que el equipo está preparado para continuar y revalidar la confianza de los vecinos.
¿Qué balance hace de estos años al frente del Ayuntamiento?
Han sido años intensos, con momentos muy duros. La DANA de 2019 y la pandemia marcaron una etapa complicada, pero también sirvieron para reforzar la unión del pueblo. En cuanto a los momentos difíciles, también ha habido situaciones internas complejas, con conflictos que han sido un quebradero de cabeza. Pero si me quedo con algo positivo, no es una obra concreta. No soy un alcalde de grandes infraestructuras que quedan para la historia, sino de trabajo diario. La mayor satisfacción es ver cómo Rafal ha cambiado, cómo se ha transformado en un municipio dinámico a nivel cultural y deportivo, y escuchar a la gente reconocer ese cambio.
¿Se deja alguna asignatura pendiente?
Sí, el proyecto de las casas baratas. Es algo por lo que hemos luchado durante años, con distintos gobiernos autonómicos, y todavía no ha visto la luz. Es una deuda con los vecinos y espero que el equipo de gobierno siga trabajando en ello. Desde mi nueva posición intentaré ayudar en lo que esté en mi mano, aunque sea competencia autonómica.
Como subdelegado, ¿qué puede hacer para reforzar el papel de la Vega Baja?
Lo primero es creérselo. Existe una sensación de que la Vega Baja está olvidada, y eso hay que revertirlo. No podemos estar siempre a la cola. Cuando me toque hablar con los ministerios, trasladaré las necesidades de la comarca. Evidentemente, tengo que trabajar por toda la provincia, pero la Vega Baja va a estar muy presente. Se trata de exigir lo que corresponde y de que se nos tenga en cuenta.
¿Cuáles serán sus primeras líneas de actuación en el cargo?
Lo primero será conocer a los mandos y al equipo de la Subdelegación. A partir de ahí, empezar a trabajar en coordinación, especialmente en materia de seguridad, que es uno de los pilares del cargo. Ya hay previstas juntas de seguridad en distintos municipios, y la idea es ir recorriendo el territorio para conocer de primera mano las necesidades de cada localidad. La Subdelegación no puede ser un despacho, tiene que estar en la calle, cerca de los ayuntamientos y de la ciudadanía. Ese es el enfoque que quiero darle desde el primer día.