EL PATRIMONIO INDUSTRIAL DE SAGUNTO  

Vivir en Wichita, trabajar en los Altos Hornos del Mediterráneo

24/02/2021 - 

VALÈNCIA. José María Lucía Lucía (Madrid, 9-6-1935) está de celebración. El Consejo de Administración del Instituto Nacional de Industria (INI), le va a nombrar presidente de la Empresa Nacional Siderúrgica, Sociedad Anónima. Entre sus distintos cargos también figura el de presidente de Altos Hornos del Mediterráneo (AHM), empresa siderúrgica constituida en 1971 para explotar la planta siderúrgica integral de Sagunto. 

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“Ya está bien de dar morfina a un enfermo. Hay que practicar la eutanasia”, declara Lucía. El presidente ha ordenado la paralización definitiva de la producción en el horno alto Nº 2. El primer trimestre de 1983 es un surtido de tensiones entre los trabajadores de AHM y la directiva. Huelgas generales, paros, manifestaciones y actos de desobediencia. Las protestas se extienden durante dos trimestres. En la décima huelga general de 1983, se contabilizan más de 40.000 personas.

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Se publica el Real Decreto Ley 8-1983 de reconversión y reindustrialización. El texto iba a acarrear el desmantelamiento de una gran parte de la industria pesada que se había instaurado en los primeros años del franquismo. Con la reconversión industrial, el Estado se desligaba de su pasado autárquico, se perseguía un ajuste de la oferta y la demanda de la producción del sector secundario y comenzaba un nuevo ciclo tecnológico. España se abría al comercio internacional. Entraba en la liga de los países de servicios. 

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Es 4 de febrero de 1984. Se cumple un año de que se decretara el cierre del horno alto Nº 2. Dieciséis días después, la Dirección ordena de nuevo la paralización de la instalación. Los trabajadores se niegan a cumplir la orden, según el acuerdo de la Asamblea General. El horno sigue encendido, pero el aprovisionamiento de mineral no llega. Disminuye la producción, aumentan las tiranteces entre directiva y trabajadores. Se jubila a 155 trabajadores, sin que hubieran negociado la jubilación. Se paraliza el tren de blooming (utilizado para laminar bloques de material). En marzo se dan huelgas de hambre, marchas y manifestaciones. Lucía ordena de nuevo paralizar el horno Nº 2, además de uno de los trenes y el horno de fosa. Comienzan a expedirse cartas de despido. 

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El INI obliga a dimitir a José María Lucía por haber aceptado la readmisión de algunos de los trabajadores despedidos. En la misma fecha, el socialista Felipe González, presidente del gobierno, al ser entrevistado en un programa de televisión indica que AHM no es un problema laboral, sino político y que el cierre de la planta se produciría en octubre de ese año, o antes. 

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El 1 de octubre de 1984 se apaga definitivamente la fábrica siderúrgica. En 1957 la fábrica dio empleo a 6.276 personas, su máxima ocupación. En el año del cierre, empleaba a 3.332 trabajadores. Aproximadamente 1000 accedieron a la jubilación anticipada, más de 700 se beneficiaron del fondo de promoción de empleo. De esta cifra, aproximadamente la mitad fueron recolocados en en Siderúrgicas del Mediterráneo (Sidrned), una nueva empresa que surgió de los vestigios de Altos Hornos del Mediterráneo. La sociedad se disolvió definitivamente el 13 de enero de 2004.

Papá empresa. El utópico paraíso industrial de los obreros

“Mi abuela era de Sinarcas, emigró a Sagunto en búsqueda de una mejor calidad de vida. Mi abuelo ya nació aquí. Cuando Altos Hornos de Vizcaya (AHV) llega al pueblo e instala IV Planta Integral Siderúrgica de España no solo viene con la fábrica, construye barrios por la contornada para que puedan vivir los obreros, un economato, un casino, escuelas, un sanatorio… Incluso construyen una iglesia, la de nuestra Señora de Begoña, era una réplica de la nuestra Señora de Begoña del País Vasco. Desarrollan a nivel social el pueblo”. Daniel Muñoz Burgos es nieto de Francisco Burgos González, que entró en AHV en 1948, con dieciocho años recién cumplidos y de Vicenta Martínez Navarro. Nombres del éxodo rural que en en la década de los 50 abandonaron sus poblaciones de origen para conquistar lo que la exposición fotográfica Jóvenes obreros en el paraíso, comisariada por Miguel Ángel Martín y Gonzalo Montiel Roig, recoge: un paraíso para la clase obrera, una utopía en la que “el nacimiento, la educación, el ocio, el trabajo, la muerte y todo el ciclo biográfico, se vincula al ciclo productivo de la fábrica”. Las fotografías de la exposición, tomadas por Manuel Rodríguez Velo, fotógrafo de la siderúrgica, muestran a obreros en la sala de rehabilitación del sanatorio de AHV —“El Sanatorio era un taller de reparación para la mano de obra, mantenimiento de las herramientas”, agrega Miguel Ángel Martín—, fiestas en el Casino de Productores, al que solo podían acceder los cargos técnicos, procesiones organizadas por la empresa y estudiantes de la Escuela de Aprendices. “La fábrica formaba directamente a su futuro personal. Al terminar entraban directamente a trabajar. Muchos tenían la antigüedad en la empresa desde que se formaban”. 

En los álbumes familiares de Daniel se ven escenas de una joven familia en Churruca, uno de los grupos de viviendas construidos por AHV. “Mis abuelos vivieron toda la vida en el Grupo Churruca, primero en una vivienda que les tocó por sorteo en fábrica. Churruca es conocido como El Congo, un mote que adquirió por lo lejos que se encontraba de la fábrica. También se construyó el Grupo Salas Pombo, un barrio muy humilde conocido popularmente como ‘Bichita’. Bichita surge de Wichita, de cuando en la televisión echan films sobre los vaqueros en Wichita, Estados Unidos”. 

“La sociedad del Puerto estaba agradecida con AHV porque había instaurado una sociedad del bienestar, pero no era oro todo lo que relucía. Mi abuelo empezó a trabajar el día de los Santos Inocentes y decía que vaya broma le habían gastado. Era un trabajo muy duro. Murieron muchos trabajadores en fábrica”, añade Daniel Muñoz. 

Churruca es un núcleo obrero construido entre 1945 y 1960. Obra racionalista del arquitecto José Cort Botí. Su trazado hace una cuña circular con tres calles curvas paralelas. “Como si fuera el símbolo del wifi. En el centro se situó una plaza ajardinada con bajos comerciales. Estos barrios obreros estaban diseñados desde el punto de vista social, tanto unos como otros no solo tienen las viviendas que si los analizas a nivel estructural crecen alrededor de una plaza. No solo crearon un lugar de pernocta, sino que facilitaban que el trabajador no tuviera que desplazarse al centro del pueblo, que pudiera hacer vida en el barrio que le había tocado por sorteo”. El grupo contaba también con una escuela y una piscina a disposición de las familias que ocupaban 370 viviendas distribuidas en quince bloques. “Ahora es un barrio marginal y degradado, falta inversión pública para revitalizar la zona”. Otras barriadas como Ciudad Dormía —llamada así porque durante unos años estuvo construida pero no dormía nadie— o Baladre, la estampa de basura y abandono es similar. “Baladre se hace en los últimos coletazos del franquismo. Había un proyecto de modernizar y ampliar la planta siderúrgica. Se preveía que iba a aumentar la población en 100.000 personas. 

AHV también pensó en la vida de los ingenieros y cargos directivos que se mudaron a Sagunto. Construyó una zona residencial de chalets exclusivos que se inspiraban en la arquitectura vasca. La Gerencia, como se conoce a la ciudad de los ingenieros, era un área residencial que acogía también el edificio de Oficinas, el Casino y la cooperativa de productores. 

Carmel Gradolí fue el arquitecto del plan director de la Gerencia “Hay mucha voluntad y asociaciones, pero con la voluntad no basta, las cosas son cada vez más difíciles administrativamente”. El estudio de Gradolí, Gradolí & Sanz, es también el responsable de la restauración del alto horno Nº 2. “Estuvimos 20 años trabajando. En 1996 llevaba 12 años abandonado, estaba muy deteriorado. Desde Cultura se nos encargó que hiciéramos un estudio para la restauración con un sentido didáctico, para mostrar los restos siderúrgicos. Un proyecto que recuperaba la imagen”. Carmel se lamenta de las trabas administrativas y la lentitud que impiden que se realicen con celeridad las reparaciones que requiere el horno alto y que la Gerencia salga de la dejadez en la que se encuentra.

Del abandono al patrimonio industrial

De ferralla a patrimoni. El procés de patrimonialització de les antigues instal·lacions siderometal·lúrgiques de Port de Sagunt (1984-2014), es una investigación de Julio Bodí Ramiro que analiza cómo “el constructo patrimonial es capaz de atribuir un nuevo valor y un nuevo uso a los restos del pasado que, una vez obsoletas y descontextualizadas, han perdido su funcionalidad en el presente”. Bodí recoge la transformación de la pequeña ciudad factoría de Sagunto en un gran legado que corre el peligro de convertirse en un museo romantizado del sector siderúrgico del pasado o en un circo al servicio de los intereses políticos en vez de en un archivo extenso que recoja la memoria del pasado industrial.  

“Cuando se desmantela la fábrica se tira casi todo y se hace un polígono industrial. Casi 10 años después de la reconversión, hay gente que empieza a fijarse en el patrimonio que cada en pie, cada uno desde su punto de vista. Hay quien ve la gerencia como un pulmón verde, otros colectivos se acercan desde la cantidad de equipamiento, otros como patrimonio. Nace una corriente que reivindica esos espacios como públicos o patrimoniales. Empezamos a movilizarnos, sobre todo en la Gerencia, y ahí llegaron las mentiras. En la antigua nave de talleres, el PP se sacó de la chistera la Ciudad de las Artes Escénicas. Entró Consuelo Císcar. Llegó la megalomanía. Que fue una engañifa y fue una gran mentira. El proyecto que se vendió era para la Gerencia, pero al final solo se intervino en la nave, que era de la SEPI”, cuenta Martín. “Hasta entonces hablar de patrimonio industrial era hablar en chino. La gente lo rechazaba. La época de la reconversión se vivió como un año y medio muy intensos de lucha. Se sentía que se había perdido la batalla. ‘Esto lo que hay que hacer es volarlo’, recuerdo que me decían cuando empezamos la movilización para poner en la agenda política la Gerencia”. 



“El problema del patrimonio industrial de Sagunto es el mismo que el del patrimonio histórico, se supone que el ministerio es titular pero no pone un duro. Al final lo que fallan son las herramientas de gestión”.  Martín insiste en que La Fundación de Patrimonio Industrial y Memoria Obrera, encargada de velar por la protección patrimonio industrial y crear un museo y un archivo, no puede por sí misma gestionar toda la herencia patrimonial. «La fundación puede que tenga que existir como depositaria, pero para el museo y la dinamización de los espacios tendrá que que ser un consorcio entre el Ayuntamiento, la Generalitat, la Fundación y la Diputación. Altos Hornos ha sido el Puerto de Valencia. El Puerto de Valencia estuvo en su día en la Fundación pero se fue. No pone ni un duro”. 

“EL PROBLEMA DEL PATRIMONIO INDUSTRIAL DE SAGUNTO ES EL MISMO QUE EL DEL PATRIMONIO HISTÓRICO, SE SUPONE QUE EL MINISTERIO ES TITULAR PERO NO PONE UN DURO. AL FINAL LO QUE FALLAN SON LAS HERRAMIENTAS DE GESTIÓN”

En la nave, la Generalitat consiguió la propiedad. “Estamos esperando unas obras de rehabilitación que no sabemos adónde llevan”. El descontento por la implicación de los órganos administrativos es compartido por Maria Hebenstreit, integrante del Patronato de la Fundación. “El gran problema es la magnitud de patrimonio. Cuando entré en el Patronato en 2018 y fuimos a actuar como fundación, se nos presentaron un montón de problemas de carácter legal. Hay deudas que nadie sabía que existían”. El Ayuntamiento saneó las cuentas pendientes, pero según la Fundación ni el presupuesto disponible ni la forma de organización pueden abordar el legado arquitectónico, industrial y social de Sagunto, urbe en la que se firmó el primer convenio colectivo. Un símbolo del nacimiento de la liberalización económica que transformó el país. 

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