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EL CABECICUBO DE SERIES, DOCUS Y TV 

Minero de país rico, minero de país pobre

Han coincidido en el mes de enero de 2019 dos documentales de televisiones públicas sobre la minería. Uno en España, sobre las minas de Yerada, en Marruecos, donde los trabajadores no tienen condiciones de seguridad, ni siquiera empresas que les contraten, solo adquieren derecho a entrar a la mina si le venden el carbón que extraen a un intermediario. Y otro en Estados Unidos del programa Frontline, que ha detectado que por un error burocrático en la regulación de seguridad, durante 40 años miles de mineros han estado expuestos a polvos tóxicos y ahora las enfermedades pulmonares son una epidemia

2/02/2019 - 

VALÈNCIA. Desgraciadamente, la Brigada Central de Salvamento Minero ha ocupado la actualidad española durante las últimas semanas. Una celebridad que ha servido para que en las redes se abran múltiples debates sobre la profesión minera. Por casualidad, durante estas semanas también se han emitido importantes reportajes en dos televisiones públicas sobre el gremio. La última entrega de En Portada, de Televisión Española, La mina o la nada. Y Coal´s deadly lust en Frontline, el programa de investigación periodística de Public Broadcasting Service  (PBS), la televisión pública estadounidense.

El documental de Luis Pérez viajaba a Marruecos para adentrarse en las minas de Yerada. De la mano de un minero, Abdelrrazak Daoui, se introducían en las galerías y mostraban las condiciones precarias en las que trabajan los mineros de la zona. Un reportaje como los habituales de este programa, pero que en esta ocasión cuenta con el complemento de una "experiencia digital" en la web de RTVE.

Con su habitual estilo sobrio y sin bandas sonoras espectaculares, En Portada mostró el mecanismo de explotación de las minas de una región rica en carbón de la geografía marroquí. Los mineros no eran contratados por los propietarios de las minas o empresas que tengan la licencia de explotación. Simplemente, puede bajar quien quiera, pero luego tiene la obligación de vender el carbón que extraigan a los propietarios llamados "los barones".

Se trata de la segunda región más pobre de Marruecos. Las condiciones en las que bajan a las galerías son precarias. También la explotación bajo tierra. El 22 de diciembre de 2017 se hundió un túnel sepultando a los primos de Abdelrrazak. Todos murieron, tardaron tres días en sacar sus cuerpos. En los últimos veinte años, han muerto veinte jóvenes.

No hay medidas de seguridad con un protocolo y un control, se trabaja sin cascos, mascarillas o trajes. Dentro de la mina, cuenta el documental, los trabajadores saben que cualquier error que cometan lo pagarán con la vida. "Asumen tantos riesgos que hablan sin complejos de su relación con la muerte", sentencia. Hay tramos de la mina que solo tienen una altura de 30 centímetros.

El sistema de explotación tiene su centro en los llamados "barones". Fijan el precio del carbón y lo compran a través de intermediarios. Son quienes poseen las licencias, pero no han instituido empresas de explotación. Permiten bajar a cambio de comprar en exclusiva el mineral extraído, que luego venderán tres veces más caro. No ponen nada de su parte.

En la región hay dos mil enfermos de silicosis. Los mineros pierden hasta un 70% de capacidad pulmonar. El hospital de Yerada es el centro de referencia para enfermedades pulmonares de todo Marruecos. La buena noticia es que el Ministerio de Minas ha retirado las licencias y está planeado que cooperativas de mineros exploten los recursos y le vendan el carbón al estado, aunque el programa no pudo confirmar que este nuevo modelo ya esté implementado.


Los hallazgos de Frontline en Estados Unidos, paradójicamente, no son muy diferentes, aunque existieran durante años organismos encargados de la seguridad de los trabajadores. La investigación se inició con la aparición sistemática de casos de la enfermedad de los pulmones negros. En la primera parte del documental, el periodista visita a algunos afectados y sin trabajadores de solo 4o o 50 años, ya enganchados a botellas de oxígeno. Gente muy joven que no puede dar dos pasos sin ahogarse.

En el hospital Stone Mountain Clinic, de South Western Virginia, un médico comenta que entre 2014 y 2017 ya se habían registrado 400 casos, pero calcula que a estas alturas, desde 2010, debe hacer como el doble. Incluso más. El mismo doctor dice: "Ellos han pagado el precio para que podamos tener lujos".

Los enfermos tienen que ir a clínicas de rehabilitación cuatro o cinco días por semana y hay más patologías asociadas a la enfermedad, no poder respirar les genera ansiedad que deriva en depresión. Se cita el caso de Danny Smith, de 47 años, que antes de iniciar la rehabilitación no aguantaba en la cinta de andar ni diez minutos.

La conclusión de la investigación es escalofriante. Durante décadas, el gobierno sabía que la exposición al carbón estaba causando daños. La Administración Federal de Seguridad y Salud de Minas registró desde 1986 del orden de 21.000 casos de exposición al sílice, el polvo que no es el del carbón, sino el de la arenisca que se pulveriza para llegar a él.

Los controles de seguridad fallaron a la hora de analizar las condiciones en las que estaban trabajando los mineros. Cuando picaban atravesando montañas o bloques de roca para llegar a nuevas vetas de carbón, no se hicieron análisis del aire en el que trabajaban porque no se consideraba una labor minera al no haber carbón involucrado. Ese polvo era todavía peor

Actualmente, existe un pleito también contra los fabricantes de máscarillas. Muchas veces se atascaban, dicen los mineros entrevistados, y no podían emplearlas. Tampoco las empresas estaban obligadas a exigir su uso, solo a suministrarlas. Ya hubo documentación en la época de la administración Clinton que alertaba de las enfermedades entre los mineros, de que algo estaba fallando. Resulta que la regulación de la exposición al polvo de sílice no había funcionado durante cuarenta años. Los aumentos de producción de las compañías solo aceleraron el problema y lo multiplicaron. La conclusión de los periodistas es que estas epidemias se podrían haber evitado si la propia agencia de seguridad hubiese mostrado más atención a los datos que ella misma recopilaba. Marruecos y Estados Unidos, tan lejos, tan cerca.

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