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el sur del sur / OPINIÓN

Mazón, el ungido, ¿también para el viejo PSPV?

8/12/2019 - 

A nadie escapa que el retorno de Carlos Mazón a la primera línea de la política ha generado cambios importantes para la política provincial de Alicante y, por extensión, de la Comunitat Valenciana. Su nombre venía sonando desde hacía tiempo: al principio se le vinculó con Ciudadanos -dicen que la formación naranja pensó en él- y desde que Pablo Casado ganara las primarias, primero, y el congreso nacional del PP, después, su amigo, Teodoro García-Egea le fue buscando un hueco en una lista municipal para que siempre tuviera la opción, si se daba el caso, y el resultado, de volver a la Diputación de Alicante. Y en esa operación, como hemos repetido en infinidad de ocasiones, tuvo un papel muy importante el actual alcalde, Luis Barcala, quien lo puso de número dos en su candidatura para que García-Egea viera cumplido su objetivo, mientras el resto de candidatos ciscaristas de la comarca de L'Alacantí se hacían los suecos. 

Ese interín, entre que entró en la lista local de Alicante, y las elecciones municipales del 29 de mayo, también sabemos lo que pasó. El titular de la plaza, César Sánchez, temoroso de una derrota en el Palacio Provincial y ante el oprobio de quedar cuatro años instalado como concejal de un municipio de la Toscana alicantina, y líder de la oposición, prefirió el encargo engañoso de encabezar la lista del Congreso por Alicante para tener siempre un asiento caliente al que agarrarse a la espera de mejores tiempos en la sede de Génova, donde él, con el marianismo reinante, y Cospedal ejerciente, siempre se movió con cierta holgura. Sánchez había cumplido con creces su objetivo, pese a haber abandonado durante cuatro años la herencia que se le encomendó: prefirió repetir mil veces la palabra Països Catalans ante el espejo, que le decía que era el más guapo de la Avenida de la Estación, como le encomendaron, a la espera de que siempre habría un futuro mejor en el cap i casal si Isabel Bonig se daba el castañazo (se lo dio el PP, no el centro derecha). La lugar teniente de la lideresa se coscó de la operación, y le repitió varias veces que no se podía alternar presidencia provincial y escaño en la Villa y Corte.

Cuando Sánchez se dio cuenta, Mazón, sentado en la alforja de Alicante, ya estaba en la puerta esperando su turno. Meses antes, al indolente edil de Calp, el propio Barcala ya le había impedido tal honor -la encuesta de Alicante ciudad no daba para dispendios de concejales, y menos perder uno para la diputación-. Los resultados del 29M salvaron el honor del PPCV: en Valencia y Castellón apenas había poder municipal; en Alicante se recuperaba alguna plaza y se daba vía libre a la operación Mazón: podía ser presidente de la Diputación de Alicante. Císcar, que a última hora había ido a rescatar a su antiguo delfín, también tuvo que dejar paso. Génova, pese a sus decepcionantes 67 diputados en Madrid, se veía triunfante. Bonig, también. Una amenaza menos (de momento), la de Sánchez. De momento.

El 19 de julio se produjo la primera entronización. García-Egea hizo de padrino; Ximo Puig se sumó a la solemnidad de la ceremonia: ni en los mejores sueños del bipartidismo la operación podía haber salido mejor. Ciudadanos no había ofrecido resistencia, más bien docilidad; el establishment empresarial ya tenía lo que quería, un interlocutor a pie de obra, y no perdido en campos de vergeles practicando el pat. Doctor Rico, también: líderes necesitados en Alicante. Puig para contener ese temeroso fenómeno que no existe en lo sociológico (en todo caso, en lo ideológico), que es el alicantón; Mazón para asentar la plaza e intentar dar el salto -como dicen muchos mentideros- a responsabilidades mayores dentro de la autonomía. La cuadratura del círculo perfecta. De nuevo.

Y cinco meses después, todo ha ido cumpliéndose: Mazón ha traído la normalidad en la Diputación de Alicante; la Generalitat, toda, los tres partidos, pero sobre todo el viejo PSPV, han dado carta de actor político riguroso y esencial a la institución provincial, no exenta de minúsculas escarazamuras, que podía resumirse en un intercambios de rehenes. Mazón le robó a Manuel Palomar al viejo PSOE, que lo daba por amortizado tras darle un portazo con el Grado de Medicina; la familia (Luis) Berenguer se la ha devuelto con el fichaje del empresario de Almoradí Antonio Alonso como comisionado de la Vega Baja, que ahora representará la acción del president en el granero del votos del PP. 

Y aquí es dónde surge la duda que comienza a tener más variables. ¿Se la ha devuelto Ximo a Mazón, o es que todo empieza a ser varias partes de un todo? Pues hasta hace poco, Antonio Alonso y el director general de Cámara, hoy presidente de la Diputación, e incluso Luis Berenguer (hijo), hoy en la agencia europea de Munich, eran hasta, hace poco, un todo (en lo personal), hasta el punto de que Mazón pensó (no sabemos si llegó a ofrecérselo) al propio Berenguer como director gerente de Suma, la entidad que recauda impuestos de la institución provincial, antes de que la cabeza de su titular rodara Rambla Méndez Núñez abajo. 

La incrédula sospecha de que todo se parece, o que muchos intereses confluyen, es que no oirás estos días a ningún alto cargo de la Generalitat, del PSPV, hablar mal de Mazón. Los de Compromís te lo resumen de esta manera: sigue la estela de Zaplana. Todos han sido recibidos en loor de multitudes en el Palacio Provincial, y muchos han aplaudido el nuevo talante del presidente de la Diputación y su contribución a rebajar la tensión territorial (o institucional) que algunos generaron o provocaron por sus aires de superioridad o por su interés político. 

Ahora bien, también hay que poner de relieve que este buenrollismo, sobre todo, el de Mazón, le ha dejado, de momento, sin relato político. El mensaje del PP en la Diputación de Alicante se ha empobrecido. De Ciudadanos no merece ni mención. No existe. Que el PP no lo tenga en la esfera territorial podría considerarse una asignatura superada, aunque haya quien viva de ese conflicto; ahora bien, que no lo tenga o no lo destaque en lo ideológico es preocupante para sus intereses, y los del PPCV, si de verdad aspira a responsabilidades mayores, como se comenta en los mentideros políticos. 

¿Con qué bagaje se presenta? Y máxime si el contexto de la política española o autonómica se complica, con mandatos cortos y gobiernos inestables, respaldados por fuerzas independentistas, como parece indicar. 

Todos sabemos que Carlos Mazón será entronizado en breve como presidente del PP de Alicante. También sabemos que una parte del PP lo tiene en su mente para asumir responsabilidades más altas. Pero si el viernes, en el acto de la Constitución, en Alicante, no le da un toque de atención al presidente de la Generalitat, Ximo Puig, sobre su discurso en favor del modelo federal, la sospecha de la luna de miel se hubiera extendido más de lo debido. Hubiera sido sonrojante para el militante de base del PP. Y no habría sido extraño que desde el público que se oyera un malintencionado !qué se besen, que se besen! La normalidad era necesaria, pero la adulidad da que pensar. Sabemos que Mazón va a ser el ungido, pero ¿también para el viejo PSPV? Desde luego, están cómodos con él.

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