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tiempos modernos

Javier Aznar: "Una novela es el equivalente a construir una casa para un arquitecto”

11/09/2019 - 

VALÈNCIA. Las veces que Javier y yo nos hemos encontrado -en cafeterías de librerías o en cafeterías a secas-, él siempre viene con un libro en la mano que acaba de comprar o de recoger y un cuaderno de piel, el Traveler’s Notebook de la casa japonesa Midori. Y va anotando cosas, como si se tomara en serio que la vida misma es un viaje que merece ser contado. Me gustan las personas que se entusiasman con los detalles pequeños y creo que Javier es una de ellas: “ El papel Midori es una maravilla y la cubierta de cuero hace que envejezcan con estilo. Además, tienen más personalidad que las omnipresentes Moleskine”. Le pido que sea mi invitado en esta nueva serie para Culturplaza y él acepta encantado. Javier es un tipo educado y tremendamente afable, le gusta la conversación sin prisa y deja que los temas se crucen en ella sin apenas organizarlos.

Resulta curioso que a alguien que le dé tanta vergüenza hablar en público -en Twitter lo hace bajo el pseudónimo de @guardian_el_- haya decidido estrenar un podcast. Quizás tenga que ver con la cercanía e intimidad del formato, quizás porque otra de las cosas que más le guste a Javier sea escuchar. A sus presentaciones acuden multitudes. Tiene amigos en todos los sitios. Es el perfecto anfitrión de estos tiempos modernos que vive el columnismo de nuestro país.

- ¿Qué hace un escritor cuando no está de promoción?
- Leer, agobiarte, desechar ideas para próximos proyectos, agobiarte más, hablar con editoriales, gastarte el adelanto en cosas que probablemente no necesites, mentir a amigos sobre tus próximos proyectos, escribir, odiarte, seguir escribiendo.

- Y cuando estás de promoción: ¿de verdad es tan horrible como todos dicen? ¿Te interesa algo el mundillo 
- Yo disfruto enormemente de la promoción, la verdad. Me lo paso muy bien en las charlas, en las firmas de libros, en las presentaciones, conociendo lectores, etc. Hablar de tu libro siempre da algo de apuro, pero al menos no es como en Estados Unidos, donde muchas veces tienes que leer partes de tu libro en alto ante mucha gente. Me pego un tiro antes. Hablar en público me cuesta algo por mi timidez, pero me lo tomo muy en serio. Es parte del trabajo. De hecho me he apuntado a clases de expresión oral para mejorar. Cuando la gente va a verte es importante intentar estar a la altura y no ser un pánfilo que mira al suelo y farfulla cuatro idioteces. Al menos que las cuatro idioteces suenen bien y con claridad. Qué menos. Nunca estaré tan cómodo como escribiendo, pero forma parte del proceso. A un deportista tampoco le gusta ir al gimnasio, pero lo hace y punto.

- ¿Cuál o cuáles han sido tus lecturas del verano?
- Pues te dicto la lista completa: Normal people - Sally Rooney, La idiota - Elif Batuman, Los asesinos de luna - David Grann, Hace mucho tiempo que vengo al taller y no sé a lo que vengo - Jorge de Cascante, La tentación del fracaso - Julio Ramón Ribeyro, Algunos cuentos de Maigret – Simenon y La luz negra - María Gaínza.

- ¿Cómo es tu proceso de escritura: eres de ordenador? Porque te veo que vas con el cuaderno a todas partes pero a la vez hablas mucho en tus columnas de Vanity Fair de gadgets y tecnología.
- Pues uso un iPad Pro con teclado. Me es muy útil combinarlo con el Apple Pencil para anotar ideas a mano. Y como herramienta trabajo con Google Docs para poder escribir en distintos dispositivos. Como app uso una que se llama Notability que descubrí gracias a un YouTuber estudiante de medicina de Cambridge llamado Ali Abdaal. También uso mucho el sistema de notas de Robert Green/Ryan Holiday para apuntarme ideas o anotar frases que me gustan.

- El libro que publicaste en Círculo de Tiza, ¿Dónde vamos a bailar esta noche?, es uno de los más comprados de la editorial: ¿te esperabas algo así en una primera obra?
- No. Miro otros grandes nombres del catálogo de la editorial y me siento orgulloso, halagado y con un ligero síndrome del impostor.

- Empezaste a escribir el blog Manual de un buen vividor en la revista Elle: ¿qué tal se te da la gimnasia de la escritura del columnista? ¿Encuentras siempre temas de los que escribir?
- Dice Seinfeld que lo mejor en la vida es encontrar esa tortura con la que te sientas cómodo. Así habla él de salir al escenario y hacer su número de stand up. Pienso igual. Te sientes miserable a veces, pero luego no lo cambiarías por nada.

- Escribes columnas muy a menudo en Vanity Fair o en el diario As pero en tu podcast Hotel Jorge Juan comienzas cada episodio con un breve relato de ficción que tú mismo narras: ¿has pensado en la novela alguna vez?
- Tengo mucho respeto a la novela. Es el equivalente a construir una casa para un arquitecto. Aunque se trate de la novela más humilde del mundo, tienes que ver que todo conecta y tiene sentido, cuidar mucho lo que no se ve, que tenga además un toque personal, distinto, original, sin olvidar que es para un público, no para la foto o para salir en revistas y suplementos culturales. Tampoco puedes caer en copiar a otros que te gustan o seguir modas por el aplauso fácil o ser demasiado recargado. Conseguir todo ese equilibrio es difícil. Tengo ideas, pero no me gusta precipitarme.

- ¿Qué autores no puedes dejar de leer?
- Tengo autores favoritos actuales. No sé si son los mejores, pero sí que me compraría mañana mismo su nuevo libro si saliera: Ian McEwan, Chuck Klosterman, Zadie Smith, David Sedaris, A.M. Homes, John Banville, Adrian Tomine.

- Después de una cierta polémica que hubo este verano a propósito de 'Cien años de soledad', ¿qué libro o autor crees que está más sobrevalorado?
- Este año me propuse volver a leer algunos grandes clásicos que siempre consideré algo sobrevalorados por mi juventud cuando los leí o porque, por lo que fuera, me costaron más. Libros como Trampa 22, La conjura de los necios o Madame Bovary. En el 100% de los casos mi visión ha cambiado. Es una obviedad, pero creo que cambiar de opinión sí que está infravalorado y mal visto. Por eso no me gusta ser demasiado categórico. Por otro lado, aunque esto no sea muy popular decirlo, creo que puede ser de gran utilidad leer un libro malo. Ves errores en los que podrías caer, fallos de estructura, problemas, etc. Es como un caso práctico. De todas formas, cuando leo siempre me quedo con un fogonazo, un personaje, una descripción, una frase, una idea. Diría que nunca tengo la sensación de haber perdido el tiempo al terminar el libro.

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