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NOVEDADES EDITORIALES

De la canción a la novela: la faceta literaria de Toteking, Mr. Perfumme y Confeti de Odio

Tres músicos nacionales, muy diferentes entre sí, nos hablan de cómo han dado el salto a la narrativa

16/07/2020 - 

VALÈNCIA. Hay músicos que las pasan canutas para inyectar letra a sus canciones. Es para ellos un trámite necesario, pero engorroso, que procrastinan hasta el extremo. No es tan raro que un grupo llegue al estudio de grabación con un par de temas en blanco, forzando así un proceso de escritura improvisado que, de hecho, a veces da resultados muy interesantes. Siempre se ha dicho que las letras de Yesterday de los Beatles y Losing my religion de R.E.M. surgieron en un rapto de inspiración fulminante. 

Otras veces, en cambio, no es la falta de tiempo, sino de “gracia”, la que explica esa sopa de imágenes manidas, versos predecibles y pareados de rima consonante en las que acaban convertidas muchas de las canciones que escuchamos en la radio. En resumidas cuentas: ser un buen músico no te convierte en un buen escritor de canciones. Y muchos menos de novelas.

Hoy hablamos del caso contrario. De aquellos que sí tienen la literatura grabada a fuego, hasta el punto de considerarse más escritores que músicos. Patti Smith no soñaba con el Grammy, sino con el Nobel. “No quería ser una estrella del rock. Soñaba con escribir un libro extraordinario que gustara a todos”, comentaba recientemente la artista norteamericana en una entrevista concedida a La Vanguardia con motivo de la publicación de su última novela, El año del mono (Lumen, 2020). Nick Cave, autor de dos novelas de ficción, Y el asno vio al ángel y La muerte de Bunny Munro, nos sirve también de ejemplo. El documental 20.000 días en la Tierra (2013) da comienzo con esta afirmación categórica: “Me llamo Nick Cave, soy un escritor, y este es mi día 20.0000 en la Tierra”. Casi cuatro décadas de carrera musical y más de veinte discos publicados no han sido suficientes para modificar un ápice esta idea. 

Toteking, debut en Blackie Books

Habitualmente, cuando un músico se involucra en un proyecto editorial, suele hacerlo de forma puntual y dentro de los parámetros del género autobiográfico. Sin ir más lejos, la editorial Chelsea, fundada por Alejandro Díez (Cooper), inició hace unos años una colección de libros cortos llamada Mis Cuadernos, en la que artistas como Isabel Fernández (Aries), Jorge Martí (La habitación Roja), Xoel López, Fran Nixon o Fernando Pardo (Sex Museum) recopilaban fragmentos de entrevistas, reflexiones personales, diarios de gira y fotografías de su vida cotidiana. Hace apenas unos meses, Nega (Los Chikos del Maíz) hablaba también en Culturplaza de su libro de memorias Llamando a las puertas del cielo (Akal). 

Toteking, otro rapero nacional de la vieja escuela, debutó también hace poco en el mundo editorial. Lo hizo, igual que Nega, al frisar los cuarenta años y optando también por el formato de libro de memorias. Solo que, en su caso, este volumen es en realidad un campo de pruebas para el salto a la ficción. Búnker (Blackie Books, 2020), que anda ya por su cuarta edición, es la antesala de una nueva faceta como novelista en la que le veremos debutar pronto. “Llevo unas cincuenta páginas y estoy lanzado, ilusionado. Lo que ando currando es algo loco, estoy tratando de dejarme llevar. Ahora mismo no puedo avanzar nada”, nos explica. “Búnker ha sido como romper la pared de una presa. No puedo parar de escribir ahora. Si termino algo digno y a Blackie le parece bueno, será otra enorme alegría. Sí, mi intención es seguir”. 

Toteking

El rapero sevillano cuenta además con un padrino de excepción, el escritor Enrique Vila-Matas. “La primera vez que me atreví a mandarle un texto a alguien fue a mi amigo Enrique Vila-Matas. Él me pidió algo para su web y yo, muerto de vergüenza, al final me animé a mandárselo. Al poco tiempo, envalentonado por haber sido capaz de escribir algo, le pregunté si creía que yo podía mandarle más textos a alguna editorial, y él me recomendó Blackie Books. Curiosamente, mi amigo el escritor Daniel Ruiz también me recomendó a Blackie cuando le mandé medio manuscrito para ver qué opinaba. Con ellos he aprendido a luchar los textos hasta el final, a replantear cuál es verdaderamente el foco del texto o del capítulo que tratamos, y a eliminar lo que sobra (incluso cuando duele). En definitiva, he aprendido muchísimo y estoy tremendamente agradecido por el curro que han hecho conmigo”.

Búnker son las memorias de infancia, adolescencia y de paso a la madurez de un artista al que no le asusta despojarse de vez en cuando de algunas convenciones del rap -el egocentrismo hiperbólico, el vacile y el torrente verbal chulesco- para adoptar en su lugar un tono confesional, y por momentos catártico. Licenciado hace ya muchos años en las lides del verso, Toteking se descubre aquí como un novelista en ciernes, que tiene las trazas del lector voraz y apasionado.

Lucas Vidaur, surrealismo literario para la Generación Z

“A Lucas Vidaur (Madrid, 1994) le gusta empezar la casa por el tejado, y este es su primer libro”. Acierta la editorial Walden al finalizar de este modo el texto promocional de El tejido de las cosas (Libros Walden, 2020). El músico madrileño, guitarrista de Axolotes Mexicanos y conocido también por su proyecto en solitario Confeti de Odio, debutó el pasado mes de marzo con una escueta novela que se lanza directamente a la experimentación narrativa. Vidaur apuesta por el tono surrealista y por un humor atravesado por un débil hilo de melancolía. Como si fuese una mezcla de Sin noticias de Gurbde Eduardo Mendoza, y La espuma de los días, de Boris Vian, pero trasladado al nuevo milenio y protagonizado por un joven socorrista de la Generación Z. Aunque, en realidad, las referencias que nos da el autor son otras: Richard Brautigan (“Me ha influido mucho a la hora de escoger una estructura de capítulos muy cortos y dinámicos. Me lo he leído todo de él, aunque quizás mis preferidos son La pesca de la trucha en América y En azúcar de sandía”) y David Foster Wallace (“Todavía voy por la mitad de La broma infinita, pero es sin duda de mis autores preferidos. Me encanta esa facilidad que tiene para coger un tema cualquiera, como la sonrisa, y dedicar páginas y páginas a analizarlo en profundidad con una brillantez increíble”). 

“No quería empezar con algo demasiado ambicioso en cuanto a longitud y complejidad estructural. Es como cuando empiezas en la música y te recomiendan que saques primero un single o un EP, antes de lanzarte con el LP. También me sentía más cómodo con un formato de pocas páginas y capítulos cortos porque es más parecido al proceso de escribir canciones, al menos las mías, donde solo tengo 15 o 20 versos, así que cada una tiene que ser oro. No te puedes permitir poner frases de relleno. Yo he tratado de conseguir eso en El tejido de las cosas, que no es una novela de trama y acción, sino de atmósferas. Me interesaba más crear una especie de microuniverso con muchos personajes estrambóticos”. Vidaur, que también ha inaugurado este año su proyecto Confeti de Odio con el disco Tragedia Española (Snap! Clap! Club, 2020), reconoce que teme confundir a los seguidores de su música que se acerquen al libro, “porque la novela tiene un tono absurdo y bizarro bastante diferente a cómo me muestro en mis canciones”. “En general, publicar un libro me hace sentir mucho más expuesto e inseguro que publicar un disco. Aunque cincuenta personas me dijesen que mi disco es malísimo, me dolería, pero una parte de mí seguiría pensando que no lo es. Pero si tres personas del mundo de la literatura me dijesen que mi libro es una mierda, me hundiría. Afortunadamente, eso no me ha pasado todavía. Soy más músico que escritor, desde luego, porque es de lo que vivo, y porque como escritor estoy todavía buscando mi voz, pero ahora que he empezado a escribir no pienso dejar de hacerlo. Ya estoy trabajando en mi próxima novela, que será un poco más larga, cocinada a fuego más lento”.

Mr. Perfumme

Mr. Perfumme, salto a una gran editorial

La vinculación de David Pascual (Mr Perfumme) con la narrativa de ficción viene de más lejos. Digamos que, en su caso, la música es una compañera de baile omnipresente, pero la escritura ha dejado de ser una afición para convertirse en un oficio. A su faceta como poeta e improvisador se suma una trayectoria en la narrativa que cuenta ya con cinco títulos -El satélite ruso (Ediciones Encendidas, 2011); Eso fue lo que pasó (Malatesta, 2015); Una pequeña llama en mitad de un terrible incendio (Che Books, 2017); Saber Matar (Che Books, 2018) y Transirak (Niños Gratis, 2019) -novela esta última cuya trama parte de la hipótesis de que Sadam Huseín fue diagnosticado con sida a mediados de los noventa-. Como guionista cinematográfico, ha participado en The Mystery of pink flamingos -cuyo estreno mundial estaba previsto en el SXSW de Austin que tuvo que cancelarse por la pandemia del Covid-19- y en el largometraje Pobre Diablo, que se estrenará próximamente.

David Pascual (València, 1981) ha conseguido construir un imaginario muy peculiar y una voz literaria muy reconocible: tramas muy locas, personajes que hablan “como una metralleta” y toneladas de humor retorcido. Son novelas poco convencionales, del mismo modo que sus canciones nunca han seguido tendencia musical alguna. Es, en el sentido más literal posible, un verso libre. 

La publicación de su próxima novela en una gran editorial como Temas de Hoy (Grupo Planeta) confirma su consolidación como escritor. Gordo de Porcelana llegará a las librerías en marzo de 2021: “Para mí, sacar un libro en una editorial grande no es un sueño hecho realidad porque, sinceramente, nunca había pensado que fuese posible. Sobre todo por el tipo de literatura que hago. Pero he tenido la suerte de toparme con unos editores a los que les ha gustado mi novela y que han decidido arriesgarse con un libro que no es nada mainstream ni convencional. Va en la línea de los anteriores. Es decir, mezclo muchos géneros, mezclo realidad y ficción y tiene mucho humor, aunque también tienen un poso dramático y una violencia muy patente. Quizás esta es la novela donde he llevado esto más lejos”.  

Entonces, ¿podemos decir que Mr Perfumme ya es un “escritor profesional”? “Este ha sido el año en el que he decidido lanzarme a la piscina. Me he cogido una excedencia en mi trabajo para poder explorar las posibilidades de vivir de la escritura. Eso va a depender de la venta de los libros, pero también de los talleres de escritura creativa que imparto, y que yo enfoco siempre hacia la experimentación literaria, y de los guiones cinematográficos, que es algo en lo que estoy ahora muy centrado, y que creo que una vía con más posibilidades de darme de comer que las novelas”.

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