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LA LIBRERÍA

Apuntes sobre tuiteratura: tuiteratura eres tú

El éxito explosivo del hilo de misterio publicado en Twitter por el historietista y editor valenciano Manuel Bartual ha concedido una gran visibilidad a las posibilidades narrativas de la tuiteratura

4/09/2017 - 

VALÈNCIA. Cuando despertó, Manuel Bartual (@manuelbartualtodavía estaba allí. De hecho, Manuel no ha abandonado aún la luz del foco; lejos de marcharse, la onda expansiva de su éxito reciente sigue propagándose en el tiempo y en el espacio. Como si de una invasión de ultracuerpos se tratase, todo parece haberse bartualizado; si uno mira fijamente los detalles del entorno, pronto se dará de bruces con síntomas evidentes de este fenómeno. Como todo en la vida, la bartualización acabará remitiendo, pero no cabe duda de que el impacto de las peripecias ficticias del dibujante valenciano va a continuar emitiendo ecos durante un tiempo: primero fue el seguimiento del público, las contribuciones al universo efímero recién creado, las comparticiones; con ellas la viralidad, los usos aprovechados, los ataques de los detractores, las defensas de los fans, las posturas intermedias, las indiferentes, las aproximaciones desde perspectivas que no se corresponden con la naturaleza del producto cultural ofrecido por el autor. La opinología ha tenido con qué entretenerse, un suculento menú de interpretaciones para todos los gustos que han acabado depositándose sobre la historia original; estratos constituidos en muchas ocasiones por capas y capas de sesudos análisis, argumentaciones peregrinas y exageraciones bajo las cuales, cual cerebro reptiliano, se encuentra el núcleo irradiador que diría Errejón, y que no es otra cosa que una historia breve narrada en Twitter mediante los recursos que la red social pone a nuestro alcance. Al de todos.

Resulta cómico observar cómo hay quien se ha empeñado en juzgar el relato desenfadado de Bartual en base a criterios estrictamente literarios, cuando es evidente que más que literatura, lo que se ha consumido en dosis de ciento cuarenta caracteres es tuiteratura. ¿Tuiteratura? Sí. Algo ya bastante conocido, por otra parte, que ahora, por obra de Manuel Bartual, ha llegado a mucha gente en nuestro país que no sabía de su existencia. Tuiteratura, como es fácil adivinar, es una etiqueta que designa a aquellas producciones textuales con intención literaria en mayor o menor medida que se difunden a través de la red social del pájaro. A grandes rasgos, podría bastar esta definición, aunque hilando un poco más fino -y ahora hablaremos de hilos-, por aquello de ser precisos, volcar una novela en miles de mensajes del máximo ya conocido de ciento cuarenta caracteres no sería tuiteratura, pero adaptar esa novela al lenguaje propio de la plataforma, sí. Los poetuits -de poético, que no de Poe- también entrarían en la categoría de tuiteratura, así como las creaciones al estilo de la de Manuel Bartual, a quien empleamos como ejemplo por ser el más conocido, pero no el artífice de un género nuevo, como se ha podido leer últimamente por ahí. En dos mil nueve, Joseph Cohen planteó un juego tuiterario llamado El espejo parecido a un cadáver exquisito, aunque con edición del autor, quien compartía las contribuciones al desarrollo de la historia que más le gustaban. Desde el dos de enero de este año, El Hematocrítico (@hematocritico), también conocido como Miguel Ángel López, mantiene vivo el “videojuego interactivo social español” Legends of Hemato, un brillante y divertidísimo relato en el que los lectores votan cómo sigue la historia, igual que de pequeños escogíamos que queríamos hacer en los libros de la colección Elige tu propia aventura.

El mismo Bartual, pocos días antes de su éxito arrollador, planteó otra historia llamada El peso de la verdad, que partía de un original supuesto y que sin embargo, no alcanzó la repercusión de su idea posterior. ¿Por qué? Probablemente por una cualidad de la tuiteratura que determina completamente su disfrute: la temporalidad, la transitoriedad, el cuándo. No es lo mismo leer el hilo de las vacaciones de Bartual en el momento en que se van publicando los mensajes, que cuando ya todo ha terminado. La emoción colectiva y catártica que se genera durante, se difumina y dispersa después. Y entonces queda la historia, que aunque muy bien contada, es una historia, no un acontecimiento. Lo poderoso y seductor de la tuiteratura es participar de ella. Por eso, muchas de sus expresiones tienen voluntad y/o aspecto de juego y suelen dejar de lado la tercera persona. Lo importante es estar dentro. El tiempo es clave: así como la literatura tiene vocación de perdurar, la tuiteratura, lo quiera o no el autor, es efímera. Lo que queda publicado cuando todo termina en casos como el de Bartual ya no tiene pulso, de la misma manera que cuando El Hematocrítico dé por concluido su trabajo en sus Legends of Hemato, releer el resultado de las votaciones no tendrá ni la mitad de gracia que poder influir en la dirección que toman los hechos con nuestro voto. Quizás El peso de la verdad no apareció en el momento oportuno y el hilo vacacional sí. Es difícil saber en qué consiste esta oportunidad. Mucho más predecirla.

La tuiteratura es un territorio más explorado de lo que muchos piensan: tanto es así que la propia red social ha celebrado varias ediciones de un concurso, el Twitter Fiction Festival, que ha contado con el apoyo del monstruo Penguin Random House, en otro momento también Mondadori, una casa con tantos apellidos como Daenerys Targaryen, obtenidos tras diversos cruces de sangre de la realeza editorial. Fue esta misma empresa la que publicó Twitterature, un experimento en el que algunas de las principales obras de la literatura mundial son reducidas a a unos pocos tweets.

Pese a todo lo dicho anteriormente, las fronteras entre literatura y tuiteratura no siempre son evidentes; de hecho, una categoría y otra no son excluyentes: es innegable que el aforismo y el microcuento viven una era dorada, y que en esto tiene mucho que ver lo bien que les sienta el ritmo de las redes sociales. Si bien trabajos como los de Bartual son eminentemente tuiterarios, los aforismos compartidos en un estado de Facebook habitan en ambas dimensiones. Las características fundamentales que definen la tuiteratura por tanto, si no como género, sí como espacio abstracto -tan etéreo como el que delimita un hashtag-, son la temporalidad y la posibilidad de participar. La tuiteratura es una experiencia. Por eso, tuiteratura eres tú.

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