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 EL MURO / OPINIÓN

Aún no estamos para fiestas

Salimos en su día de la borrachera y ya que queremos más fiestas, como, por ejemplo, pagar la de los Goya. No estamos aún en condiciones de volver a unos orígenes tan criticados en su día cuando existen necesidades mayores y más urgentes

25/08/2019 - 

Por una vez, y sin que sirva de precedente, voy a darle la razón a nuestro conseller Marzà. Yo también tengo mis dudas en torno a que València albergue una próxima edición de entrega de los premios Goya por mucho centenario de Luis García Berlanga que coincida. Y también, que el asunto que promueve el Ayuntamiento de Valencia no debe ser una prioridad. 

Pero, no sólo porque lo importante sea antes desarrollar o crear una industria audiovisual valenciana potente y con presencia real en los Goya, que también y es casi inexistente, algo, por otro lado, que es competencia del departamento que dirige el conseller, sino sobre todo porque una gala de esas características sólo sirve para satisfacer vanidades, no son potencialmente valiosas, salvo el gambeteo de la clase política que así se viste de gala para la ocasión, el coste que acarrea y los dudosos resultados de retorno. Hay otras prioridades. 

Por ejemplo, Málaga que será quien organice una próxima, acaba de asignar dos millones de euros para organizar esta supuesta fiesta del cine que lo es sólo de un sector, por muy patriotas que nos pongamos, y no deja de ser, al fin y al cabo, industria y negocio. 

Con dos millones de euros se pueden hacer muchas cosas, antes que fundírselo en la gala de una noche a lo que hay que sumar otros costes paralelos que convierten el presupuesto final en una incógnita.

Pase que nuestras administraciones, en ese infinito intento de quedar bien con los respectivos sectores, organice sus premios y los dote económicamente para tener contento a cada uno de los colectivos locales y de paso haga proselitismo, pero no sé por qué tenemos que pagar una fiesta que ni nos va ni nos viene y que pasará de largo y al olvido después de mucho ruido mediático y fotografías de sus señorías.

Creo que esto de volver al glamour es un error. Y más si lo plantea además un grupo municipal como el socialista -Sandra Gómez - que fue el primero en criticar esa acción política que tan mal nos fue en el pasado. Otra cosa es que la Academia del Cine decida entregar aquí sus premios y lo financie. Pero no creo. No está en ello mientras les arrope lo público. Nosotros podemos colaborar cediendo un local o hasta À Punt, si es que para entonces continúa en pie, pero hipotecarnos a estas alturas con tantas necesidades y carencias ciudadanas, pues…

 

Y si hablamos del centenario de Berlanga se pueden hacer muchas cosas para preservar su memoria, revisitar su filmografía y analizar su trayectoria vital y profesional que no liquidarlo en una gala sin más.

En  pleno debate o lanzamiento de globos sonda, preludio de realidades, como la futura subida del IBI, un nuevo canon al agua para remendar colectores y otras subidas municipales que nos preparan para cuadrar cuentas ante la ausencia de inversiones estatales y lo canina que está de paso la Generalitat, ponerse a pensar en fiestuquis no parece lo más oportuno. Ni tampoco es ocurrente.

Imaginen cuánta programación cultural en espacios municipales se podría cubrir con esos dos millones de euros, que de momento se estimaría la aportación municipal; cuántas becas  de formación se podrían dar a futuros cineastas, guionistas, realizadores…;cuántos ciclos de cine se podrían organizar o, simplemente, cuántos agujeros se pueden tapar.

No sabemos qué hacer con la Ciudad de la Luz de Alicante, sin uso cinematográfico desde hace años y sin destino garantizado, y nos ponemos a pensar en galas. Seamos serios. Menos alfombras y más realidades.

 

Lo que esta sociedad necesita son pocas fiestas públicas y más políticas de fomento. Más aún después de lo experimentado. Las administraciones están para otros asuntos. Como, por ejemplo, para buscar soluciones con À Punt y dejar que sea, con lo que nos cuesta al año, un canal autonómico residual. No ha cumplido con ninguno de sus objetivos, ni de audiencia, ni de calidad de producción, ni de publicidad y algunos de cuyos responsables directos han salido corriendo de forma asustada. Sólo ha sido espacio de recolocación de algunos y en otros casos pago de favores a productoras afines o con deuda anterior. Porque si el canal autonómico se recuperó para relanzar a un sector audiovisual que, por lo general, vive de la Administración, al parecer de poco ha servido.  

No estamos para celebraciones. A no ser que sólo se busque la publicidad y nuestros políticos, la foto y su promoción mediática. Tenemos otras prioridades y algunos/as de canapés y fotos ya van sobrados/as.

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