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el callejero

Elías es el Negro Bicicletero

  • Foto: KIKE TABERNER

VALÈNCIA. Elías Pesara parece feliz en su mundo. Su mundo es un taller no muy luminoso en uno de esos días grises de esta Valencia irreconocible. Allí, con una gorra calada, una camisa de cuadros y un delantal gastado, coge sus herramientas con sus manos enguantadas y pierde la noción del tiempo mientras trastea con una bicicleta subida en alto. Al principio Elías impone. Es un tipo grande, con una mirada dura y una barba larga, como de yihadista. Pero con un rato de conversación te gana y te demuestra sin quererlo que es una persona humilde, bienintencionada y sin más ambición en la vida que ser feliz, no deberle nada a nadie y tener para comer cada día junto a su mujer y su niña de ocho años.

Elías es también el Negro Bicicletero, la marca que se ha hecho en este taller atiborrado de bicicletas de la calle Filipinas, en los confines de Ruzafa, frente al murete que separa la ciudad de las vías del tren nada más salir de la Estación del Norte. Fuera, frente a la puerta, hay varias bicicletas aparcadas y dentro, de pie, en el suelo, o colgadas del techo y de la pared, hay muchas más. "Casi todas son mías. Me las compro porque me gustan", cuenta con ese acento argentino que parece que te embadurne los oídos con dulce de leche. Este mecánico vino de la Córdoba argentina hace ya catorce años. Dejó atrás un país en crisis en 2004 y en cuatro años se metió en otra. Como escapar de un huracán y caer en otro. Pero siempre salió airoso. Porque Elías es de esas personas que se adaptan a lo que sea, que saben hacer mil cosas y que no tienen problema alguno en remangarse y ponerse a trabajar de sol a sol. Hasta que el viento gira y la vida se vuelve más plácida. Y siempre gira.

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