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el sur del sur / OPINIÓN

Un año para aprender

27/12/2020 - 

Faltan pocos días para que dejemos 2020. Muy poco gente auguraba que este año nos marcara tanto. No sólo a los que se han visto afectados por la infección de virus (y a sus familias), o por las consecuencias económicas que ello ha conllevado. Pese a les vaivenes políticos y la repetición electoral, España vivía un horizonte más o menos próspero, con la incertidumbre de la generación del primer Gobierno de coalición de la historia de la Democracia y algunos nubarrones económicos que ya asomaban, pero sin presagiar lo que ha generado la pandemia ni la declaración de un estado de alarma.

Hace un año, en esta misma columna, servidor suplicaba porque hubiera unos Presupuestos Generales del Estado, fueran los que fueran, que dejaran atrás la incongruencia de ser diferentes al Ejecutivo que regía y con anomalía de estar prorrogados por dos veces. Imploraba por unas cuentas porque se necesitan para "mantener el impulso a proyectos esenciales como el Corredor Mediterráneo -la conexión en alta velocidad entre Murcia-Alicante, València y Castellón es más necesaria que nunca-; para que se incluyan proyectos en carreteras tan esenciales como el desdoblamiento de la A7 a su paso por el área metropolitana de Alicante; la duplicación de la N-332 a su paso por Torrevieja o se contemplen más accesos a la liberalizada AP7 (de momento, sólo está en obras el de Oliva), y para que la conexión con el aeropuerto y el tren de la costa comience a ser un realidad -aunque sea solo hasta Dénia- y que la renovación llegue a la línea de Cercanías Alicante-Murcia y a sus convoyes"

Y sí, tenemos Presupuestos Generales del Estado, pero a duras penas recogen algo de todo eso: el Corredor Mediterráneo sigue con retraso; con suerte, se inaugurará este año en tramo del AVE entre Alicante y Murcia; la N-332 no presenta mejoras, sólo hay un nuevo acceso a la AP7 en obras (el de Oliva); y para las Cercanías hay pocas novedades, con (mucha) suerte se renovarán algún convoy. Sólo, y gracias a una enmienda de Compromís, habrá un aceleración de la inversión prevista para conectar el tren entre el aeropuerto y las ciudades de Alicante y Elche. Este es el bagaje, un año después, pandemia mediante.

¿Qué han pasado muchas cosas? Sí, muchas, en todos los ámbitos. Pero más allá de las turbulencias políticas, y del test de estrés que ha sufrido el sistema sanitario, la crisis nos deja varias lecciones, sobre todo, en lo económico. La primera, la importancia de contar con una industria resiliente capaz de dar respuesta a las necesidades de materia sanitario en apenas días. En eso, el textil, el metal y parte del calzado han estado a la altura. Los ejemplos sobran, pero la lección es que cada país, cada territorio debe contar con una industria fuerte, que aporte, cuando menos, el 20% del PIB a su economía.

Segunda lección. La ventaja de contar con un sector agroalimentario competente, con capacidad de adaptación a la demanda y de exportación. El campo inició el 2020 con manifestaciones por los bajos precios que se pagaban por sus productos. Y a los tres meses, estaba produciendo a toda capacidad y recibiendo parte de lo que demandaba. Las ganancias que haya podido acumular son una buena oportunidad para modernizar, más si cabe, el sistema productivo agrario.

Tercera lección. La pandemia ha acelerado los procesos de digitalización de muchas empresas, comercios y pequeños negocios. Y ha demostrado lo importante que es contar con estas herramientas en tiempos de restricciones. Porque lo que no hagan una empresa o pequeño negocio con la digitalización, se lo va robar un gigante con el paso de los meses.

La transformación digital ha permitido a muchas empresas encontrar soluciones a las restricciones de aforo y de movilidad. Quién no ha podía vender en espacios físicos, encontró una salida a sus productos a través de plataformas online. Los departamentos de marketing ha empezado a tener un papel destacado en las empresas, que por unos momentos habían desaparecido.

Esta transformación de pequeños procesos de venta deben analizarse y aplicarse en otros sectores, como el turismo. Lo comenté en otras opiniones, a lo largo de este año. El turismo en la Comunitat Valenciana tiene todos los atractivos del mundo, mucho más que otros destinos competidores, pero deberá analizar si conviene o no asumir todo el proceso desde el inicio hasta el final: desde la venta del paquete hasta el hospedaje. En estos meses, hemos pasado de tener hoteles en espera a no tener movilidad internacional; a tener demanda, pero restricciones y no poder atenderles; o a tener hoteles, pero sin movilidad y sin demanda, y además restricciones internas.  

Esta crisis ha sido global y la segunda ola ha confirmado que ha afectado a casi todos por igual, pero en el futuro nos podemos encontrar con fenómenos locales que trastoquen otros planes que afecten a la industria hotelera. Por esta razón, y ante la resiliencia de otros destinos, bien por causas geopolíticas bien por precio, habrá que plantearse asumir el proceso turístico en su globalidad, y no sólo estar al final de trayecto; es decir, en el hospedaje y los servicios. La solución no es fácil y requiere capital y determinación, pero cuando menos hay que analizarla para mantener o recuperar lo que teníamos. Si no podemos asumirlo todo, al menos, estar en el inicio (en la toma de decisión, o influir mejor en ella) y en el final (el disfruto de la experiencia).

Y más allá de todo esto, creo que hay cosas positivas. Me gustaría destacar dos: la población ha cambiado su concepción de los espacios públicos; los han puesto en valor y los reclama como zona de disfrute, y también ha valorado más toda la economía de proximidad. En tiempos de pandemia, qué importante es tener la solución cerca de casa. De todo esto hemos de aprender. Feliz 2021.

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