vals para hormigas / OPINIÓN

Torito en alto

30/05/2018 - 

Andan los políticos como niños en el colegio, testando los límites de sus mayores. Los límites de la coherencia y la capacidad, a un lado. Los de la credibilidad y la verosimilitud, al otro. Como los hijos que prueban a alejarse de sus padres baldosa a baldosa, hasta que la paciencia salta como un resorte. Y ahí comprenden que deben parar. A los políticos aún no les ha llegado la hora de aprender y siguen tensando la cuerda. Juegan la baza de la impunidad. Como cuando jugábamos a pillar, creen que el escaño es casa. Torito en alto.

Somos un pueblo que necesita normas escritas para poder desobedecerlas. No nos bastan la educación o el sentido común. Ni los valores recibidos. No lo pone en ningún lado, pero en Alemania, por ejemplo, no se pueden cruzar los semáforos mientras estén en rojo para los peatones. Aunque no se perciba ningún coche en lontananza. Simplemente se sabe y se acata. Aquí, el que quiere traspasar las fronteras de su propia ideología no solo lo hace, sino que además pregunta a las bases. Y sale que sí. Que las cuestiones de principios son para los demás. La izquierda se enreda en cuestionarse por qué es de izquierdas. Como los niños de los anuncios del Atlético de Madrid. Es la paradoja colchonera. Jugar cada año la Champions y querer venderse como equipo de media tabla para abajo. Partido a partido.

La derecha, en cambio, ya está en la adolescencia. No solo cuestiona a quienes le dan la vida, sino también a las figuras de autoridad que tratan de encauzar su camino. Da mucha pereza volver una y otra vez al Ministerio de la Verdad de Orwell. Pero el empecinamiento de PP y Ciudadanos en tergiversar la realidad en su beneficio cansa todavía más. Se releen las cuentas hasta que parece que cuadran, se estirajan los hechos hasta que dan de sí, imponen sus reglas porque creen que el balón es suyo, dudan de los jueces como solo dudan los niños, los mentirosos y los conspiranoicos. Su discurso tiene catorce años. Es que el profe me tiene manía. Por menos de lo que Rajoy o Cospedal van diciendo de la sentencia de la trama Gürtel, cualquier árbitro habría expulsado hasta a Andrés Iniesta.

Se esconden, roban exámenes, se postulan para delegado de clase, vuelven tarde a casa, se inventan excusas, juegan al veo-veo o, simplemente, actúan como si no conocieran otra realidad que la de la Play Station. El infantilismo de nuestra clase política es el mejor ejemplo de un país que no sabe madurar. Son alumnos de parvulario que modelan con plastilina, duermen la siesta en babi después de comer, comen la arena del patio y no tiran de las coletas de las niñas porque han aprendido que el feminismo es una manera de evitar preguntas incómodas, como demostró ayer Cospedal cuando le preguntaron por las acotaciones de Bárcenas que se refieren a su marido. Nos gobiernan a base de pataletas, de mentiras de vuelo corto. Quieren su bicicleta aunque apenas lleguen al suficiente raspado cada trimestre. Nos escatiman hasta las piruletas. Y así es como pretenden que les tomemos en serio.

@Faroimpostor