socialmente inquieto / OPINIÓN

¿Sabe cuál fue la causa del frustrado museo algorfino?

10/06/2024 - 

Las autoridades locales se empeñan en encontrar una pinacoteca que quiera a la capital alicantina como su sede. Se ha hablado de serlo una delegación de la Colección Thyssen pero parece que ese tren ha pasado de largo. Nos consolamos con la Colección Jenkins y Romero, que no es poca cosa, y alberga el MACA desde hace poco. Pero Alicante pudo tener, y no tiene, una pinacoteca singular cuyos herederos eran todos los alicantinos. ¿Qué pasó? Venga, ahora se lo cuento.

La ciudad tuvo esa Colección que tanto busca y la dejó escapar. Es un decir. La generosidad de un marqués dejó cientos de obras de arte, palacio para albergarlas, tierras y presupuesto para mantenerlo. Un museo en toda regla a favor del ciudadano para disfrutar en Alicante. Pero herederos lejanos no aceptaron la última voluntad del personaje del que me voy a referir ahora.

Deje que le ponga en antecedentes y se lo cuente todo que tiene miga. A mediados del siglo XVIII, concretamente en 1762, el rey Carlos III otorgó el marquesado de Algorfa a Francisco Ruiz-Dávalos y Rosell. Años después, Ignacio Pérez de Sarrió y Ruiz-Dávalos, quinto marqués de Algorfa, fallece sin descendencia y su título lo heredó su hermano Carlos. Teniente de Navío de la Armada española y soltero, como su hermano, era persona de mundo, muy viajado, con altura de miras y amplia cultura.

Si Ignacio era un estudioso de la Historia, la Filología Antigua y amante del arte, su hermano Carlos no fue menos. En definitiva, la familia del marqués de Algorfa fue acaparando muchas obras de arte que decidieron exponer en un inmenso inmueble para que todo aquél que estuviera interesado fuera a disfrutar de sus pinturas. Así fue como estas obras de arte ocuparon un palacete en la calle Mayor de la capital alicantina.

El marqués estaba encantado que esos cuadros tuvieran el interés y el entusiasmo de los alicantinos que se pasaron por su "museo" para verlos y disfrutarlos. Unos por curiosidad, otros por pasión por el arte, fueron muchos lo que pasaron por allí.

Como el marqués no tenía descendencia, decidió legar a la ciudad y a los alicantinos su tesoro más preciado, su pinacoteca y demás objetos de arte. Así lo dejó escrito en su testamento al afirmar que "todos los cuadros y objetos artísticos de mi propiedad quede constituido en esta misma casa el Museo Algorfino de Alicante", destinando fincas urbanas de su propiedad "para que contribuya con sus rentas a la conservación del museo y a los emolumentos de su director y guardianes".

Todo lo dejó dispuesto para que a su muerte no faltara nada a su Colección para poder ser disfrutada por la ciudadanía. Entonces, ¿qué pasó para que no ocurriera así? ¿Fue pasto de las llamas en un incendio, de un presunto robo, de un truco para evitar el uso público a favor del privado?

Sus herederos lejanos evitaron que se hiciera efectiva su última voluntad acudiendo a los tribunales militares de Cartagena solicitando la anulación del testamento del marqués. El alcalde, el gobernador civil, el gobierno de la reina Isabel II intentaron evitarlo. Pero después de muchos años de litigios, usando una cláusula del legado en la que se manifestaba que las autoridades no podían intervenir en la colección (había bienes para sufragar sus gastos), sus herederos se salieron con la suya y se repartieron los cuadros del marqués.

Así Alicante perdió 765 obras inventariadas de Velázquez, Murillo, Alonso Cano, Ribera, Zurbarán, Durero, Tintoretto… Todo esto tuvo repercusión mediática en prensa, especialmente en El Luchador que titulaba uno de sus artículos manifestando que 'Nuestra ciudad es despojada de un gran tesoro artístico' (22 junio 1922). El escritor Benjamín Llorens Brotons relató sobre esto en el artículo 'El museo Algorfino. Alicante expoliada entre el silencio y el olvido', capítulo de su libro 'Sucedió una vez. Alicante camino a la modernidad', del que recomiendo su lectura.  

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