economista jefe de la Dirección General de Industria y Pymes de la Comisión Europea

Román Arjona: "El gasto en I+D de la empresa valenciana está en el 33% de la media de la UE"

El economista jefe de la Dirección General de Mercado Interno, Industria, Emprendimiento y Pymes de la Comisión Europea alerta sobre el riesgo de pasar de depender de Rusia en combustibles fósiles a hacerlo de China en materias primas. Asimismo, admite que la UE no tiene gran margen de maniobra ante los estados para evitar diferencias en los tipos de ayuda que reciben los sectores cerámicos español e italiano.

3/07/2023 - 

CASTELLÓ. Antes de ocupar el cargo de economista jefe de la Dirección General de Mercado Interno, Industria, Emprendimiento y Pymes de la Comisión Europea, Román Arjona Gracia (València, 1970) tuvo una posición similar en la Dirección General de Investigación e Innovación, y también fue vicepresidente del Comité de Industria, Innovación y Emprendimiento de la OCDE. Su trayectoria continental siguió a su trabajo en el Gobierno español, como secretario general de Ciencia, Tecnología e Innovación, además de trabajar como asesor del Ministerio de Ciencia y Tecnología. Su experiencia se extiende al Banco Europeo de Inversiones y al Fondo Monetario Internacional, y perteneció al Grupo Asesor de Alto Nivel del Laboratorio de Competitividad y Crecimiento Inclusivo de Europa del Foro Económico Mundial, y a su Consejo de Agenda Global sobre Nuevos Modelos de Crecimiento. Licenciado en Ciencias Económicas por la Universitat de València con mención especial, cursó también un Máster en Estudios Económicos Europeos por el Colegio de Europa de Brujas y realizó el Doctorado en Economía en el Instituto Universitario Europeo de Florencia. Hace unos días regresó a Valencia para participar en la tercera edición del encuentro internacional Smart Business: Innovación&Valores, donde habló sobre el impacto de la permacrisis en la industria y las dependencias energéticas de la UE.

- ¿Cuál es su visión sobre el contexto actual de nuestra economía?
- Vivimos en lo que podríamos llamar la edad del desorden, con disrupciones bastante continuas, con impactos de la Covid-19, de la guerra de Rusia contra Ucrania, de la crisis energética y el incremento de precios asociado. Disrupciones que interactúan entre ellas y con otros retos muy importantes y complejos, del cambio climático al envejecimiento poblacional, la digitalización y otros fenómenos que estaban generando un panorama de desigualdades sociales y económicas, también de polarización. Andrés Rodríguez-Pose, catedrático en la London School of Economics, habla de una “geografía del descontento”, de ciudades o regiones que se desconectan del 'mainstream' económico y a las que luego les resulta muy difícil reengancharse. Y ahí se genera también polarización. Por ejemplo, en zonas del Reino Unido por el tema del 'Brexit'. En la UE y en los estados europeos hemos sido un poco ingenuos: durante bastante tiempo creímos tener esos retos sociales bien identificados. Teníamos objetivos políticos potentes, como el 55% de reducción de gases de efecto invernadero o el Pacto Verde Europeo o una financiación muy amplia y muy profunda a través del Next Generation EU y los planes de recuperación y resiliencia. Pero nos hemos encontrado un montón de los llamados cisnes negros, imprevisibles, pero también rinocerontes grises o elefantes en la habitación, a los que todo el mundo veía pero a los que nadie hacía caso. Lo principal es que no vivimos en el mismo panorama de las décadas anteriores, y el nivel de incertidumbre del sistema es mayor, por lo que hay más potenciales disrupciones.

- ¿Y cómo hacer frente a todo ello?
- Hay que reflexionar sobre el tipo de política pública que hacemos, en muchos campos, porque este panorama se traduce en importantes cambios a largo plazo, como la desindustrialización o la pérdida de capacidad manufacturera. El hecho de que el porcentaje de la industria sobre el PIB esté bajando en la Unión Europea y en otras economías avanzadas es importante. Y sucede sobre todo en industrias centradas en competitividad de costes e inversiones con baja productividad. Y ello se combina con fuertes disrupciones en las cadenas de valor, que pueden llevarte a considerar, entre tus decisiones de modelo de negocio, si haces un reshoring [retorno de la producción de bienes a su país original] o un friend-shoring [regionalización comercial y reubicación de parte de la producción en economías con gobiernos amigos y estables]. También la intensidad de las crisis logísticas o la disponibilidad de mano de obra altamente cualificada, pueden ser factores relevantes que influyen en la localización empresarial. Y luego tenemos la parte de dependencias estratégicas.

- Imagino que en Bruselas también preocupa la caída importante de la capacidad de innovación que conlleva la progresiva desindustrialización.
- Así es, también existe una relación en ese en ese sentido. Y la dinámica de la innovación ha cambiado una barbaridad. Las innovaciones que llegan ahora al mercado de forma más clara tienen grados de complejidad muy altos, están en la investigación de frontera [sobre los límites del conocimiento] o en el cruce entre diferentes disciplinas científicas. O se trata de innovaciones deep-tech, con mucho conocimiento detrás. Eso se une al grado de concentración que suele existir también en la innovación, con muchas industrias digitales que se han hecho con muy altas cuotas de mercado. La OCDE muestra unos gráficos donde destacan industrias que aglutinan los grandes beneficios de la digitalización, y sin embargo la difusión de la innovación, de la gran cola de la distribución, no se produce de la misma manera. Así, hay más concentración, más complejidad y más celeridad de la innovación. Son las tres ces que hacen que vivamos en un contexto de innovación muy distinto.


- Los europeos hemos vivido en primera línea los efectos de la dependencia estratégica del gas ruso, pero ¿es la más importante o hay otras que deben ser objeto de atención?
- Tan importante como dar solución a esas dependencias es entender bien dónde ocurren, con qué intensidad, a qué sectores y cadenas de valor afectan y cuáles son las posibilidades reales de diversificación, para hacerles frente. En la Dirección General de Industria de la Comisión Europea hemos desarrollado una metodología que nos permite ‘escanear’ el universo de productos en los que la UE tiene relaciones comerciales con terceros países, que son 5400 productos. Tenemos datos comerciales hiper desagregados. Y basándonos en los niveles de concentración y la capacidad de sustitución de esos productos, identificamos 204 dependencias centradas en cuatro grandes bloques: el primero son materias primas que se utilizan como inputs en muchos procesos industriales (manganeso, níquel, aluminio, cromo, etc.), tierras raras muy importantes para la transición digital (por ejemplo, imanes permanentes, cruciales en la fabricación de vehículos eléctricos y demás) o inputs energéticos más tradicionales como carbón, petróleo o gas. Este sería el primer bloque, que agrupa una gran parte. El segundo grupo es de productos del sector de la salud: medicinas, vitaminas e instrumental médico importante... y bienes relacionados con la pandemia de la Covid-19, de equipos de protección a guantes, etc. El tercer bloque es de materias primas relacionadas con las energías renovables, desde algunas que se necesitan para la transición digital pero también células fotovoltaicas para paneles solares o lámparas led. Y el cuarto bloque es de productos relacionados con la transición digital, como ordenadores, teléfonos móviles, monitores, proyectores y otros productos.

- Son muchos ámbitos distintos en los que tenemos dependencias, ¿no?
- Y si miramos de dónde provienen, en gran parte lo hacen de China, más del 50%, y luego un porcentaje de dependencia importante también de Brasil, EEUU Unidos, Reino Unido, Rusia y demás. El análisis que hacemos nos da unos mapas que indican dónde están las dependencias con respecto a terceros países, y nos permite ver qué alternativas existen para la diversificación de las cadenas de valor. Porque puedes tener mucha concentración de importaciones respecto a un tercer país y tener pocas posibilidades de diversificar. Pero a lo mejor sí existen con otro proveedor internacional, por lo que intentamos entender cuáles son esas redes internacionales comerciales y las capacidades de diversificación… o la necesidad de producción interna, si no hay esa capacidad.

- ¿Sabe Europa qué quiere 'ser de mayor' en el concierto global? ¿Es inevitable una posición subalterna respecto a los grandes bloques?
- Lo que nos ha permitido movernos en este entorno de realidad cambiante ha sido entender que no podemos actuar de manera naíf. Identificadas nuestras dependencias estratégicas, luego tenemos que trabajar con diálogos y partenariados con países que piensan como nosotros, que tienen un enfoque afín, para intentar diversificar riesgos y dependencias, para lograr una seguridad de oferta con respecto a algunos de estos productos que son esenciales para la transición verde y digital, por ejemplo. Y esos terceros países también tienen dependencias respecto a la UE, hay que ver esas relaciones bilaterales desde ambos lados y detectar dependencias comunes: Estados Unidos y Europa las tienen frente a China, por ejemplo. Hay que intentar diversificar el comercio exterior de la UE y reforzar la capacidad estratégica de la UE donde esas oportunidades de diversificación no existen y también donde la UE puede acelerar actividades en tecnologías verdes importantes, como baterías, hidrógeno, chips u otros. Ahí nuestra capacidad de producción es relativamente limitada y se puede avanzar mucho. Porque ojo: una cosa es la dependencia en productos, y otra cosa en tecnologías, que es lo que define dónde vas a estar en el futuro.

"En educación terciaria o habilidades digitales, la Comunitat Valenciana está muy por encima de la media de la UE, pero en gasto en I+D del sector empresarial está en el 70% de la media española y en el 33% de la europea"

- Si le entiendo bien, se trata de trazar un plan realista a partir del conocimiento de nuestra realidad y nuestro potencial, ¿no?
- Sí, y creo que Europa está jugando su papel internacional de manera coherente, porque China ha incorporado otros sistemas de resiliencia de las cadenas de valor en su plan quinquenal, y EEUU creó una oficina para ocuparse de estos temas cuando Biden llegó a la Casa Blanca. Y además han dado una respuesta contundente en forma de la Inflation Reduction Act (IRA, Ley de Reducción de la Inflación). Europa está movilizando una potente serie de instrumentos de regulación de recursos y de relaciones internacionales para hacer frente a esto.

- Cambiemos de tercio. En su Dirección General están muy ligados al trabajo de la Agenda 2030. Han pasado 7 años desde que se adoptó y faltan otros 7 para 2030. ¿Qué les diría a los críticos con esta estrategia global?
- En la cuestión de la Agenda 2030, de la sostenibilidad y demás, la contribución de nuestra Dirección General pasa por crear las condiciones para que el mercado único juegue un papel en la creación de esa resiliencia que necesita el sistema. Nuestro objetivo es crear un green business case, para que las tecnologías verdes puedan llegar al mercado del mejor modo y apoyar con fuerza la transición verde y la digital. Hemos sacado hace poco un importante paquete de medidas, como la Ley de Industrias de Emisiones Cero, o la Ley de Materias Primas Críticas. Con la primera intentamos asegurar un marco regulatorio favorable, predecible, simplificado, para apoyar las tecnologías verdes con un acceso rápido a la financiación. Lo que hacemos es agilizar las licencias para que las tecnologías verdes se pongan en marcha de manera más rápida, con una inversión adecuada y sostenible en el tiempo. También importa que la innovación tenga ‘Regulatory Sandboxes’, para testear algunas de esas tecnologías en un entorno controlado. Y también intentamos conjurar el riesgo de que la actual dependencia con respecto a combustibles fósiles con Rusia se desplace a una dependencia en materias primas de China.

- ¿Cómo se puede conseguir eso?
- Con una estrategia de diversificación, de mejorar la circularidad y la I+D a favor de las materias primas críticas. Ah, y hay una cosa importante: hace poco sacamos una comunicación sobre competitividad a largo plazo, porque en esta incertidumbre actual en que todo es muy rápido, existe un riesgo de que nos concentremos en la reacción inmediata a los problemas que existen y perdamos los objetivos a largo plazo. Esto tiene una importancia bastante relevante en el contexto de Agenda 2030, porque hay que ir hacia una competitividad sostenible. Por eso nos fijamos una serie de ejes, por ejemplo en torno a la movilización de la I+D y la innovación a favor de la competitividad o con muchas otras dimensiones relevantes como las de capacidades y demás. Se trata de reforzar el matrimonio entre corto, medio y largo plazo. Eso es lo complicado.

- En la transición energética europea, ¿no hemos puesto un poco el carro delante de los bueyes? Muchas voces alertan de que como los competidores globales juegan en otras condiciones y no restringen ciertas fuentes de energía, estamos perdiendo competitividad empresarial y calidad de vida.
- En Europa hemos sido muy ambiciosos en la transición verde, un objetivo particularmente loable y que puede dar muchísimas oportunidades empresariales. Por ejemplo en el campo del hidrógeno, con enormes opciones de crear nuevos mercados y de contar con trabajos altamente cualificados. Lo mismo nos ocurre en otras áreas como las baterías, pilas de combustible. Es verdad que en algunos campos como el de la energía solar, la posición de la UE no es exactamente la que debería tener: ahí tenemos muchas dependencias estratégicas de China, que domina además prácticamente la mayor parte de los segmentos de la cadena de valor en la producción de energía solar. Ahí debemos insistir en cómo podemos hacer esa diversificación que no nos conduzca a pasar de depender de Rusia en combustibles fósiles, a depender de China en materias primas. Para evitarlo, hay que ver dónde necesitamos hacer en Europa inversiones particularmente fuertes para crear capacidad en alguno de estos aspectos y si podemos aplicar de manera estratégica la transición justa, por así decirlo, para pasar en algunos sitios donde ha habido tradicionalmente minerías -por ejemplo, de carbón- hacia minería verde. Por ejemplo, minería de litio mucho más sofisticada. Esto no está exento de problemas sociales y medioambientales, pero hay que reflexionarlo para evitar riesgos de oferta o de tener una demanda muy superior a la oferta. O sea, no creo que nos hayamos fijado unos objetivos equivocados, pero a la hora de implementarlos debemos tener en cuenta que el mundo ha cambiado.

- Pero al mismo tiempo, por ejemplo, China está haciendo un impulso muy grande a la electrificación de su mercado de movilidad, hacia el vehículo eléctrico… quemando carbón.
- Lo que está claro es que la UE al final juega la carta de ser extremadamente respetuosa con unos estándares sociales y medioambientales, y eso forma parte del ADN de la Unión. Pensar que pudiésemos jugar fuera de esto es complicado. Vuelvo a la competitividad sostenible: en ese matrimonio entre el corto y el largo plazo es importante considerar la investigación y la innovación, para ir más allá de la tradicional competitividad en costes. O la energía, el acceso a fuentes lo suficientemente verdes, la circularidad, la digitalización, la educación y las capacidades. Todo esto es fundamental, como tener un mercado único que funcione de manera adecuada. Sin esto no podemos avanzar como deberíamos.

- Pero nos falta bastante aprender a remar en la misma dirección, o al menos eso parece si atendemos a que la Patente Unitaria Europea nace con solo 17 de los 27 países, ¿no?
- Estoy de acuerdo en que hubiera sido mucho más bueno que estuvieran todos los países y por otro, es cierto que la patente unitaria pues lleva muchos años en el sistema y es positivo que haya un acuerdo y se haya podido poner en marcha, aunque haya sido solo con un subconjunto de países, con ventajas grandes para la Unión Europea y para la gente que solicita patentes. Se ha podido hacer gracias al procedimiento de cooperación reforzada. ¿Podríamos haber celebrado mucho más si se hubiese hecho con todos dentro? Sí, pero hay que celebrarlo en todo caso por su importancia económica.

- El sector cerámico español ha sido noticia en los últimos tiempos por sus críticas al Gobierno, por no recibir ayudas homologables a las de sus competidores italianos por parte de su Ejecutivo. ¿Nos falta unidad política, para que la UE pueda garantizar las mismas reglas del juego para todos?
- En primer lugar, hay que decir que la Comunitat Valenciana tiene dos puntos fuertes principales: tiene sectores tradicionales como el de la cerámica, que se han sabido modernizar, que tienen una competitividad muy fuerte y una gran conexión internacional y que han sabido posicionarse en un entorno cambiante de forma sólida. Y por otro lado, tiene sectores emergentes, quizá más cercanos a tecnologías particularmente avanzadas, que también están siendo muy importantes, por ejemplo alrededor de tecnologías verdes. Son desarrollos particularmente punteros. Entonces, existen muchas oportunidades, por ejemplo a través de los planes de recuperación y resiliencia, con los que España ha tenido acceso a montantes de inversión muy importantes. Y en el fomento de la competitividad, los sectores ya potentes tienen cabida en estos planes, porque desde la UE se ha dejado abierto el abanico a los estados miembros, y hay muchos recursos. Ahora esto hay que combinarlo también con un entorno regulatorio que fomente que estas industrias puedan jugar su papel y seguir teniendo un nivel de competitividad adecuado. Y luego están las relaciones con terceros países; es importante que se desarrollen los partenariados necesarios con terceros países, para garantizar en situaciones de estrés -o de dependencias estratégicas- el mejor acceso a ciertas materias primas o insumos que se necesiten para el sector cerámico. Es un equilibrio entre esas tres erres: recursos, regulación y relaciones internacionales. Hay oportunidades y son importantes.

- Pero por lo que se deduce de sus palabras, los recursos están en manos de los estados.
- Bueno, nosotros ponemos las inversiones sobre la mesa y luego pueden canalizarse hacia distintos fines. Y por ejemplo, uno de ellos puede ser apoyar la competitividad industrial de un sector que es ya competitivo y que es importante. Esas son decisiones más políticas a nivel nacional o regional que se tienen que tomar.

- Da la sensación de que la UE no tiene mucho margen de maniobra, entonces.
- Sí, tienes razón. De alguna manera, nosotros lo que hacemos es abrir las posibilidades a un abanico de oportunidades, con la financiación necesaria pero luego por supuesto eso depende de cómo se quiera articular. Por ejemplo, en el cuadro de innovación regional de la UE la Comunitat Valenciana presenta indicadores muy interesantes. Por ejemplo, en la educación terciaria [universitaria o de profesionalización] está muy por encima de la media de la Unión. Luego, en habilidades digitales lo mismo... o en solicitudes de marca o diseño también está muy por encima de la media europea y española. Sin embargo, en otros indicadores está muy por debajo, como en el gasto en I+D del sector empresarial. Ahí está al 70% de lo que es la media española o al 33% de la media europea. Y en otros indicadores veo que también estamos por debajo, como en empleo en actividades intensivas en conocimiento. Hay que tener todo esto en cuenta al tomar decisiones sobre los recursos disponibles, o con las estrategias que se hacen a nivel europeo para que todos rememos en la misma dirección, para llenar las brechas allí donde se producen. Eso puede contribuir mejor a generar la competitividad a medio y largo plazo que buscamos.

- Hace diez años, usted era secretario general de Innovación y Competitividad del Gobierno de España. Desde su perspectiva, ¿cómo han progresado la innovación y la competitividad desde entonces en nuestro país?
- Creo que en España ha habido un cambio enorme en todo el sistema de ciencia e innovación. Se ha pasado de la primera Ley de la Ciencia a mediados de los 80, cuando el sistema científico español era muy incipiente y además su innovación estaba muy aislada en determinados puntos, a crear un sistema científico bien nutrido. La inversión en I+D sigue requiriendo esfuerzos constantes, siempre ha sido el talón de Aquiles, pero el sistema científico español está ahora a un nivel muy alto en muchas disciplinas desde el punto de vista de carreras e impacto del trabajo de los investigadores. También está muchísimo mejor conectado con el tejido empresarial y existen una serie de sectores innovadores muy potentes, emergentes, como en tecnologías espaciales, biotecnología o algunos sectores de tecnologías digitales. El secreto del éxito diría que pasa por tres patas: la primera, seguir nutriendo el sistema con esas inversiones en I+D de manera constante; la segunda, fomentar las áreas en que la excelencia científica es muy alta para sacarle el máximo partido, y finalmente intentar reforzar la conexión entre el sistema científico y el sistema industrial, también en sectores en los que España es particularmente puntero. Y crear unas condiciones marco que sean también favorables para que ese sistema de I+D e innovación siga floreciendo del mejor modo. Creo que hay oportunidades interesantísimas y potentísimas en España y muchísimo talento: esto no se tiene que perder de ninguna manera.

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