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vals para hormigas / OPINIÓN

Racionalizar las Hogueras

21/06/2017 - 

No tengo edad para recordarlo, pero supongo que durante el franquismo no había ningún tipo de debate sobre los festejos locales. En Alicante, el último retal de la Segunda República, se celebraban las Hogueras y no se celebraban los Carnavales. Y punto. Posteriormente, durante las más de dos décadas en que la ciudad se empeñó en demostrar que la izquierda se había hundido tratando de acceder de polizón al Stanbrook, la cuestión se convirtió en identitaria y presuntamente económica. Ser alicantino consistía en asumir las Hogueras tal cual son, o tal cual decide la federación que sean. Y de ahí no se ha movido. Las fiestas son necesarias y, probablemente, merecidas, sobre todo en el contexto actual. Exaltan el sentimiento patriochiquista. Y, como decía un exalcalde de las fiestas de su  propia ciudad natal, nadie se va a atrever a tocarlas, no sea que caiga sobre su cabeza la ira incontenible de la Virgen del Remedio. Ahora que la izquierda ha vuelto a salir a flote en el Ayuntamiento para demostrar que sigue hundida, todo sigue igual.

Sucede que todo es susceptible de mejorar. Las Hogueras, también. Y el Hércules, como estamos viendo. Y la romería de la Santa Faz. Y, probablemente, hasta la receta de la coca amb tonyina. Pero el debate se ha convertido en inamovible e identitario. Y económico, presuntamente. Y así no hay manera de que las fiestas sean un ejemplo de convivencia para todo aquel que no quiere participar de ellas y, sobre todo, de todo aquel que no puede escapar de ellas. En este mismo diario, la compañera Isabel González (con quien apenas tengo opiniones encontradas) ha escrito que las Hogueras son el eje aglutinador alrededor del cual se integra a quienes recalan en la ciudad procedentes de otros territorios. Creo recordar que aludía a las expansiones urbanísticas del barrio de San Gabriel, donde maldita la gracia que hace que se haya eliminado el silencio de junio, símbolo identitario de un barrio que defendía su personalidad al otro lado del Barranco de las Ovejas. Y que tenía sus propias fiestas. Identitarias como las que más.

Conviene que alguien saque del escudo la fiesta del fuego. Conviene que el concejal de Fiestas, categoría de la que se apropian los alcaldes para recolectar votos, imponga un poco de cordura. Aunque, vista la trayectoria de Echávarri, de momento, para eso habrá que esperar a la siguiente legislatura. Y conviene que se exija unas fiestas para todos, también para quienes no pueden o no quieren disfrutarlas y, sin embargo,contribuyen con sus impuestos a todo gasto público que esté relacionado con las fiestas. No se trata de eliminarlas, por supuesto. Ni tampoco de trasladarlas a Ciudad de la Luz, que es el plan diabólico que urdo cada 1 de junio. Se trata de regularlas más y mejor, de escuchar las voces de los vecinos que solo se quejan cuando nadie les escucha, como en la Alemania de la Stasi, de generar el entorno ideal para que ambas partes lleguen a un consenso. Hay margen de maniobra. Por dar unos cuantos ejemplos, no es necesario que se adelante la Plantà al día 17, urgen inspecciones arquitectónicas para certificar que ningún remate se va a caer, sería necesario trazar un plano que evitara el cierre de barrios enteros, deben multarse las actuaciones que puedan atentar contra el patrimonio municipal, deben eliminarse los racós ilegales e incrementarse los controles de los puestos de venta de alimentos o productos pirotécnicos. El debate de las Hogueras tiene que apartarse de la identidad y centrarse en la racionalidad. Solo así estarán representados los más de 300.000 habitantes que disfrutan, huyen o se resignan. 

@Faroimpostor

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