vals para hormigas / OPINIÓN

Puro odio

27/03/2019 - 

En un mundo cada vez más descreído y desalmado, dos sinónimos rellenos de matices, defender el criterio de un medio de comunicación que prescinde de los sucesos exige una sólida convicción. Personalidad. Y la fe que se ha evaporado de los entornos que antaño nutrían los seminarios católicos. Tres virtudes más deontológicas que teologales que esta casa ha impuesto a rajatabla en sus sucesivos productos, incluido Alicante Plaza. La ausencia de crónica negra, actualmente, equivale a la pérdida de cantidades ingentes de clics y toqueteos en las webs y las redes sociales. Pero, por otra parte, consolida una apuesta que tiene muy claro el objetivo que persigue. El nicho de negocio, locución que siempre me ha parecido contradictoria. Hay otros lectores y están en este mundo. Y buscan un tipo de noticia determinadas, principalmente empresariales, culturales y deportivas. Trasladado al mundo literario, este periódico prefiere la no ficción y el relato corto. No todo el mundo quiere disfrutar con Hammett o padecer con Dostoievski. Y la nave, como dijo Fellini, va. Viento en popa.

Paseé ayer por el resto de los principales medios escritos con un fin poco confesable, la verdad. Aunque también puedo alegar gajes del oficio, que ya no sé si constituyen circunstancias eximentes o agravantes. Quise leer los comentarios a la noticia de que un grupo de menores ha sido detenido por la Guardia Civil por una presunta agresión sexual a una muchacha de quince años en uno de los municipios de la Marina Alta. Para un usuario de prensa y redes sociales, los comentarios de los lectores son el nuevo cilicio. O, volvamos a Dostoievski, que nunca está de más, un callejón miserable de San Petersburgo o un retrato elocuente y doloroso de la sociedad de la que todos formamos parte. Con una diferencia, en la obra del escritor ruso, hasta Raskolnikov, el protagonista de Crimen y castigo, obtiene un salvoconducto hacia la redención final. Pero los haters de los medios de comunicación son inmisericordes. Puro odio. Ciego, además, porque en la mayoría de las ocasiones demuestran que no han sido capaces de llegar al segundo párrafo de la noticia en la que eligen perder parte de su tiempo.

Un altísimo porcentaje de esta nueva tribu urbana ha querido afear a los diferentes medios el hecho de que hayan ocultado la nacionalidad de los presuntos agresores. En realidad, ninguno lo ha hecho. Sin excepciones. Ya lo escribí una vez, no puedo entender a quien condena a un delincuente por lo que es y no por lo que haya podido cometer. Si los hechos denunciados acaban demostrándose, no solo habrán destrozado la vida de una muchacha de quince años que jamás será capaz de remendar las hilachas de su cuerpo, que jamás será capaz de mantenerse entera después de que hayan hecho trizas su inocencia y su futuro. También conducirán a unos chavales sin conciencia hacia un territorio del que nadie sale ileso. Sin son culpables, merecerán una condena y deberán hacer todo lo posible para comprender lo irreparable de su acción.

Pero, por último, este tipo de casos, y los comentarios que despiertan entre una parte de la ciudadanía, porque hay que recordar que los haters no son bots que responden al dictado de los algoritmos, sino personas como usted o como yo, reflejan que en pleno siglo XXI estamos lejos de reaccionar adecuadamente ante el odio. Ni sabemos prevenirlo ni sabemos someterlo. Si entre las sombras de una atroz violación en grupo cometida por unos menores solo distinguimos el brillo de un pasaporte, no sé hasta qué punto quedaremos cegados frente a la línea que en todas partes separa lo que está bien de lo que está mal. Lo que es lícito de lo que no. Lo justo y lo injusto. Y si en casos tan flagrantes cuesta explicarlo, imaginen en el inmenso desierto de gamas grises que hemos olvidado repentinamente en un rincón de nuestra vida al que no llega la cobertura de los móviles.

@Faroimpostor