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vaLS PARA HORMIGAS / OPINIÓN

No se puede estar mejor

28/03/2018 - 

Alicante es una ciudad que funciona mucho mejor con horario de verano. Es bastante más fácil, no exige ninguno de los esfuerzos que los alicantinos no estamos dispuestos a hacer. Es el momento de abrir las ventanas y airear las habitaciones, plantar las terrazas al sol y dejar crecer las horas de luz. Al fin y al cabo, es de lo que podríamos vivir si gozáramos de una estructura turística adecuada. Con los relojes a tanta distancia del calendario solar, la vida nos vuelve a sonreír. Además, hay que tener en cuenta que no hay nadie en el Gobierno municipal que pueda amargar el tiempo dulce de nuestros membrillos, que siempre han nacido fuera de temporada.

Gobernar tampoco es complicado. Basta con cortar los ideales que uno trae en la cartera con abundantes papelinas de sentido común. Lo difícil es gobernar cuando se carece de sensatez y tras dejarnos olvidados los ideales en algún local de los que frecuentábamos antes de dejar de salir de noche. Pasa mucho. Uno se afilia a un partido por descarte, gana desde el trastero batallas que ni siquiera sabía que se estaban librando, se cruza con el jefe en el momento en que buscaba un espantapájaros y acaba perdiendo unas elecciones, aunque aparentemente las pierde menos que los demás. El día en que otros deciden que vas a ser alcalde, porque tu jefe también se ha ocupado en buscar un hombre de hojalata y un león cobarde, te miras al espejo, guardas la mano derecha junto al corazón y decides atacar a las fuerzas del zar en su propio terreno. Y desde entonces, eres el único que no sabe que ruge el invierno.

Lo bueno de los políticos sin sentido común es que siempre hay alguien que acaba por indicarle dónde está la salida. Es lo que ha pasado, por si todavía no había quedado claro, con Gabriel Echávarri, que en su arrogancia pensó en disparar a la luna y se dio en un pie porque es lo más alto a lo que podía llegar. Se creyó de izquierdas, se creyó emperador. Creyó que el móvil que llevaba en el bolsillo, con un único teléfono apuntado en la agenda, era la piedra Rosetta que descifraba todos los jeroglíficos de una ciudad que jamás fue egipcia. Se creyó el rey de la mudanza hasta que le movieron las cajas de caudales y le robaron todos los bolígrafos. Se creyó el gran capo siciliano hasta que aprendió que de las vendettas no se alardea. Se creyó inmortal hasta que desde Valencia le enviaron las instrucciones para cortarse la cabeza. Who wants to live forever, cantaba Ximo Puig.

Tras su destronamiento, nos han quedado quince días de desgobierno y a Echávarri, un finiquito de quince días de vacaciones pagadas. Es lo mejor que le puede pasar a una ciudad que no se sabe gobernar. Y la Semana Santa y los primeros calores y el horario de verano estirando las tardes hasta que no puedan más y una alcaldesa accidental que igual merece un voto de confianza. O igual no. No se puede estar mejor.

@Faroimpostor

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