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VALS PARA HORMIGAS / OPINIÓN

No nos ha ido tan mal

19/10/2016 - 

Cuenta David Martínez que Alicante lidera la recuperación del ladrillo en la Comunidad y las vitrinas de mi casa tiemblan como en la réplica de un terremoto añejo. No es por el artículo de David, claro, sino porque en las noches de tormenta y luna llena yo leo las noticias salmón para estremecerme. La cosa suena a clímax de película de aventuras, en la que el protagonista reacciona en el último momento para dar cuenta del villano de la economía maltrecha. Y posiblemente sea así. Hemos permitido el asfaltado de la costa y las plegarias al cemento hasta tal punto, que la construcción se ha convertido en la locomotora económica de la provincia. Vivimos en gran medida de la segunda residencia con terraza y vistas a lo que sea para ciudadanos extranjeros y nuestros motores vuelven a rugir cuando los visados de nueva obra burbujean como gremlins en las Fuentes del Algar. Pero aún estamos lamiéndonos las heridas del pasado reciente, que también tenía cuerpo de película de Disney pero nos explotó con un desenlace de cuento de los Grimm. De uno de esos relatos que servían para que los niños no se adentraran en los bosques, donde acecha el lobo feroz.

El resurgir de la construcción requiere una abuela que nos asuste con el coco. Porque sigues leyendo Alicante Plaza y te encuentras con que la Comunidad Valenciana es la que más demandas de disolución matrimonial firma en toda España. Puede parecer anecdótico, pero en este país no hay nadie que pase por la vicaría sin haberlo hecho antes por un notario. Una boda ya no lleva a otra boda, sino a una hipoteca. La suma de divorcios y separaciones deja un rastro de pisos sin acabar de pagar. O, en el peor de los casos, dos. Junto a un revoloteo de alquileres de última hora o un aroma de lentejas de hogar paterno. Quizá con el estallido de la crisis aprendimos que el amor no dura tanto como una firma en una sucursal bancaria. Quizá no. De ahí que tenga que venir la abuela a recordarnos que se están acabando obras inconclusas que nos pueden valer, que las reformas de vivienda antigua acaparan las revistas de hogar, que los alquileres no precisan tanta red bajo el trapecio del circo y que un contrato de 700 euros al mes no es el mejor aval para meterse en un piso pequeño hasta que lleguen los niños, ahora que el Euribor está anémico. Y menos cuando los bancos han cambiado el regalo de sartenes por la venta de ética en frascos de humo.

 Por si las moscas, no perdamos de vista otros sectores. Podemos ir a Cuba a estrechar lazos con Míster Marshall, como parece que ha hecho Ximo Puig. O exportar blusones de la Santa Faz a Tailandia, ahora que andan escasos de tela negra por el luto real. O aprovechar el tirón del casi Nobel para Francis Mojica para invertir en investigación y educación y, de esta forma, urdir un tejido económico resistente a la obsolescencia. O no. Podemos volver a apostar todo al ladrillo. Total, no nos ha ido tan mal.

@Faroimpostor


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