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VALS PARA HORMIGAS / OPINIÓN

Negar la evidencia

26/09/2019 - 

Un anuncio de la ONG norteamericana Sandy Hook Promise, nacida tras un tiroteo en una escuela de Connecticut en el que murieron 27 personas, nos muestra la historia de amor que viven dos adolescentes en un instituto. El chico protagonista escribe en la mesa de la biblioteca y descubre que alguien le contesta, pero no sabe de quién se trata. El vídeo publicitario sigue a nuestro enamorado alumno durante varios días, en diferentes situaciones de película americana de los 80. Al final, por fin conoce a su dulcinea, justo en el momento en que uno de sus compañeros entra armado al centro escolar y comienza una matanza. Lo escalofriante del asunto es la segunda parte del anuncio, en la que se repiten las imágenes y resalta aquello en lo que no nos hemos fijado previamente, las señales que el futuro atacante va dejando día a día y que, en realidad, están a la vista de cualquiera. Lo que se quiere transmitir es que hay que estar atento a las señales de peligro y no negar las evidencias.

Algo similar ha pasado en Nueva York, en la cumbre del clima que se está celebrando estos días. El foco de atención se lo ha llevado Greta Thunberg, la adolescente sueca que lidera el activismo ecológico de los que heredarán el mundo en que vivimos. Ya es difícil hacer ver a toda la humanidad que no somos los dueños del planeta, sino sus guardeses. Y que cada generación que desaparece lega la misión de conservarlo a la siguiente. Los jóvenes están gritando que somos unos incompetentes, que les estamos dejando la oficina de nuestra supervivencia hecha unos zorros y que así no solo no hay manera de trabajar. También se trata de respirar. De comer. De beber agua. Y de seguir girando alrededor del sol a razón de una vuelta cada 365 días. La humanidad, en general, se ha dedicado a criticar a Greta, por diferentes motivos. Hasta Trump, claro, que confunde los decretos con insultos y viceversa. Volvemos a negar la evidencias de que el planeta está herido. Y en vez de poner soluciones, nos reímos de las únicas personas con la templanza necesaria para llamar al 112 ante un desastre global.

Y llegamos a Elche, donde la portavoz de Vox en el ayuntamiento, Amparo Cerdá, denuncia a su exmarido por una agresión y lamenta que se active el protocolo de violencia de género. Naturalmente, está en su derecho de defender sus ideas, entre otras cosas porque Vox es, sin duda, el partido más coherente de todo el panorama político español. Son como los lemmings y van todos hacia el abismo sin levantar la mirada del suelo, pero son coherentes, eso no se les puede negar. También está en su derecho de asumir una presunta agresión con esa resignación tan opusística de aceptar todo lo que nos envían desde arriba. Pero hay dos cosas a las que no tiene derecho. La primera es a transgredir la ley, algo que parece que está calando en todos los ámbitos. Y si su caso roza, aunque que sea tangencialmente, la violencia de género, debe arrinconar su programa político y dejar que le ayuden con todos los medios posibles. La segunda cosa a la que no tiene derecho es a negar la evidencia. Los medios destinados a la protección de las víctimas, a la prevención de agresiones, a las denuncias del machismo, no son muy abundantes, pero aun así consiguen que España sea uno de los países en el que mueren menos mujeres por violencia de género. Y la única evidencia posible, que no se puede negar, es que el objetivo es que no haya un solo caso más. Ni uno.

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