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SED BUENAS Y LEED: CÓMIC

'Lo que más me gustan son los monstruos': la narrativa secuencial sigue evolucionando

11/02/2019 - 

ALICANTE. My Favorite Thing Is Monsters, una declaración de amor incondicional a la rareza, a la singularidad, a la diferencia, al mundo onírico que nos filtra una realidad áspera y escurridiza. Lo que más me gusta son los monstruos, el reverso de la vida en peligro permanente, del acoso, de las agresiones, de la memoria que nos atrapa en el sumidero de los miedos. Porque no todos los monstruos son iguales: “... aprendí que hay monstruos buenos y monstruos malos… los monstruos que asesinaron al reverendo King y al presidente son de los peores… de los que no quieren que nadie sea libre. No, los monstruos malos quieren que el mundo sea como ellos. Quieren, necesitan que la gente tenga miedo… no viven en su guarida y van a su bola. Esa era la diferencia… un monstruo bueno a veces asusta porque tiene un aspecto peculiar y colmillos… algo que no puede controlar… en cambio los monstruos malos quieren tener el control… que todo el mundo esté asustado para que ellos puedan llevar la batuta…”.

Ha llegado el momento de que la gran conmoción del cómic mundial en 2018 hiciera su aparición por estas líneas, ahora que se ha hecho público que en el SplashSagunt Festival del Còmic de la Comunitat Valenciana que se celebrará los próximos 22, 23 y 24 de marzo en el Casal Jove del Port de Sagunt, el premio para la Mejor Obra Internacional irá a parar a las manos de esta novela ilustrada de la norteamericana de origen español Emil Ferris.


Se le da el nombre de niño/a prodigio a la persona que a una edad temprana domina uno o más campos científicos o artísticos, siendo lo más común destacar en las matemáticas, el ajedrez, las artes visuales y la música. ¿Pero qué nombre se la da a una persona de 55 años que tras utilizar su destreza técnica con el dibujo en la ilustración médica y técnica y el diseño de juguetes, teniendo que buscar el sustento en actividades tan alejadas del arte como hacer de camarera o limpiar escaleras, revienta los cimientos del canon de la narrativa secuencial con una obra monumental?

Ferris, nacida en Chicago en 1962, hija de artistas vinculados a la Escuela del Instituto de Arte de Chicago (su padre, Mike Ferris, era hijo de españoles exiliados), contrajo la fiebre del Nilo Occidental por la picadura de un mosquito. Tres semanas después de ir al hospital, quedó paralizada de cintura para abajo y perdió el movimiento de su mano derecha. Con el tiempo, recuperó la función motora y volvió a trabajar y a dibujar, tras cursar una maestría en escritura creativa en la Escuela del Instituto de Arte de Chicago, según explica su entrada en la Wikipedia. El cruel sistema laboral norteamericano la alejó de su actividad como ilustradora profesional, pero en otro de esos ejemplos, también muy norteamericanos, de reinvención personal, aprovechó la convalecencia de su parálisis para empezar a trabajar en la que ahora es considerada una obra maestra.

Lo que más me gusta son los monstruos es una novela polifónica, a pesar de contar con una narradora en primera persona, la niña de 10 años Karen Reyes, que proyecta sus miedos al verse reflejada en el espejo como niña lobo y como tal es mostrada cada aparición, menos en una viñeta en la que su hermano Deeze (Diego Zapata) Reyes, la enfrenta con un espejo real, en busca de la verdad. ¿Pero cuál es la verdad que esconde la transformación de la niña Reyes? ¿Cuál es la verdad que esconde el oscuro pasado del adorado hermano Deeze? ¿Cuál es la verdad que esconde el asesinato de la bellísima Anka Silverberg, la vecina de arriba, superviviente del Holocausto y única amiga verdadera de la niña lobo?

Lo que más me gusta son los monstruos contiene todas estas historias insertadas en la línea narrativa principal, la del autoconocimiento del personaje principal, de su lugar en el mundo, de su sexualidad, de las relaciones con su madre activa/pasiva, con su hermano idolatrado que le enseña los rudimentos del dibujo y la historia del arte, introduciéndose en la arquitectura íntima de las obras colgadas en los museos de Detroit y Chicago. Karen Reyes es una quijotesca invención que lucha contra sus particulares molinos de viento y en el trayecto va recopilando historias que se desarrollan desde los intestinos mismos de la narrativa oral.

Y, además, es un prodigio visual. Dibujada a bolígrafo Bic y Paper Mate con bases grises y azules, utilizando el color para las evocaciones de la memoria y los elementos simbólicos, con un estilo que mezcla el clasicismo y la tradición underground del cómic norteamericano de los 70, Ferris reconstruye el diario de la joven Reyes sobre un cuaderno pautado, sus copias de portadas de revistas de terror pulp, sus fidedignas copias de cuadros que son su educación sentimental, como La tentación de la Magdalena, de Jordaens. Ferris rompe todos los prejuicios del género, haciendo un uso intensivo de largas cartelas en muchos casos sin delimitar, con largos textos explicativos, y no le duelen prendas en alternar exquisitas demostraciones de destreza técnica con el dibujo y composiciones canónicas de viñetas con un trazo esquemático e infantil.

Plagado de homenajes a la cultura pop, como la gabardina y el fedora que nos recuerdan a Dick Tracy y a Humphrey Bogart, y que le sirven a la joven investigadora para ponerse en situación, su uso no se corresponde con el vacío remember al uso en gran parte de la novela gráfica hipster actual, sino que manifiestan claramente cómo pueden converger lo personal y lo político, el pasado y el presente, tal y como se indica en la magnífica edición de Reservoir Books, fiel reproducción del original publicado en Estados Unidos por Fantagraphics Books.

Tras recibir los elogios de figuras clave del cómic contemporáneo, como Art Spiegelman, Alison Bechdel o Chris Ware, dos premios Ignatz y tres Eisner, Ferris se encuentra ahora mismo trabajando en el segundo volumen de esta historia. ¡Larga vida a Karen Reyes, nuestro monstruo favorito!

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