EL PASEO DEL CHANCO

La gran plaza del Ayuntamiento que nunca se hizo

7/06/2018 - 

ALICANTE. Me han comentado varias veces lo extraño que resulta ver en Alicante una plaza porticada de estilo castellano frente al Ayuntamiento de nuestra ciudad de estilo barroco levantino. Se sorprenden que se hayan construido los porches protectores cuando en nuestra ciudad la media de precipitaciones es muy inferior a la de otras ciudades como Madrid o Segovia por poner unos ejemplos.

Pero lo cierto es que nuestra plaza del Ayuntamiento, que ciertamente es de estilo castellano, fue construida sobre otra de menor tamaño y diferente forma que también tenía unos arcos desiguales conocidos como “els porxis”.

La plaza del Ayuntamiento está directamente vinculada a la historia de Alicante y podríamos considerarla como la Plaza Mayor de la ciudad, no tanto por su tamaño ni su majestuosidad, sino por estar situada frente a las Casas Consistoriales y haber sido testigo del devenir de la Historia. Antiguamente conocida como Plaza del Mar, albergó en ella el primer paseo pavimentado de la ciudad, El Enlosado. Tras la llegada de Alfonso XII a la Jefatura del Estado pasó a ostentar su nombre, el cual permaneció imperturbable hasta 1931 en que tomó el nombre de República. La dictadura franquista la rotuló con el tristemente célebre 18 de Julio, y así siguió hasta mayo de 1979 en que en uno de los primeros plenos de la recuperada democracia, el alcalde José Luis Lassaletta aprobó su cambio de denominación junto a otras vías públicas vinculadas con el franquismo.

La plaza histórica

La fisionomía histórica de la plaza era muy diferente a la actual, surgida tras la Guerra Civil. Para empezar no era rectangular, sino triangular. La razón es muy sencilla, las casas de la plaza situadas frente al Consistorio se alineaban con la desaparecida muralla del Malecón dando origen a la calle de Roger (hoy absorbida por San Fernando). Esta manzana de casas estaba delimitada por las calles de Jorge Juan, San Telmo, Cruz de Malta (hoy Capitán Meca) y la mencionada de Roger. 

Su aspecto era irregular y de escaso interés. De hecho si nos ponemos a pensar no existen apenas fotografías o postales de esa parte de la plaza. Pero tenía una peculiaridad que la hacía destacar: los porches que comentábamos al principio. Tan raros de ver en plazas del Levante y calificados de pueblerinos por la prensa. El único edificio de la manzana con algo de valor e interés era el del antiguo Consulado del Mar situado en la esquina de Altamira con Cruz de Malta y que estaba destinado a Audiencia Provincial.

En 1924 se había levantado la Casa Carbonell, y unos años antes la de los Lamaignère que sobresalían por detrás de la manzana de la plaza. Podemos imaginar lo antiestético de unas casitas desordenadas situadas entre los majestuosos edificios de la burguesía y el Ayuntamiento barroco. Algo había que hacer.

El proyecto de la “Gran Plaza”

En el año 1925 la prensa alicantina lanzó la idea de construir una gran Plaza Mayor delante del Ayuntamiento derribando els porxis y las casas laterales que obstaculizaban su apertura hacia San Telmo y hacia la actual del Capitán Meca.

Diario de Alicante anunció la presentación de un proyecto urbanístico para una Gran Plaza realizado por Ignacio A. Vicente que había sido regalado a la Alcaldía de nuestra ciudad. Según el rotativo, el costo de la obra era escaso, puesto que simplemente derribando la denostada manzana de casas la plaza quedaba ya alineada y lista para urbanizar. Diario de Alicante era muy ingenuo. Realmente lo más caro era, precisamente, pagar las expropiaciones de todas aquellas viviendas. Además se dejaba a la Audiencia Provincial sin edificio.

La imagen que acompañaba a la noticia no podía ser más bonita. La fachada trasera de la Casa Carbonell daría a la nueva plaza, la cual tendría al frente la fachada del Ayuntamiento y a los laterales las casas, algo más bonitas de la Calle Cruz de Malta y un nuevo edificio situado junto a un remozado Hotel Simón (el antiguo Palas) que albergaría la Audiencia o entidad similar. Vemos de nuevo que no se tenía en cuenta que para instalar la Audiencia en el hotel había que expropiárselo a su propietario, lo que significaba más dinero.

Se proyectaba una plaza prácticamente diáfana, sin jardinería, puesto que, según el diario “las muchedumbres pueden así desenvolverse libremente con ocasión de ceremonias oficiales y acontecimientos locales de multitud. Además las masas de vegetación empequeñecen las plazas y restan visualidad a los edificios notables que se abren en ellas”. Tras canalizarse las calles quedaría en el centro una plata forma elevada sobre unos peldaños en la que se proyectaba un monumento para cuya construcción se ofrecía gratuitamente el escultor alcoyano Lorenzo Ridaura. Tengamos en cuenta que todavía no se había institucionalizado la fiesta de Les Fogueres de Sant Joan y que no se necesitaban espacios libres tan grandes como los que se necesitan en la actualidad para plantar los monumentos fogueriles.

El diario El Tiempo propuso meses después que la escultura central de la plaza fuera dedicada al Soldado Alicantino Desconocido en homenaje a los caídos en la Guerra de Marruecos. Además el diario proponía tres presupuestos, el importe de los cuales iba en concordancia con lo ambicioso de los mismos. Así se presupuestaba la reforma en 562.500, 660.346 u 836.766 pesetas. Estos presupuestos no incluían la construcción de la nueva Audiencia ni el derribo de la antigua por desconocer a quién correspondía el derribo y construcción de dicho inmueble. Publicó una encuesta en sus páginas para que los alicantinos votasen a favor o en contra de la nueva plaza.

Pese a que el proyecto fue resurgiendo en otras ocasiones, cayó en el olvido, pero no la idea de la Gran Plaza.

La explosión de la Armería de “El Gato”

La Guerra Civil y la posterior posguerra  borraron cualquier recuerdo del proyecto de aquella Gran Plaza. Pero un terrible suceso volvería a reavivar el tema de la nueva plaza.

A las once de la mañana del sábado 31 de julio de 1943 se produjo una pequeña explosión seguida de un incendio en el local de la Armería Llopis (conocida como “El Gato”) situada junto a la esquina de la Calle del Capitán Meca. Salía fuego y humo abundante. La gente corrió a ver qué ocurría arremolinándose junto al local en llamas. Rápidamente llegaron los bomberos y la Policía procediendo a acordonar la zona, a apartar a los curiosos y parar al tranvía que llegaba. Pero ya era tarde. Lo que nadie se podía imaginar es que la armería albergaba cantidades ingentes de pólvora, dinamita, detonadores y cartuchos. La explosión se sintió en toda la ciudad. Mató a diecisiete personas (trece en el acto) dejando heridas a ciento veintitrés. Entre los fallecidos se encontraba el Subjefe de la Guardia Urbana Miguel González Ortiz que falleció en el acto. Un tranvía repleto salió indemne al retroceder segundos antes de la deflagración.

El edificio del Gato y los colindantes se vinieron abajo provocando la ruina y el incendio de otros inmuebles entre ellos el histórico Consulado del Mar del siglo XVIII que tuvo que ser dinamitado y derribado por completo dejando a la provincia sin Audiencia. La onda expansiva dañó gran parte de la Calle de Roger y borró del mapa la del Capitán Meca. En total fueron sesenta y dos los edificios dañados, entre ellos el Ayuntamiento y las lujosas casas de Carbonell, Lamaignère, Soto-Chápuli y Beltrán de la Llave. Parte de la Plaza del 18 de Julio tuvo que ser derribada quedando como recuerdo los arcos de los porxis.

La nueva Plaza del 18 de Julio

Pronto resurgió el viejo proyecto de la gran plaza, simplemente había que acabar con el derribo. Pero el Ayuntamiento tenía otros planes. El Ayuntamiento organizó el “Concurso de Ideas para la Ordenación Arquitectónica de la Plaza 18 de Julio”. Se presentaron seis proyectos aunque el Consistorio no quedó muy satisfecho puesto que afirmó que no existía “ningún proyecto, a juicio del jurado, que resuelva plenamente el problema planteado, dando soluciones aceptables, sólo los proyectos números 1, 2 y 3, aunque ninguno de ellos destaca marcadamente sobre los demás”. 

Por tanto el primer y segundo premio, así como un accésit (35.000 pesetas en total) se dividieron a partes iguales entre los tres proyectos. El primero de José Antonio Pastor y Camilo Grau; el segundo de Vicente Figuerola y el tercero de Manuel Muñoz y Miguel López. El segundo accésit (5.000 pesetas) fue para el proyecto número 4 de Manuel Manzano puesto que “contiene algunos aciertos de composición, pero no es utilizable por haber prejuzgado desacertadamente el destino de los edificios”. Los dos últimos proyectos –el 5 de Manuel Manzano de nuevo y el 6 de Manuel Puig- fueron descartados “por no aportar solución alguna aceptable”. Pero si nos fijamos en uno de los falsos sillares de los pórticos veremos únicamente la firma del Arquitecto Miguel López González por lo que parece indicar que el proyecto definitivo o el que más se ajustó a la solución final fue el de López y Muñoz.

Las obras de derribo de las casas darían la oportunidad a los alicantinos de ver durante un corto espacio de tiempo aquella plaza soñada. Pronto comenzarían a levantarse los nuevos edificios con pasaje arqueado destinados a Audiencia, viviendas y a la Residencia Palas conformando la plaza que hoy conocemos.

La fisionomía actual de la Plaza del Ayuntamiento responde a la reforma efectuada en 2009 gracias al dinero aportado por el Plan E, más conocido como Plan Zapatero. La reforma de la plaza, a la que se presentaron dieciséis empresas, tenía un presupuesto de 1,5 millones de euros. Se dejaba espacio para la cremà de la Hoguera Oficial y se colocaban naranjos en sus laterales y surtidores de agua a ras de suelo. La plaza fue inaugurada para las fiestas de Navidad de ese mismo año.

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