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crónica AP -ASÍ HA SIDO LA FIRMA DEL ACUERDO DEL BOTÀNIC II

La gran boda (tricolor) en Alicante

13/06/2019 - 

ALICANTE. Si algún día nos casamos, que sea en Alicante. Lo prometió el candidato de Podem, Rubén Martínez Dalmau, y este miércoles se ha hecho realidad. En una iglesia emblemática, el Castillo de Santa Bárbara, Ximo Puig, Mónica Oltra y Rubén Martínez Dalmau han escenificado su petición de mano, donde, además de la rúbrica, se han podido ver todos los parentescos de la izquierda de la Comunitat: desde veteranos felipistas, a noveles sanchistas pasando por ecologistas, nacionalistas, valencianistas, comunistas, iniciativos, podemitas, independientes, etc...Todos los colores han comparecido este miércoles en Alicante para dar su respaldo moral a la gran boda tricolor.

Exhaustos por las negociaciones y con flecos que solventar, la ceremonia de Alicante ha sido como nudo gordiano que debían superar todos los clanes dinásticos: una especie de trago agridulce, al principio, por tener que compartir un banquete con el primo con el que llevan peleándote desde hace años, en las comidas de Navidad. Pero con final feliz, por que al fin y al cabo, los novios se han casado y la familia sigue íntegra, de momento, pese a que los cuñados siguen rajando.

El sitio del banquete ha sido el Castillo de Alicante, con sus mejores galas, aunque repleto de turistas despistados al ver tan magno acontecimiento en un miércoles por la tarde y con la solanera y la brisilla incesante. Los novios han llegado por separado a y distinta hora.

El primero, Martínez Dalmau, de gris azulón, radiente y saciado, después de haber arrancado la vicepresidencia segunda, y la cartera verde. Más tarde, Mónica Oltra, envuelta de tul, blanco sufrido, con sonrisa, pero exhausta. Ximo Puig, de negro, se hizo de rogar. Pese a la puntualidad de los primeros, las nupcias no podían cristalizar. Hermanos, socios y abogados de cada facción estaban reunidos en un edificio adyacente -la cafetería del castillo- para cerrar los flecos de las arras. Mientras tanto, el incesante goteo de invitados y allegados de cada saga (o facción).

Que si alcaldes socialistas, concejales de Compromís, dirigentes de Los Verdes que hacían tiempo que andaban perdidos, Marzà y su círculo de honor, Ángel Franco y los nuevos -con los antiguos merodeando-, los de Esquerra Unida, Podem, Podemos de Alicante, la tía abuela de Vega Baja, el primo que era del Bloc, diputados autonómicos, nacionales, senadores...todos esperando a que el comité negociador cerrara los detalles del casamiento ante la impaciencia de cámaras y micrófonos de la prensa seria.

Entre las bambalinas, los Antonio Estañ, José Muñoz, Pasqual Mollà, Manolo Mata, Ignacio Blanco, Agueda Micó, etc...seguían a lo suyo: ultimando las piezas del ajuar, la dote y los bancales de Penyagolosa. Pese a estar citados a las 18 horas, hasta las 18:34 no empezó a salir humo blanco desde la cocina de la cafetería: ¡Habemus Botànic total!, exclamaron todos ante la chamusquina que desprendía el acuerdo alcanzado.

Ante la nupcía inminente, los futuros cónyuges Martínez Dalmau y Oltra desaparecieron en busca del prometido Ximo Puig, que aguardaba a las puertas de la fortaleza alicantina, cual novia realizada por haberse consumado el amor total. ¡Habemus Botànic II! se oía en la plaza mientras un runner despistado atravesaba la explanada del castillo sin conocer la trascendencia del matrimonio para su proyecto vital. "!Chaval, cómo tengas un piso vacío te vas a enterar!", le susurró alguien al oído.

La comitiva, con el ama de llaves, vestida de verano, y bermellón, como pedía la ocasión, se zambulló en el Salón Felipe II del Castillo, el castillo de Alicante, para estampar la firma del enlace y dejar constancia, para generaciones venideras, que una vez existió un matrimonio tricolor, con todos los miembros de la progresía, primos lejanos incluidos, en la foto de la familia. Allí esperaban los tíos, hermanos, los dos abuelos, el adolescente con acné, la prima de València, ...todos los que han hecho posible que los contrayentes hayan llegado a Alicante, sanos y salvos, sin rasguños ni disgustos por el trono del cap i casal. De momento. 

Esta vez no hubo arroz. Hubo lluvias de flashes para inmortalizar las capitulaciones. Los pétalos de rosas se guardan para otro día, cuando la familia llegue a su casa, las Cortes.  "Pese a la dificultad del proceso negociador, el pacto nace más fuerte que nunca y dará "estabilidad a un gobierno que generará un escenario positivo para el crecimiento económico y la igualdad de oportunidades", ha declarado Ximo Puig, alternando las dos lenguas oficiales de la Comunitat. "El objetivo prioritario de afrontar la emergencia climática porque va la vida de nuestros hijos" ha dicho Oltra, preocupada al principio, emocionada y con lagrimas en los ojos en el epílogo. "El Ejecutivo valenciano fruto del Botànic II será el más importante de la historia de la política valenciana", ha sentenciado Martínez Dalmau, con la cartera bajo el brazo y la llave en la mano.

Final feliz. Los novios han bailado el vals, han cortado la tarta y muchos de los comensales se van a casa con el presente que le han prometido. Incluso algunos repiten. !Que se besen, que se besen¡, claman los agraciados. Estas bodas molan. El problema es que son cada cuatro años. Comienza la luna de miel. Veremos qué dura.

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