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del derecho y del revés / OPINIÓN

La doble vara de medir (Ábalos y Soria)

7/02/2020 - 

Llevo varios días preguntándome por qué en el caso del exministro de Industria, Energía y Turismo, José Manuel Soria, la cuestión de los llamados “Papeles de Panamá” fue un estacazo definitivo a su carrera, que acabó no sólo con su puesto de ministro, sino con sus posibilidades posteriores de dirigir el Banco Mundial, y en cambio, otros que las han hecho mucho peores siguen ahí tan frescos. Les recuerdo que, cuando se supo que la familia de Soria tenía una red de sociedades en paraísos fiscales, a raíz de la publicación de los “papeles”, el ministro empezó negando tener relación con la sociedad que lo vinculaba con el uso de paraísos fiscales. Sin embargo, finalmente tuvo que dimitir de todos sus cargos en 2016, no sólo del de ministro, sino también del de diputado en Las Cortes Generales por Las Palmas y presidente del PP de Canarias, tras varias contradicciones, al no poder aclarar su relación con este asunto.

Como contraposición a este caso, el escandaloso asunto del ministro Ábalos, yendo con nocturnidad hace unos días a recibir a la vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, al aeropuerto de Madrid, es de tal magnitud que no puedo comprender cómo Ábalos no ha colgado los hábitos ya hace rato, pues muy al contrario alardea de que no dimite. O sea, que sería lógico que dimitiera previas explicaciones en la Cámara Baja. A pesar de que esta señora no podía entrar en nuestro país en virtud de las sanciones europeas, el ministro no sólo estuvo con ella dentro de su avión, sino que parece ya acreditado que ambos se vieron además en la zona VIP internacional del aeropuerto, lo que entiendo que constituyó una vulneración de las mencionadas sanciones europeas por parte no ya sólo del ministro de Transportes, sino de nuestro país, al cual el ministro representa. El ministro actúa por delegación del presidente, quien al parecer también habló con la Sra. Delcy desde el móvil de Ábalos, lo que cuentan las crónicas que la señora aprovechó para mostrar las exigencias de Maduro a Sánchez. No me digan que no es de opereta. Cuentan además los medios de comunicación que las peticiones de esta señora en la singular llamada tuvieron buena acogida por parte del Gobierno español, dado que el presidente Guaidó no fue bien recibido aquí, como sí lo había sido en otros países europeos, ahondando en el bochorno que sentimos muchos españoles al ver cómo nuestra diplomacia aparece sometida a dictados de los chavistas. Sólo nos queda que a Leopoldo López se le deje de prestar asilo en la Embajada española, o que Maduro sea recibido en Madrid como Jefe de Estado y a plena luz del día, para rematar esta vergüenza.

Al parecer nos hemos convertido en un país en el que se habla con quien sería conveniente no hacerlo, y en cambio no hay comunicación con quien sí sería menester, o al menos aconsejable. Es el mundo al revés.  El presidente del Gobierno trasnocha por atender a los chavistas, lo que no nos extraña teniendo en cuenta que tiene a Pablo Iglesias de vicepresidente del Gobierno, y también se afana por reunirse y fijar fecha para la mesa de diálogo con Torra, a quien, como bien saben, el Parlamento catalán ha retirado el acta de diputado, y en cambio no negocia con los agricultores azuzados, por cierto, por las subidas salariales, por poner un mero ejemplo. 

“O yo o el caos”, parece haber dicho Torra, al pretender que se le devuelva el acta, presionando con que, según él, está en juego la soberanía del Parlament, cuando en realidad la pérdida del acta obedece a su previa comisión de un delito. No hay que ser muy listo para detectar el trasfondo del desafío planteado por el propio presidente del Gobierno a la decisión de la Junta Electoral Central, ratificada por el Tribunal Supremo y felizmente acatada por la Mesa del Parlament de Cataluña, de retirarle el acta de diputado a Torra, al quedar con él. Y eso que Torra está legalmente en un limbo, porque a ver si alguien me explica cómo, jurídicamente hablando, se puede ser presidente sin ser diputado, y si la pérdida de la condición de diputado no habría de conllevar, automáticamente, la de presidente. Esta anómala situación ha sido, en cierto modo, convalidada por el presidente del Gobierno, al darle cita, siquiera sea para hablar de la inmortalidad del cangrejo. Como pueden ver, en España la doble vara de medir ese aplica constantemente. Es como para exiliarse, pero no en Waterloo, porque hay muchos más sitios para visitar en el mundo antes, no me atribuyan tan mal gusto.

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