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tribuna / OPINIÓN

Falsas apariencias

11/08/2019 - 

Tengo que reconocer, que al escuchar, y al ver a Pedro Sánchez en la tribuna del Congreso de los Diputados o en los foros internacionales en los que se codea con los líderes del orbe, me dan ganas de votarle. Anda con esos aires de moderación, con ese talante de demócrata, de dialogante... Al ver su trajeado torso socialista un impulso procedente de las pasiones más intimas parece animarme a depositar confianza en el presidente en funciones. Comparando al socialista con el resto de políticos españoles, este aparenta ser el más moderado y centrado del panorama nacional. Quizá por eso el votante medio, el mismo que votó a M.Rajoy para evitar que Pablo Iglesias asaltara los cielos, ha hecho lo propio eligiendo la candidatura del Doctor Cum Laude en las pasadas elecciones generales del 28-A con el fin de que Santiago Abascal entrara a caballo como Tejero en el Congreso.

El jefe de gabinete de Pedro Sánchez, el laureado Iván Redondo, ha creado en torno a su pupilo, —todos sabemos que el que gobierna es su jefe de gabinete y que Sánchez no es más que un producto de marketing—, un aura de hombre de Estado y de centralidad, que consigue cosechar el apoyo de gran parte del electorado. Redondo es consciente de que los comicios en nuestro país se ganan en el centro. Lo supo Aznar, con su celebre viaje al centro, y lo reafirmó su predecesor que consumó el cambio de rumbo del Partido Popular. Seduciendo al votante medio, —es decir, aquellos que escogen la papeleta más por impulso y por fobias, que por las propuestas que tenga un partido—, ha caído en la trampa de seducción del presidente y mira al resto de partidos como los grandes culpables de que no se forme gobierno o que Sánchez no consiga llegar a acuerdos programáticos para cerrar su investidura. Sánchez es el adalid del centro político, el nuevo incomprendido víctima de la radicalidad de su entorno. Ira, que curiosamente, no representa Bildu, uno de los principales apoyos del presidente de Gobierno y cuyo líder de estas siglas, Arnaldo Otegui, tiene sueños húmedos cada vez que su subconsciente reproduce un posible acuerdo entre Podemos y PSOE con la cooperación de su persona. Una figura, la del terrorista de la banda ETA, que es blanqueado por doquier por el mismo que aparenta ser moderado. 

Porque a mí no me la cuelan. Cuando al ver a Pedro Sánchez predicar sobre moderación, libertad y democracia y mis impulsos me animan a brindarle un voto de confianza, mi ojo derecho me traslada a Navarra o al resto de comunidades donde los socialistas, estos que se disfrazan de libertadores, pactan con el nacionalismo. Esquerra Republicana en Baleares… Bildu en la comunidad foral… Compromís en la Comunidad Valenciana… El PSOE se ha convertido en el tonto útil del nacionalismo. Ese supremacismo —del que olvidamos— que ocasionó millones de muertos en el siglo XX, y que discrimina a las personas por la lengua o por la cultura. ¿Es democrático abrazarse a los que oprimen a los que piensan diferente? No es no, señor Sánchez. Porque aunque les pese, las palabras que predica el líder socialista no concuerdan con los actos de sus barones o con los comentarios de miembros de su gobierno. ¿Es democrático querer regular la libertad de los medios o insinuar que solo las mujeres socialistas pueden denominarse feministas? Pues estas son las joyas que pule la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo

Es fácil conseguir que una única persona aparente lo que no es, pero es complicado hacer que ese fraude se traslade a una camarilla en su plenitud. Cuando Sánchez se disfraza de demócrata, no se dejen embriagar por su sonrisa de falso liberal, y mediten por quien se rodea. Porque dime con quien andas, y te diré quien eres. ¿Se puede denominar moderado a alguien que compadrea con los filo terroristas de Bildu, —los que por mucho que digan que no son opresores no hacen más que obviar a las víctimas del terrorismo mientras homenajean a los verdugos de esta—, o al que se reúne con miembros de un partido como ERC al que pertenecen ex miembros del grupo terrorista Terra Lliure? Desde luego que no. No, es el monosílabo que mi razón angelical me trasmite al dejarme seducir por mis pasiones demoníacas dispuestas a confiar en Sánchez. 

Cualquier tipo de tentación a tenderle la mano al presidente en funciones es atajada por la hemeroteca pasada y presente. Bendita hemeroteca… Recuerdos, en los que veo a un Sánchez prometer por activa y por pasiva, que nada más fructificar la moción de censura convocara elecciones para posteriormente, no solo mudarse a la Moncloa, sino regocijarse de que ha cambiado el colchón de su dormitorio en la residencia presidencial. Memoria, en la que tengo grabado el instante en el que el Doctor enseñó en el debate a cuatro un documento falsificado delante de todos los españoles. Un pasado lleno de mentiras y engaños, que se sigue repitiendo en el presente, pero no por su figura, sino por sus lideres regionales, que al mismo tiempo que su jefe presume de ser liberal y demócrata, estos sellan vínculos con los herederos de ETA, con los que quieren convertir a la Comunidad Valenciana en una extensión de Cataluña, o con los que quieren hacer lo mismo en Baleares. Región insultar que desde que esta gobernada por la socialista Cristina Armengol, guarda cada vez más semejanzas con lo acontecido en Cataluña hasta el punto de que esta semana, en el pregón de las fiestas de Formentera, se pronunciaron insultos al juez Marchena al mismo tiempo que se condenaba al turismo. Todo muy democrático y cosmopolita, ¿verdad? ¿Cómo van a ser demócratas los que permiten que se atente contra la figura de un representante del poder judicial o se desprecie a los extranjeros que visitan las islas? Esa actitud es de todo menos tolerante y trasversal.

Las apariencias engañan. No se dejen manipular por la aparente serenidad o talante liberal de Pedro Sánchez, —seducción en la que ya ha caído Emmanuel Macron—, y no se fijen únicamente en sus andares hipnóticos de hombre de Estado, sino observen a quien tiene como colegas este demócrata. A filo terroristas, supremacistas y anti-sistema que ansían hacer saltar por los aires la democracia del 78, este mismo sistema, que les ha permitido votar al tonto útil de los que sueñan con dejarnos sin nuestra democracia, una de las más prosperas del mundo.

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