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el sur del sur / OPINIÓN

El agua

19/11/2017 - 

El agua va camino de convertirse en una nueva Cataluña, con la diferencia de que nadie tiene la culpa de que no llueva. Es muy difícil de que se dé la circunstancia de que abramos el grifo y no caiga el agua. Muy difícil. No pasó ni en los peores tiempos de las campaña de Agua para todos, cuando la sequía no era tan extrema como la actual. Pero la situación de ahora, preocupante, nos deja algunas lecciones: las desaladoras no son el demonio, sino parte de la solución y la respuesta del Gobierno, en estos momentos, deja mucho que desear. 

Si el presidente de Murcia -granero de votos del PP-, Fernando López Frias, visita a la ministra de Medio Ambiente, Isabel García-Tejerina, y sólo puede arrancarle el compromiso de que la desaladora de Torrevieja duplicará su capacidad o que habrá exenciones para los agricultores en la nueva tasa que se aplicar por el uso del Tajo-Segura es un síntoma. Un síntoma de que la cuestión del agua no se arregla a golpe de titular, y ni si siquiera, de trasvases. Es más, no hay agua en los pantanos de cabecera del Tajo y por lo tanto, no se puede remitir recursos hídricos a la cuenca del Segura. Es una realidad.

Por importante que sea la infraestructura del Tajo-Segura, que permite tener interconectadas dos cuencas, debemos llegar a una conclusión: esto no es ni para siempre ni para toda la vida; se pueden producir episodios como el actual en el que la falta de lluvias no permita trasvasar. Así que por mucho reivindicar, hay veces que no es posible.

En ese caso, es cuando se muestra si hay plan b o no. Y el Gobierno, a día de hoy, está dando sensaciones de que esa alternativa, como eran las desaladoras, no estaban del todo preparadas. Es el caso de Torrevieja, cuya puesta en funcionamiento se retrasó y ahora no se puede poner a pleno rendimiento porque no tiene suficiente potencia energética. Y otro tanto pasa con las desaladoras de Mutxamel, Alicante o Sagunto. A excepción de las de la capital, que no están a pleno rendimiento, las otras dos, Mutxmel y Sagunto están paralizadas. ¿Cómo se explica esto? No se trata de un problema de abastecimiento humano, sino de riego y el Gobierno no tiene un plan b para esto. 

En este caso, el PP no se da por aludido. La cuestión es defender el trasvase Tajo-Segura a ultranza, pese a que a en la Comunitat no lo cuestiona (casi) nadie, y prou. No hay alternativa: la presidenta de la Confederación Hidrográfica del Júcar, María Ángeles Ureña, está desaparecida; la del Segura sólo reacciona a golpe catástrofe, de la Mancomunidad Canales del Taibilla sólo nos acordamos cuando nos anuncia un aumento del precio del agua porque se va a recurrir a la desalación. ¿No hay o no había otra solución? Vale que hay cosas que mejorar y reclamar, como la puesta en marcha del trasvase Júcar-Vinalopó, pero la sensación es la misma que cuando falla la luz eléctrica, no tenemos las baterías preparadas, algo paso. En este caso,la solución nunca puede ser autoflagenarnos con gritos valientes de agua para todos y proclamar guerras domésticas contra Castilla-La Mancha cuando gobierna el contrincante.

La situación actual no es la deseada, nadie tiene la culpa de que no llueva, pero denota una falta de planificación por parte del Ministerio de Medio Ambiente. No llueve, pero las desaladoras tampoco están preparadas para la solución. Y lo peor, después de las visitas de los presidentes de Murcia y de la Comunitat Valenciana es que no se albergan esperanzas de soluciones inminentes. En Murcia, donde el PP gobierna con holgura, han asumido que mientras no se pueda trasvasar, hay que echar manos de las desalinizadoras. ¿Se lo han escuchado a alguien del PP valenciano? Pues eso. Esto ha cambiado, el cambio climático es una realidad con sus consecuencias patentes y hay lemas, como el Agua para Todos, que ya no funcionan. El agua hay que cuidarla para que no falte. Y si falta, tener el recambio preparado. La tecnología lo permite. Por mucho gritar más, no se van a conseguir milagros.

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