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la yoyoba / OPINIÓN

Control Z

20/07/2018 - 

De todos los avances de la ingeniería biónica, hay una que me tiene en un sinvivir. Ya me he puesto en lista de espera para ofrecerme como voluntaria para hacer de conejillo de indias. Cualquier cosa con tal de que me instalen en el cerebro un Ctrl Z. Una tecla, o dos si son pequeñas, con la que pueda deshacer a mi antojo todos mis errores. Yo no sé si a ustedes les pasa pero cada vez que me encuentro en una encrucijada suelo tomar el camino erróneo, el más largo o el más tortuoso. Da igual si se trata de una simple salida en una rotonda o la elección de una oferta de trabajo. Por eso quiero que la inteligencia artificial me permita equivocarme tranquilamente actuando como una red de seguridad para eliminar de mi vocabulario la palabra inexorable. Quiero que me vacunen contra el miedo a los pasos en falso que te inmovilizan ante lo desconocido. Con esa tecla activada podría asomarme al futuro más inmediato y si no me gusta lo que veo, retroceder todas las veces que sean necesarias para corregir deslices y tropezones de toda calaña. Como un Alka-Seltzer en una mañana de resaca pero sin que se te escueza el estómago. Como una oración robótica ante el altar de mi pc, una confesión retroactiva, un acto de contricción cibernético que me perdone todos los pecados en un par de clicks

Sería el invento más cotizado en los parqués bursátiles del mundo y en todos los congresos de primarias del PP. Eso permitiría a los compromisarios elegir sin miedo a equivocarse de candidatura y hacerse fotos con “los que van a perder te saludan” de los que luego te pasan factura en Génova, en Ferraz o mismamente en Pintor Gisbert. Control Z y donde dije digo digo diego. Control Z y ya no he dicho nunca que cuando gobierne publicaré las lista de la amnistía fiscal. Control Z y no llamo a Corinna. Control Z y no le sonrío a ese cabrón tan guapo de la barra. Control Z y ya no hay bofetada que te das a ti misma en el rostro de otro. La verdadera piedra filosofal del siglo XXI, vaya. Adiós a la píldora del día después. Un control Z o dos o tres (una noche loca la tiene cualquiera) y los de Hazte Oir se quedan sin molinos ideológicos. Con ese artilugio al alcance de mi mano podría escribir cosas que nunca me atrevería a plasmar negro sobre blanco. Escribir, por ejemplo: "La noche está estrellada, y tiritan, azules, los astros, a lo lejos", pero creo que ya lo escribió alguien antes. Crontol Z y arreglado. Sería el antídoto perfecto para los bocazas, para los tuiteros que no aciertan a medir las consecuencias, para los partidos que recurren a la justicia como animal de compañía o amenazan con romper el tablero de juego, para los escribidores de mensajes infames y para los aventureros de toda índole que quieren nadar y guardar la ropa. Sin embargo, no es posible retroceder eternamente porque estaríamos siempre en la casilla de salida. Cuando los errores se amontonan y se convierten el eje de tu vida, ya no basta el Control Z. Cuando eso ocurre, quizá sea el momento de pedir a la cibernética que nos programe una tecla cerebral para un DELETER.

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