Virginia Badenes, CEO de Badenes Logistics: liderazgo a contrarreloj

Tierra de empresas

Una sucesión de desafíos personales, financieros y empresariales terminó consolidando un modelo empresarial basado en la confianza, la anticipación y las personas para una compañía centenaria que pone la mirada en el futuro

  • Virgina Badenes en el Hub de empresas del Banco Sabadell.
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VALÈNCIA. Hay relevos empresariales que se planifican durante años. Y hay otros que llegan sin avisar. Virginia Badenes, CEO de Badenes Logistics, pertenece, muy a su pesar, a ese segundo grupo. En agosto de 2015, la muerte de su padre no solo dejó un vacío personal irreparable, sino que la obligó a asumir de forma repentina la dirección de una empresa familiar fundada en 1932. "Mi padre enfermó y murió en apenas cuatro meses. Yo llevaba poco tiempo en la compañía y al dolor se sumó la necesidad de seguir adelante", resume.

Once años después, Virginia Badenes sigue al frente de Badenes Logistics, compañía especializada en servicios aduaneros, transporte internacional y gestión integral de la cadena de suministro. Al recordar aquellos días, deja claro que los balances, la facturación o el crecimiento quedaron en un segundo plano: todo se convirtió en una cuestión de supervivencia y de responsabilidad. Así lo explicó en el podcast Territorio Empresas de Banco Sabadell y Plaza Podcast.

La historia de Badenes Logistics es la de una familia de aduaneros. Todo comenzó hace casi un siglo, cuando el bisabuelo de Virginia ejercía como agente de aduanas. Desde entonces, cuatro generaciones han mantenido viva una actividad que ha evolucionado a ritmo vertiginoso, el que imponen las nuevas tecnologías y la complejidad del comercio internacional.

"Como en todos los sectores, hemos tenido que adaptarnos. Antes las empresas de logística entraban en determinados procesos de la cadena de suministro, hoy se impone el ‘door to door’", explica. Sin embargo, por mucho que pese la transformación tecnológica y empresarial, hay una idea que permanece intacta desde hace casi un siglo: la relación personal con el cliente está por encima de todo. "Tratamos cada mercancía como si fuera nuestra. Nos gusta ver que los clientes confían en nosotros y que les aportamos valor”, resume.

Cuando se cierran todas las puertas

Si hay un episodio que marcó la trayectoria de Virginia Badenes fue el que siguió al fallecimiento de su padre. Sólo un día después, tras reunir a la plantilla y pronunciar su primer discurso como nueva responsable, la empresa se encontró con un obstáculo inesperado: no podía seguir operando. "Nos habían bloqueado las garantías, la firma digital y no podíamos despachar mercancías. Los clientes nos mandaban trabajo y no éramos capaces de llevarlo a cabo", rememora.

A partir de ese momento, se desató una auténtica carrera contrarreloj para evitar la paralización de la empresa: un estudio minucioso de la normativa en tiempo récord, un viaje exprés a Madrid en pleno mes de agosto, el reto de convencer a la Administración para que actuase conforme a la urgencia que requería la situación y contar con el apoyo leal de otras compañías del sector que, en última instancia, eran también competidoras. Todo ello, sostenido por una determinación inquebrantable por sacar adelante el negocio.

En apenas una semana logró superar ese primer bloqueo que pudo acabar, de un plumazo, con ochenta y tres años de trayectoria empresarial. Aquel episodio le dejó una convicción clara: "si hemos superado esto, podemos con lo que sea", se dijo.

Pero a ese primer golpe se sumó otro desafío: convencer al entorno de que estaba realmente preparada. "Muchas entidades financieras nos retiraron su apoyo porque me veían muy joven.

Afortunadamente, hubo excepciones, como Banco Sabadell, que nos facilitó las garantías necesarias para continuar con la actividad". Virgina Badenes reconoce que, durante mucho tiempo, vivió bajo una presión enorme: "sentía que muchas personas dependían de mí. Además, no dejaba de rondarme una idea: que podía ser yo quien pusiera fin al legado de mi familia, a todo aquello por lo que ellos habían trabajado durante décadas".

Aunque reconoce que, por su juventud y por ser mujer, llamaba la atención en un sector tradicionalmente dominado por hombres de mayor edad, asegura que encontró apoyo en muchos profesionales que habían trabajado con su padre y decidieron confiar en ella, así como en clientes con los que Badenes mantenía una larga relación.

Pese a todo, para salir adelante tuvo que convertirse en una persona que todavía no era. "Transmitía seguridad, pero por dentro estaba muerta de miedo", explica, y admite que durante mucho tiempo tuvo que interpretar un papel. “Yo sentía que tenía dos vidas. Mi vida normal y mi vida del trabajo, en la que debía actuar como un personaje distinto". Con el tiempo, aquella seguridad construida a base de esfuerzo terminó convirtiéndose en una confianza auténtica.

Tecnología sí, pero sin perder el factor humano

Badenes Logistics opera hoy en un entorno completamente distinto al de sus orígenes. La digitalización, la automatización y la inteligencia artificial forman parte del día a día de una compañía que apuesta por mantenerse a la vanguardia tecnológica.

"Nuestros sistemas incorporan agentes de inteligencia artificial para facilitar el trabajo", explica, en referencia a una tecnología que les permite anticipar incidencias, optimizar operaciones y mejorar la capacidad de respuesta ante situaciones imprevistas.

Pero Virginia insiste en que el verdadero valor sigue estando en las personas. “La automatización reduce el trabajo mecánico y nos permite centrarnos en lo importante: pensar, aportar criterio y generar valor", afirma. Ese equilibrio entre innovación y cercanía es otra de las señas de identidad de la empresa, como también lo es la relación con las personas que viven el día a día de la compañía.

Para Virginia Badenes, el liderazgo empresarial implica una responsabilidad que va más allá de los resultados: también abarca el bienestar de las personas que forman parte de la compañía. Mantiene una relación cercana con sus equipos y reconoce que algunas conversaciones importantes le han quitado el sueño. Una forma de liderazgo que, probablemente, explica por qué muchos empleados llevan décadas vinculados a la organización.

Cuando aún se cuestionaba la viabilidad de la empresa, Virginia tuvo claro que no podía fallar a quienes habían decidido quedarse a su lado. Al reorganizar la compañía tras el fallecimiento de su padre, mantuvo las condiciones y la antigüedad de los trabajadores. Cuando un asesor le preguntó si estaba segura de asumir ese compromiso en un momento tan delicado, su respuesta fue tajante: "Estoy segura, y, por favor, no me lo vuelvas a preguntar", contestó.

Aprender a trabajar cuando la incertidumbre es la norma

Durante décadas, la logística fue una actividad donde la experiencia permitía anticipar buena parte de los escenarios. Había ciclos, estacionalidades y comportamientos de mercado relativamente previsibles. Hoy, esa realidad ha desaparecido.

En apenas unos años, las empresas del sector han tenido que enfrentarse a una sucesión de crisis globales que han alterado las cadenas de suministro de todo el planeta: la pandemia de la COVID-19, la guerra de Ucrania, los ataques hutíes en el mar Rojo que obligaron a desviar buena parte del tráfico marítimo mundial fuera del canal de Suez o, más recientemente, las tensiones en Oriente Medio y sus efectos sobre rutas estratégicas para el comercio internacional. Estas situaciones han provocado aumentos de costes, retrasos, falta de espacio en los buques y cambios constantes en la planificación logística.

Virginia Badenes reconoce que el sector ha tenido que acostumbrarse a vivir en una incertidumbre casi permanente. "Cada año tenemos una crisis distinta", señala. La consecuencia es que la capacidad de anticipación ha sustituido a la de predicción. Ya no se trata de saber qué va a ocurrir, sino de estar preparados para reaccionar cuando ocurra. "Sabemos que va a haber algún problema y hemos aprendido a gestionarlo. Al final, todos estos episodios desembocan en lo mismo: subida de costes, falta de capacidad e incertidumbre. Y ahí nuestro trabajo consiste en dar confianza, ayudar a tomar decisiones y minimizar el impacto para el cliente". Una reflexión que puede sonar fácil de decir pero que supone un enorme reto que requiere profesionalidad y capacidad de ejecución.

Facilitando el camino a la siguiente generación

La experiencia vivida en 2015 marcó profundamente la manera en que Virginia entiende la empresa. Por eso, una de sus prioridades durante los últimos años ha sido garantizar que nadie sea imprescindible. "Hemos preparado a todo el grupo para que la empresa pueda funcionar sin mí, si llegara el caso".

La profesionalización de la estructura, los protocolos familiares y la planificación sucesoria forman parte de un trabajo silencioso que acaba de culminar. "Estoy súper contenta porque este año hemos terminado de cerrar aquella etapa", expresa exultante, y es que la quinta generación de Badenes ya está en camino.

Mientras lidera la expansión internacional de Badenes Logistics desde proyectos estratégicos como el desarrollo de la oficina de Hong Kong, Virginia también se prepara para ser madre. Tras haber aprendido a liderar en las circunstancias más difíciles, su principal objetivo es garantizar que quienes vengan detrás puedan hacerlo de una forma mucho más sencilla.

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